Ranma ½ no es perfecto, pero sigue siendo un referente para la comunidad trans

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
El remake de Ranma ½ regresará a Netflix con su segunda temporada el próximo 4 de octubre, para recordarnos la relevancia que ha tenido este anime.
Establecer el concepto del cambio de cuerpo como elemento narrativo central en una ficción es atractivo y han sido varias las obras que han querido explorar sus posibilidades a lo largo de la historia. Rumiko Takahashi fue una de las autoras más representativas en potenciarlo a través de su manga Ranma ½, que ha vuelto a ser adaptado al anime por Netflix.
Ofrece muchas posibilidades partir de un personaje y hacer que se convierta en otro, porque abre un nuevo universo lleno de contrastes con el que iniciar un diálogo sobre los opuestos.

Lo hemos podido ver hace poco con Ponte en mi lugar de nuevo (2025), la secuela de la comedia de principios de los 2000, en la que se potenciaba el choque generacional entre sus protagonistas. Mientras que Makoto Shinkai revolucionó el género en 2016 con Your Name., en la que entraba en juego el cambio de género.
Ranma ½ ya había jugado con ello varias décadas antes, aunque en lugar de intercambiar el físico de un personaje por otro, cambiaba el propio cuerpo de su protagonista al contacto con el agua.
Leer su sinopsis es bastante perturbador en 2025, cuando tienes en cuenta que habla sobre un anime japonés de los 90 sobre un chico maldito que, “cuando se moja con agua fría se convierte en una guapa chica pelirroja, y al tener contacto con agua caliente vuelve a su estado original de chico”.
El recuerdo que pueda tener de Ranma ½, de Your Name. o de Ponte en mi lugar, está inevitablemente distorsionado por el paso del tiempo, y sesgado por mi propio desarrollo personal e identidad.
Es posible que en aquel momento no reflexionara en demasiada profundidad sobre sus temas, al igual que Rumiko Takahashi tampoco parecía querer abordar una temática más profunda con su obra, sino más bien centrarse en ese choque de contrarios y en lo sugerente que era la propuesta de un cambio de género partiendo de la temperatura del agua.
Si volviera a visionar de nuevo un anime como Strawberry Panic ahora, estoy segura de que torcería el gesto en más de una ocasión, porque lo vi en un contexto muy específico: estrechando lazos con una amiga mientras ignoraba las clases que se desarrollaban de fondo, al tiempo que estaba inmersa en una búsqueda de referentes mientras comprendía mi propia identidad.
Y me imagino que un caso similar fue el de Ranma ½ para muchas personas trans, a juzgar por diversas reflexiones online sobre el anime que he podido encontrar a la hora de ponerme a escribir este artículo.
El remake de Netflix, que apuesta por un apartado visual de lo más dinámico y actualizado -con constantes cambios de estilo artístico y acercamientos a la estética del manga en la introducción de tramas para los sombreados-, arranca sin poder obviar lo que es.
Pese a estar contándote la historia sobre un personaje que está fluyendo de género de manera constante, la rigidez inicial del resto al conocerlo es de las que chirrían, sobre todo bajo una mirada crítica.

Ranma es examinado de arriba abajo cuando se presenta ante la familia Tendo, que concluye que es una chica porque tiene tetas: no sólo al verlas, también necesita tocarlas para cerciorarse al 100% de que son reales, ya que tetas es un equivalente inequívoco de mujer.
Es una tesis problemática, haciendo que, desde mi punto de vista, no me invitara a recomendarla en la actualidad del mismo modo que tampoco lo haría con Dan Da Dan después de ver su comienzo. Y, sin embargo, hay mucha gente que me llevaría la contraria.
Ranma es “un icono para la comunidad trans”

Ranma ½ puede estar lejos de ser perfecta, pero llegó en el momento adecuado a las vidas de muchas personas que le perdonaron sus errores al ofrecerles algo que no había en ningún otro lugar por pobre que fuera: representación. Que además venía en el atractivo envoltorio de un shōnen cómico.
Ángela Davis, periodista para el medio Screen Rant, asegura que la primera adaptación de Ranma ½ “es una serie que se ha convertido en un icono para la comunidad trans”. En uno de sus artículos dedicados a ella, explica cómo esa premisa que a mí me hace saltar todas las alarmas, resultó provocarle “una curiosidad increíble” después de haber estado cuestionándose su propia identidad “durante años”.
La serie le permitió hacerse preguntas que antes no había reflexionado, ayudando en su proceso de autodescubrimiento y al de muchas otras personas trans: “Puede ser increíblemente positivo cuestionarse si el género que se te asignó al nacer es el adecuado para ti, y títulos como Ranma ½ pueden ser una gran forma de expresarlo”.
Sumado a eso, resalta como valores positivos de la serie que el personaje pueda cambiar de género a voluntad en lugar de que sea algo impuesto e inevitable como en el caso de la licantropía y la luna llena.
Esto permite que su protagonista no sólo se vuelva hombre o mujer por accidente, sino que elija mostrarse de otra manera ante la sociedad para adaptarse mejor a un determinado contexto.
Además, a lo largo del desarrollo del anime, Ranma empieza a comprender y abrazar la feminidad que en un principio rechazaba, enviando “un mensaje poderoso para las personas transfemeninas”.

Aurora Tejeida, en un artículo para Vice, no oculta que el anime original de Ranma ½ incluya “contenido homófobo y misógino”, pero resume en una frase la clave de éste y el impacto que ha tenido sobre la comunidad trans: “Ranma no es un chico que se transforma en chica. Ranma es un chico cisgénero que se transforma en un chico trans”.
Ese es el mensaje de Ranma ½ que ha terminado calando entre parte del fandom, que ignora la frivolidad de su premisa porque bajo ella subyace una verdad compartida más importante, apta para muchas capas de lectura, y que el remake de Netflix sigue poniendo en valor, aunque siga atado a la imperfecta obra de Rumiko Takahashi.



