Jason Statham, una vida de cine: desde sus comienzos como deportista a su estrellato en el cine de acción

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Repasamos la trayectoria de Jason Statham, sus primeros pasos como deportista de élite y el salto a la fama en la gran pantalla.
Jason Statham regresa a los cines con El Motín, nueva cinta de acción en una carrera dedicada al género y que ha sido paralela a su peculiar vida, marcada por toda clase de ocupaciones.
Antes de convertirse en una de las estrellas del cine más intenso, Statham fue nadador de talla olímpica, lo que definiría su despliegue físico en todas sus películas.
Esta es la historia de Jason Statham, sus comienzos deportivos, el salto a la fama de la mano de Guy Ritchie y cómo ha decidido asentarse en papeles hechos a su medida.
De los mercadillos a las piscinas

Jason Michael Statham nació el 26 de julio de 1967 en Shirebrook, Derbyshire, hijo de Eileen, una bailarina, y de Barry Statham. Además de vendedor ambulante, su padre fue cantante en las Islas Canarias.
Ya asentados en Great Yarmouth, Jason compartió juventud con otra futura estrella: Vinnie Jones. Ambos jugaron al fútbol y años después volvieron a encontrarse en películas como Mean Machine (2001).
Pero el gran amor deportivo de Statham no fue el balompié. Desde muy joven se volcó en los saltos de trampolín, con una disciplina que después trasladaría al cine.
Un sueño olímpico truncado

Statham representó a Inglaterra en los Juegos de la Commonwealth de Auckland de 1990. Participó en las pruebas de trampolín, con unos resultados de un octavo puesto y dos undécimos puestos.
También intentó clasificarse para los Juegos Olímpicos de 1988 y 1992, pero no consiguió una plaza. Y aunque el fracaso deportivo pudo parecer un punto final, tuvo un efecto positivo sobre su futuro.
“Lo que no conseguí en el deporte me ayudó a concentrarme y a tomar mi carrera como actor más en serio”, explicaría años después, además de darle un físico envidiable.
Modelo publicitario

Statham trabajó en mercadillos junto a su padre, vendiendo perfumes y joyas falsos en las calles de Londres. Allí, se valía de su descaro para convencer a los clientes.
Mientras entrenaba, la agencia de modelos French Connection se fijó en él. Y aunque esos trabajos de pasarela no lo hicieron millonario, iban a abrirle otras puertas.
Sus primeros pasos ante la cámara fueron en videoclips como figurante, como “Comin' On” de The Shamen y “Run to the Sun” de Erasure. Pero aún le faltaba un papel actoral.
Guy Ritchie, descubridor y amigo

El primerizo Guy Ritchie necesitaba intérpretes con el lenguaje y la actitud de la gente de la calle. Statham era justo lo que buscaba, además de convertirse en gran amigo.
El director lo escogió para Lock, Stock and Two Smoking Barrels (1998), en el papel de Bacon, miembro de una cuadrilla atrapada en una complicada partida de cartas al margen de la ley.
Ritchie aprovechó su personalidad y su forma de hablar para hacerse valer y acertó: la película fue un éxito en Reino Unido. Un año después, Ritchie volvió a contar con él para Snatch: Cerdos y diamantes.
De actor desconocido a héroe de acción

En sus comienzos actorales, Statham probó distintos registros en El único, Fantasmas de Marte y The Italian Job. Pero ninguna película definió tanto su carrera como Transporter, de 2002.
La película combinaba persecuciones, artes marciales y secuencias de acción; tres áreas hechas a medida de Jason, al que el papel del implacable transportista le sentó como un guante.
Frank Martin se convirtió en su primer gran personaje de acción y dio forma a una carrera que después incluiría Crank, Death Race, The Mechanic, Los mercenarios y la saga Fast & Furious.
Entrenamiento, artes marciales y control del cuerpo

A su formación deportiva, Statham suma años de entrenamiento en artes marciales, en varias disciplinas que ha sabido trasladar a la gran pantalla.
Todas sus secuencias de acción exigen calcular las distancias y los tiempos de reacción, mientras que los especialistas trabajan con él para adaptar cada movimiento a la escena.
Él mismo realiza las peleas, al igual que tantas escenas de acción y conducción como le permiten. Esa implicación le ha costado lesiones, pero también ha construido una de las identidades físicas más reconocibles del cine.
El cine de acción como zona de confort

