María Bescós

Colaboradora

¿Es posible crear un superhéroe desde cero o el fandom siempre exige que haya pasado antes por el cómic?

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

La respuesta rápida y fácil sería decir: “No es posible”, y esa es la que eligen casi siempre las productoras, pero existe una alternativa mucho más interesante.

Hasta hace no tanto, el género superheroico era muy de nicho y tan sólo lo consumía la gente que de verdad tenía una fuerte conexión con él. Eso implicaba que muchas veces ya conocían el material de origen de los cómics sobre el que se partía en el salto a la adaptación cinematográfica o televisiva. Pero las cosas han cambiado.

Podríamos señalar a Marvel como la principal responsable de que ahora veamos las adaptaciones superheroicas de otra manera. El género ha dejado de estar enfocado a un público selecto para abrirse al mainstream, haciendo que casi cada nuevo estreno cinematográfico firmado por la compañía se convierta en un hito.

Parte de la culpa la tiene ese Universo Cinematográfico que le ha permitido seguir abriéndose en todas las direcciones posibles. Lo superheroico ya no es sinónimo de una sola cosa, sino que puede englobar muchos géneros en los que sigue existiendo esa dinámica central de contar con alguien con poderes fuera de la norma para hacer de nexo.

El problema de siempre: adaptaciones, secuelas y remakes

El problema es que, dentro de esta pluralidad en géneros y público, el origen de lo superheroico sigue estando en los cómics, y no en la innovación con la apuesta por ideas originales. Todo, o gran parte de todo lo que consumimos, ya se había hecho antes sobre papel. Incluso los títulos menos conocidos que muy poca gente conoce.

Lo curioso es que se siga apostando por continuar este camino, aunque la audiencia actual también sea diferente. Pese a que luzca con orgullo la etiqueta de “friki”, lo más posible es que jamás haya tocado el cómic de origen, por muy inmersa que esté en el UCM, mientras Marvel no hace más que rescatar personajes de sus páginas.

Claro que no podemos tachar a Marvel, o DC o a cualquier otra compañía, de ser cobarde a la hora de asumir riesgos, pues no hace más que perpetrar una dinámica que se lleva utilizando desde hace mucho tiempo: si alguien lo conoce tiene más probabilidades de triunfar.

Nausicaä del Valle del Viento  (1984)

El caso de Nausicaä del Valle del Viento es el ejemplo perfecto sobre cómo una película original muchas veces no puede salir adelante si no cuenta con garantías. Hayao Miyazaki quería hacer esa cinta, pero como no se basaba en ningún manga previo la productora no le dio su apoyo. Así que Miyazaki hizo lo que había que hacer: lanzó su historia en siete tomos y luego dirigió su largometraje.

Aunque la anécdota no sea superheroica y se haya quedado algo antigua -pues la cinta data del 84-, sigue siendo de actualidad y relevante ya que representa muy bien el camino que toma la industria al decidir qué proyectos audiovisuales lanzar.  

Por eso vemos tantas secuelas, por eso nos llegan tantos remakes, por eso se hacen tantas adaptaciones desde otros medios. Es lo más seguro y también lo más rentable. Sin embargo, eso no significa que sea lo mejor.

Y, en efecto, no lo es, porque nos está privando de historias originales en favor de repetir unas aventuras que ya son conocidas, cuando el público ha sabido demostrar que tiene interés en obras que vayan más allá de creaciones preexistentes. Aunque no le hayan dado muchas oportunidades de comprobarlo.

Los ejemplos que nos muestran el camino a seguir

Hancock  (2008)

En el mundo de la imagen real, Hancock (2008) fue uno de los antihéroes más emblemáticos de su tiempo, pues conseguía destacar al distanciarse de todo lo que creíamos conocer sobre el género hasta el momento.

Ya no hacía falta que los superhéroes fueran una suerte de deidades, podían ser simplemente personas. Y Will Smith nos lo demostró con su personaje mucho antes de que las grandes compañías empezaran a mostrarnos ese lado cada vez más humano que tenían a través de cintas como Logan (2017).

Por su parte, Pixar ya había llevado la apuesta al terreno más familiar de la animación con Los Increíbles (2004), mostrándonos cómo era la vida de una familia en la que cada integrante contaba con una habilidad especial única con la que ayudar a salvar el mundo… Aunque se empeñó en desvirtuarla para convertirla en una nueva franquicia de la que ya estamos esperando una tercera entrega de cara a 2027.

Sin embargo, el ejemplo más reciente y pulido del género lo encontramos en Dispatch (2025), que no es una película ni una serie sino un videojuego centrado en la narrativa, que bebe de la estética de series de animación como Invencible, así como de su tono más maduro, que comparte con otras producciones como The Boys.

El juego acierta al tomar como inspiración series que están ahora en boca de todo el mundo, pero llevando la apuesta a su propio terreno sin limitarse a ser “la enésima adaptación de” y, a pesar de ello, conseguir gustar tanto al público como a la crítica.

En Metacritic, Dispatch cuenta con una nota media de 89, probando que es posible hacer una buena historia original superheroica sin necesidad de basarse en ningún cómic, pero que tanga una aceptación generalizada.

Por tanto, no es una cuestión de posibilidad sino de interés. La pregunta deja de ser: “¿Es posible crear superhéroes desde cero?”; lo que deberíamos plantearnos más bien es: “¿Qué productora estará dispuesta a afrontar ese riesgo?”, llevando la creación de nuevas propiedades intelectuales más allá del videojuego. Pero la respuesta posiblemente sea hacer la adaptación televisiva de Dispatch.

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