Análisis

Clásicos del terror: Crítica de El resplandor

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: Para solventar una crisis creativa, el escritor Jack Torrance acepta pasar todo el invierno cuidando del aislado hotel Overlook junto a su mujer, Wendy, y su hijo, Danny. Este último posee un poder especial, el resplandor, que le permite ver cosas que otros no pueden. Gracias a eso, comienza a intuir que el hotel está afectando a la cordura de su padre... 1980 - DIRIGIDA POR Stanley Kubrick - PROTAGONIZADA POR Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd y Scatman Crothers.

Stanley Kubrick era un puñetero genio. No lo digo yo, que también, lo dicen gente como Steven Spielberg o Sidney Pollack. Obras tan aparentemente condenadas al fracaso por su rareza como La Naranja Mecánica o 2001: Una Odisea del Espacio son consideradas hoy día iconos del cine, más allá de que a muchos pueda parecerles (con motivos, si lo vemos desde cierta perspectiva) un tostón. No se me olvida que hoy estamos aquí para celebrar Halloween, la fiesta del terror, pero perdonadme si de vez en cuando se me cuela alguna ida de olla cinéfila. Y es que Stanley es mucho Stanley, sobre todo con obras tan inolvidables como ésta.

En serio, ¿quién no ha tenido alguna vez en la cabeza imágenes como la de Jack Nicholson asomando, psicopático perdido, por el agujero que él mismo había hecho en la puerta de un hachazo? ¿O ese plano bajo de Danny recorriendo los pasillos en triciclo, hasta que se encuentra con las "gemelas from Hell"? Seguramente esté todo dicho ya sobre El resplandor, pero os invito a rendir un nuevo y humilde homenaje a la locura que vino del Overlook.

Terror por montaje

Parece que hoy en día, todos tenemos asimilados los mecanismos de las películas del miedo: "ahora la música va a ponerse estridente, ahora va a cerrar la puerta de la nevera y va a haber alguien detrás"... Sin embargo, y a pesar de que probablemente ya nos sabemos el guión de memoria, El resplandor sigue fresco como una lechuga bañada en sangre. Vale, ciertos zooms rápidos parecen más propios del cine setentero, pero el resto sigue intimidándonos, haciéndonos sentir quizá no miedo, pero sí una incomodidad, una tensión constante a medida que Jack va perdiendo la cabeza. ¿Cómo es posible, con lo que ha llovido?

Algunos estudiosos pedantorros dicen que El resplandor es una película perfectamente matemática tanto en su montaje como en la composición de los planos y representa esa obsesión por el detalle tan propia de Kubrick. Bueno, no creo que sea para tanto, pero sí juega con esas ideas constantemente. La simetría está ahí, en la moqueta sobre la que juega Danny, también cuando le llega una "pelota fantasma" exactamente en el centro del mosaico (¿cuántas veces tuvieron que repetir ese plano?), cuando vemos las puertas del ascensor bañarse de sangre o en el baño donde una delgaducha desnuda tienta la líbido del protagonista. Nos decían en la carrera de Comunicación Audiovisual que esta película daba miedo porque la simetría nos intimida, es perfecta y nosotros no lo somos. En Comunicación Audiovisual decían muchas cosas y no todas eran ciertas (algún día os hablaré de las metáforas absurdas que "se supone" tiene la peli Los pájaros), pero parte de ese mensaje caló en mí.

Es verdad que todos los planos tienen algo frío, inquietante, inmisericorde con el espectador. Tenemos esa sensación incluso en las numerosas tomas con steady-cam (un recurso a medio camino entre la cámara con trípode y la cámara en mano), un invento que se perfeccionó a tope gracias a esta película. Con ella vemos esos planos tan bajos, que siguen a Danny mientras huye despavorido por los pasillos del hotel o el laberíntico jardín. Parece que nosotros mismos estamos persiguiente al melenudo chavalín.


Antes os hablé de las gemelas. ¿Recordáis cómo se muestran casi siempre en la peli? Eso es, en un plano general (simétrico, claro). Hay una vieja norma en esto del cine (desde los tiempos de El séptimo sello) que dice que, si quieres intimidar al espectador, presenta a un personaje en un plano general y mirando directamente al objetivo de la cámara. No falla.

Ahora bien, no se suele hacer tanto caso al montaje de la película, uno de los más puros y osados de Kubrick. La fórmula está más vista hoy, pero su forma de intercalar planos de apenas un par de fotogramas (mucho antes de que el gran Tyler Durden hablara de colar penes en El club de la lucha) en medio de otros planos sigue dejándote el cuerpo torcido. ¡Demonios, si hasta los carteles de "jueves" o "cuatro meses después" siguen asustando! Buena parte de la culpa es también de la música, compuesta a base de violines desafinados y golpes de cuerda para enfatizar los aspavientos de Jack Nicholson. Por cierto, ya va siendo hora de hablar de él, ¿no?