Statham ha construido una carrera alrededor de papeles de hombres duros, competentes e implacables. Podría parecer una limitación, pero constituye una de las grandes virtudes de su carrera.
El actor peca de modesto al hablar de que no es capaz de hacer grandes interpretaciones; pese a ello, prefiere centrarse en un registro que domina mejor que nadie, en buena medida por su entrega física.
Y le ha funcionado a la perfección. Megalodón, Hobbs & Shaw, El Protector y otras cintas lo han consolidado como el rostro más reconocible del cine de acción contemporáneo.
Un accidente que casi termina en tragedia

Ser cara visible en las escenas de acción implica riesgos, como lo sucedido durante el rodaje de Los mercenarios 3. Statham conducía un camión en Bulgaria cuando los frenos fallaron.
El vehículo cayó al mar Negro, aunque Jason consiguió salir antes de que se hundiera. De no haber sido por su experiencia como nadador, es casi seguro que ahora hablaríamos de su pérdida.
Antes de salir del agua, Jason ayudó a los dos cámaras que también cayeron al mar. Recuerda el suceso con humor: “Stallone estaba en el muelle grabando y solo se le ocurrió decirme si necesitaba una toalla”.
Más allá de las peleas

Jason Statham también ha explorado personajes más atípicos, aunque de forma puntual. En Revolver (2005), de Guy Ritchie, dio vida a un exconvicto con una contención y entrega dramática que, desgraciadamente, no ha repetido.
En Espías (2015) se convirtió en una caricatura de su propia imagen como hombre de acción gracias a Rick Ford, un agente de la CIA bocazas y patoso, que le permitió mostrar su gran sentido del humor; algo que también hizo en las dos entregas de Crank.
Ahora prepara una película sobre robos de bicicletas donde se interpretará a sí mismo, en el que puede ser el papel más original de su carrera.
Una familia lejos del ruido

Statham mantiene una relación con la modelo británica Rosie Huntington-Whiteley desde finales de la década de 2000. La pareja tiene dos hijos: Jack Oscar, nacido en junio de 2017, e Isabella James (2022).
Ambos han protegido su vida familiar de la exposición mediática, en una vida en pareja donde Huntington-Whiteley describe a Statham como su mejor amigo.
Durante años residieron en Beverly Hills, pero en 2020 regresaron a Londres para estar cerca de sus respectivas familias.
Lejos de la jubilación
A sus 59 años, Statham no piensa en retirarse como héroe de acción. Ha encadenado dos películas con David Ayer, Beekeeper: El protector y A Working Man, ambas con roles del estilo.
En 2026 llegó Shelter, dirigida por Ric Roman Waugh, y ahora estrena El Motín, una cinta de acción marítima que comparan con clásicos como Jungla de Cristal.
El siguiente gran proyecto será The Beekeeper 2, prevista para enero de 2027, con Statham de nuevo como Adam Clay. A falta de nuevos anuncios, el actor seguirá ligado al género que lo convirtió en estrella.
Statham según Statham

Statham es leal a un perfil concreto, dentro de la seguridad que le proporciona el cine de acción: “estoy hecho para personajes con un estricto sentido del deber y una gran entrega física”.
“No soy un actor shakesperiano ni tengo esas credenciales, me limito a hacer aquello que sé hacer”, asegura, además de subrayar que su formación deportiva y su etapa como vendedor ambulante han sido capitales en su carrera.
“He estado haciendo esto desde que era adolescente, y mientras pueda seguir haciéndolo, lo haré”. Que así sea y podamos seguir disfrutando de sus películas durante muchos años más.
Si has disfrutado conociendo la biografía de Jason Statham, no te pierdas sus 10 mejores películas; además, conoce al relevo generacional de los héroes de acción y grandes películas del género en Netflix.
A Working Man (2025)
Título original
A Working Man
Lenguage original
Inglés
Duración
1h 56m

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