Drácula llega a los cines con una nueva adaptación en noviembre, pero es casi imposible que supere a estas películas

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Existen tantas adaptaciones de Drácula que cualquier incorporación al catálogo de películas existentes basadas en la obra de Bram Stoker me hacen ser escéptica.
Nos hemos hartado a ver adaptaciones de la novela de Drácula en los últimos años, y ahora Luc Besson regresa a la gran pantalla con su propia reinterpretación de la obra de Bram Stoker en un terreno que ya está sobresaturado de retratar a este personaje.
Parece que el furor por el vampiro gótico está de vuelta, y es que en 2023 se estrenó El último viaje del Demeter de André Øvredal, que exploraba a fondo uno de los capítulos de la novela original, mientras que en 2024 Robert Eggers nos trajo su remake de Nosferatu.

Aunque la crítica aplaudió los esfuerzos del cineasta de El faro con su revisión de la cinta de 1922 de F.W. Murnau, para mí fue una película innecesaria por completo. Y es que Murnau no sólo nos presentó una versión única de Drácula que jamás se ha podido igualar, con un personaje tan icónico que lo hemos visto imitado en varios largometrajes y series posteriores.
Por encima de todo ello, el director de Nosferatu se convirtió en uno de los pilares fundamentales del expresionismo alemán junto con cineastas como Fritz Lang o Robert Wiene.
La estética tan particular de Nosferatu, con sus decorados retorcidos e imposibles, el buen uso del blanco y negro en la generación de contrastes que acentuaban el diabólico rostro de Max Schreck como el conde Orlok o la proyección de sombras que anticipaban el horror que estaba por venir, han inspirado decenas de cineastas.
Las mejores adaptaciones de Drácula

Quizá citar Nosferatu sea irse a lo fácil, a lo pedante, pero los clásicos imperecederos lo son por algún motivo, como también lo fue Drácula de Bram Stoker (1992) de Francis Ford Coppola, otra de las películas culmen cuando hablamos sobre el traslado de esta historia de terror al cine.
Se trata de la versión moderna más representativa del personaje y que, una vez más, se convirtió en un icono del séptimo arte, que le daba un pequeño giro al vampiro original para convertirlo en un amante condenado, distanciándose así del monstruo tan poco romántico que nos mostraba Bram Stoker en su novela.
Aunque más allá de su historia, la película de Coppola a nivel estético también se ha quedado marcada en nuestras retinas por motivos muy distintos a los de la cinta de Murnau, gracias a sus efectos visuales que apostaban por lo práctico, o un vestuario que nos hará recordar para siempre las inquietantes gafas de sol azules de Gary Oldman como el Conde Drácula.
Drácula más allá de Bram Stoker

Pero, si me preguntas a mí, Drácula está muy visto. Es más, ni siquiera Bram Stoker fue demasiado original cuando creó su novela, pues Sheridan Le Fanu ya había publicado su Carmilla años antes sentando las bases del terror gótico vampírico en la literatura que tantas veces hemos visto replicado en el cine.
Sin embargo, esta novela ha sido adaptada muchas menos veces a series o películas, y con mucha peor calidad, pero su esencia fusionada con la de Drácula ha terminado inspirando otras obras literarias y audiovisuales que se han acabado convirtiendo en nuevos referentes de las historias vampíricas.
Podríamos hablar de Entrevista con el vampiro (1994) de Neil Jordan, basada en la novela de Anne Rice, o Déjame entrar (2008) de Tomas Alfredson, que tomaba como base la obra de John Ajvide Lindqvist, o incluso de El ansia (1983) de Tony Scott, que se basaba en el libro de Whitley Strieber.
Cada una de ellas ofrecía una visión diferente del mito, y cambiaba a sus protagonistas habituales por seres más cercanos y actuales, haciendo que se convirtieran en una amenaza palpable. Pero hay otras dos obras todavía más destacadas que han logrado acercar el vampirismo hasta nuestros días.
Una es la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer, que ha sido llevada a la gran pantalla a través de cinco películas, en las que se ponía sobre todo el foco en el romance adolescente sin perder la idea que ha prevalecido durante tantos años sobre el vampiro como un amante al tiempo seductor y peligroso.
La otra sería Lo que hacemos en las sombras (2014), una cinta de Taika Waititi y Jemaine Clement rodada a modo de falso documental que seguía las aventuras y desventuras de un grupo de compañeros de piso neozelandeses que tenían la peculiaridad de ser vampiros.
Tan interesante era el concepto, que un lustro más tarde terminó expandiéndose a través de una serie de televisión que nos ha dado una de las mejores comedias de los últimos tiempos y en la que se introducía al mejor vampiro contemporáneo que existe: el vampiro energético.
He dejado lo mejor para el final, siendo esa mi versión de Drácula favorita de la historia, aunque tenga tan poco que ver con Drácula pero al mismo tiempo no se olvide de la novela de Bram Stoker ni de las películas que la adaptaron después.
Quizá por eso Luc Besson lo tenga tan complicado regresando ahora a Drácula: ya hemos tenido desde las adaptaciones más fieles a la obra de Bram Stoker hasta las más opuestas, y no me queda claro el espacio que puede se llenar con esta nueva versión.