Terror por actores

Si uno piensa en El resplandor, está claro que Jack es el primer actor que viene a la cabeza. Su histrionismo está a puntito de cargarse la tensión de la película, pero está en el equilibrio justo para transmitirnos la progresiva degeneración mental del personaje. Esa penúltima escena, en la que aúlla palabras sin sentido en medio del laberinto nevado es bestial. Danny Lloyd, el niño, también está sorprendente bien, pero creo que es de justicia resaltar la actuación de la bastante ninguneada Shelley Duvall.

Ella misma reconoció que no habría dado tanto de sí si Kubrick no la hubiera puesto contra las cuerdas emocionalmente (son de sobra conocidas las "petas" que el director le regalaba acerca de su falta de profesionalidad), pero en cualquier caso regaló una actuación brillante. En mi opinión, sigue sin existir una mejor "scream queen" que ella. Su cara refleja verdadero pavor (ojos bien abiertos, mandíbula desencajada) cuando ve los hachazos de Jack y pura desesperación cuando ha de defenderse con el bate. Sin Shelley, la película no habría sido la misma.

Por supuesto, la dirección de actores es fundamental. Kubrick iba megáfono en mano, dando apuntes a la gente constantemente sobre lo que debía hacer ("mira sobre tu hombro", "aparenta más miedo"), probablemente porque él ya tenía la película perfectamente montada en su cabeza. En cualquier caso, su forma de intentar normalizar conversaciones aberrantes es parte del encanto de la película. "Señor Grady, usted fue el cuidador aquí. Mató a sus hijas con un hacha, las cortó en pedacitos y luego se voló la cabeza con una escopeta", dice Jack. "Es curioso, señor", dice Grady; "no consigo recordar nada de eso". Que una escena así consiga el impacto que busca, terror en vez de comicidad, no está al alcance de cualquiera.

Terror por doblaje

A esta parte queríais llegar, ¿eh, pillines? En España, es casi más recordado que los propios planos el extrañísimo doblaje de la película. Suele demonizarse el trabajo de Verónica Forqué como Wendy Torrance, pero en mi opinión es peor el resultado de Joaquín Hinojosa como Jack. Y ojo, no es que ellos hagan mal su trabajo. En realidad, todo viene de un error de concepto de Kubrick (y, probablemente, de Carlos Saura, director del doblaje). La cuestión es que el propio Kubrick elegió a los actores de dablaje, tanto para España como para otros países, en función de que su voz fuera lo más parecida posible a la de los intérpretes originales. Y así fue. La voz de Forqué es clavada a la de Duvall. Sin embargo, se intentó que además clavaran la entonación original, algo que no tenía sentido en español y daba un resultado enormemente plano.

Para colmo, la pista de doblaje española tiene mucha menos calidad de audio que la original. También queda para el recuerdo esa extraña traducción del texto que escribe Jack compulsivamente. Del mítico "All work and no play makes Jack a dull boy" (mucho trabajar y poco jugar hacen de Jack un aburrido) se pasó a "No por mucho madrugar amanece más temprano". Estoooo... Bien. OK.

¿Qué hay en la habitación 237?

La película ha ido creciendo con el tiempo, en buena medida por toda clase de leyendas y romores que se han generado a su alrededor. Que si Jack Nicholson se pasó "emporrado" todo el rodaje (falso), que si él improvisó la frase de "heeeere's Johnny" (falso también, aunque lo de imitar al lobo de los tres cerditos sí fue idea suya), que si la película es una metáfora de que el hombre no llegó a la Luna... Stephen King, creador del libro original, acabó muy descontento con el tratamiento del guión de Kubrick (básicamente, cambió la historia casi por completo, pues en el original el propio hotel tiene más protagonismo y Jack tiene menos) y, años más tarde, se implicó en una miniserie que respetara el espíritu del libro. Ni que decir tiene que esta última no llegó ni a la suela de los zapatos del original, el cual aún hoy sigue suscitando dudas.

¿Estuvo Jack en el hotel desde siempre? ¿Quién era la abuela/tía buena de la habitación 237? ¿Es realmente el "espíritu" de los indios el culpable del cacao paranormal que se monta? ¿Tony es pariente del Aiden de Beyond Dos Almas? No merece la pena pensarlo, Lloyd el camarero nos dice que es mejor seguir tomando un bourbon. Anything you say, Lloyd. Anything you say.


Si queréis conocer otros clásicos del terror, os presentamos estos:


Valoración

Uno de los iconos del cine de terror de todos los tiempos. Si a estas alturas no consigue darte miedo, al menos te meterá el mal rollo en el cuerpo y sus imágenes se quedarán grabadas en tu retina.

Hobby

93

Excelente

Lo mejor

Posee una fotografía y un montaje impecables. El delicioso histrionismo de Jack Nicholson.

Lo peor

Algunos zooms rápidos ya están pasados de moda. El extraño doblaje.

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