Taboo temporada 1 - Crítica de la serie de Tom Hardy en HBO
Análisis

Taboo temporada 1 - Crítica de la serie de Tom Hardy en HBO

Por Jesús Delgado
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Taboo, la serie de BBC y FX producida por Tom Hardy y Ridley Scott, ha terminado su primera temporada. En esta review de la temporada 1 de Taboo, analizamos los ocho episodios conjuntos que forman esta primera parte de este drama de época con tintes de intriga.

Taboo se ha terminado. El sábado 25 se emitió su último episodio en BBC One y en FX, sus cadenas madres. Al día siguiente, lo hacía en nuestro país, dentro del catálogo de títulos ofertado por HBO España. Con la emisión de su último episodio y octavo episodio, se salda la primera parte de una historia que aparentemente queda cerrada. 

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De esta manera, la serie producida Tom Hardy y Ridley Scott en base a una historia escrita por el primero queda vista para sentencia. ¿Pero habrá segunda parte? BBC, una de las partes implicadas en su producción, no lo tiene claro. Aunque la serie empezó con muy buenos números de audiencia, con un público cautivado ante la perspectiva de ver en la Pequeña Pantalla a Tom Hardy, la realidad es otra. A medida que la serie ha ido avanzando, la audiencia ha ido cayendo hasta unos niveles que ponen en peligro una renovación bastante dudosa. Y esto, amigos lectores, podría hacer aguas el ambicioso proyecto de Hardy y también el planteamiento de esta primera temporada, tal y cómo discutiremos después. 

¿Pero de qué va Taboo? La historia arranca en 1814 y gira en torno a James Delaney (Tom Hardy), un siniestro ciudadano británico que diez años atrás se dio por perdido en África durante su servicio en la Compañía de las Indias Orientales. Delaney regresa a Inglaterra a la muerte de su padre, llegando a tiempo para el entierro del anciano. Esta defunción, no obstante convierte al recién llegado en el principal heredero de la más importante heredad legada por el finado: la titularidad de la península de Nutka, un brazo de tierra entre los Estados Unidos y la futura Canadá que se disputan tanto el gobierno inglés como americano al ser una salida al Pacífico que enlaza directamente con el comercio con China. 

A partir de ese momento, James será el ojo del huracán de una conspiración que arrastrará consigo a la Compañía de las Indias Orientales, a la Corona, a los estadounidenses y a todo un variopinto circo de personajes de los bajos fondos londinenses. Todos con un mismo objetivo: hacerse con el control de Nutka al precio que sea. 

Un drama de época, víctima de la moda actual

Kristoffer Nyholm y Anders Engström (The Killing) firman este drama de época ambientado durante el periodo de la regencia inglesa (1811-1820). El tándem de directores daneses realizan en base al texto una recreación visual bastante acertada a nivel estilístico e histórico del escenario. Desde la atmósfera hasta el vestuario, Taboo resulta una delicia en tanto recrea de manera bastante coherente, acertada y justa un periodo complicado y ominoso, que a su vez es el escenario de tanta brillante literatura y producción audiovisual (como las novelas de Jane Austen y sus adaptaciones). Pero, ojo, os avisamos que es una chucheria con sabor agrio.

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Nyholm y Engström preparan un "mundo" oscuro aún alejado de la revolución industrial y que da lugar durante los últimos coletazos del Antiguo Régimen. Es un mundo que aún se recupera de las Guerras Napoleónicas, con una Inglaterra aún en conflicto con sus antiguas colonias, que ya son una potencia de cierto peso en el escenario mundial. Las clases sociales están muy polarizadas y los usos y convenciones sociales aún son más que arcaicos, oscurantistas. Esta retrato, tan cruento y posiblemente acertado, es uno de los grandes atractivos. Ya que será esto precisamente lo que más atraiga al espectador que busque una buena recreación histórica.

No obstante, según decimos esto, también os señalamos que hay ciertas licencias creativas en cuanto a guion y algo de falta de rigor histórico. Sobre todo en lo tocante a Nutka y su papel en esta historia. Pero solventada esta barrera, la serie engaña y mucho incluso al ojo más entrenado en estos rigores. 

En parte, este encanto no solo se lo debemos a los directores y a los productores, artífices de los trucos de salón que supone esta pista de circo tan cuidadosamente elaborada. El resto de pivotes que sustentan la serie son su elenco y la trama. 

Por un lado, el reparto encabezado por Tom Hardy es sencillamente impresionante. Hardy rompe nuevamente, encarnando a un personaje completo, convulso y lleno de contradicciones y atormentado por fantasmas de su pasado. James Delaney, el anti-héroe de esta historia, sin embargo no seduce por sus parlamentos, los cuales son especialmente parcos, ni por sus más que repetitivos gruñidos. Es el trabajo de expresión corporal, que con apenas unas palabras y los gestos más breves, se nos transmite la deshumanización y el distanciamiento moral de Delaney con el resto del "mundo civilizado". 

Ahora, que no nos engañe el trabajo de Hardy, acaparando toda nuestra atención. El reparto que le acompaña es de lo mejor que podemos encontrar en televisión en cine. Los nombres de Oona Chaplin, Mark GatissJonathan PryceJessie BuckleyDavid Hayman o Stephen Graham ya tendrían que garantizarnos con su mera mención un altísimo nivel actoral. 

El otro pilar, en tanto, es la historia, pero esta tiene truco. Se trata de un thriller de época, y tiene los elementos suficientes como para atraernos, manteniéndonos en vilo, dosificando información justa hasta el final. Todo su planteamiento funciona en base a cliffhangers y a momentos álgidos que sirven como giros de tuerca para descuadrar al espectador. Sin embargo, este funcionamiento de culebrón, apesta a una tendencia que ya resulta recurrente en la televisión. Mediante la idea de que el protagonista va un paso siempre por delante de sus enemigos, se logra salvar la mayor parte de los escollos.  

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Esto, una herencia del modelo del Sherlock de Steve Moffat, resulta muy dañina ya que no llegamos a sentir apremio ni peligro por el pelllejo y el destino James Delaney de Hardy. De hecho, llega un momento en el que damos por hecho que alrededor suyo cualquiera puede morir o pasarlas canuntas antes que él por el mero hecho de no contar con esa cualidad omnisciente. Este vicio, claro, enturbia mucho el resultado final llegado un momento. Sobre todo cuando comienzan a caer personajes cuya muerte no parece obedecer a ningún sentido mayor que el de la extinción de contrato del intérprete. 

Además, y aquí hemos de haceros un pequeño SPOILER, hemos de decir que su conclusión satisface a corto plazo. Resulta un final de temporada que si bien ata los cabos justos, en un examen más minucioso delata que la serie plantea una hipotética temporada 2 de Taboo para resolver muchas más cuestiones, que son mencionada únicamente de pasada y que si bien pueden servir como explicación suficiente, también merecen una mayor profusión de detalles. 

No obstante, le perdonamos todo esto, sobre todo debido a un elemento muy importante: el simbolismo implícito en la historia. Temas con el agua, la muerte, la transfiguración o incluso el papel de los animales en el mundo natural están de alguna forma enmarcados en la construcción de la historia, siendo elementos muy necesarios para su desarrollo. Sobre todo, el papel del agua, los ríos y los mares, fuente de vida y muerte, y lugar donde se desarrollan los sucesos capitales de la acción. 

En resumen. Taboo entretiene, nos hipnotiza y nos deja un sabor bastante majo, aunque agrio en la boca. Después de que el hechizo pase, comenzamos a verle algunos defectillos, pero en tanto realizamos este viaje en el tiempo de manos de esta ficción histórica, es imposible no estar fascinados con la propuesta. Muy recomendable, de veras. 

Valoración

Serie de época e intriga, protagonizada por un elenco deslubrante con un Tom Hardy que entre gruñido y gruñido no deja de sorprendernos. Sucia, oscura y sórdida. Nada es lo que parece en Taboo.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

La recreación de la Regencia Británica, la interpretación de todo el elenco. Su capacidad de enganche y seducción. El simbolismo implícito.

Lo peor

Dependencia argumental de una segunda temporada. Un desenlace demasiado fácil para tanta elaboración previa. La idea del "héroe" omnisciente.

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