María Bescós

Colaboradora

Hay algunos prejuicios sobre el anime que deberían superarse en España

Warner Bros. Animation
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Es fácil generalizar y asumir que el anime tan sólo ofrece un tipo de entretenimiento muy concreto, cuando en realidad hay opciones para todos los gustos.

El anime es un territorio que siempre se ha considerado bastante de nicho, aunque gracias a su popularización en occidente cada vez es más fácil acceder a una oferta más variada que llegue hasta nuestros cines o servicios de streaming, con doblaje al castellano en gran parte de los casos.

Hace años era fácil relacionar al anime con Dragon Ball, Doraemon, Pokémon o Shin Chan, limitando su influencia a ese público más infantil que solía ser la audiencia objetiva de las series.

Pero este no es un problema que venga asociado tan sólo con el anime. Cualquier tipo de animación se vincula muy rápido con este rango de edad, aunque el contenido sea La fiesta de las salchichas (2016). 

Recuerdo ver a gente que salía escandalizada de aquella película en su día porque no se habían informado sobre el tipo de largometraje que iban a consumir. Y es que la técnica no implica un tipo de historias que se puedan contar, tan solo marca la forma que adoptan ante nuestros ojos.

Limitaciones por no conocer el producto

Este podría ser también uno de los mayores problemas ante el anime: una desinformación que te hace asumir ciertas cosas sobre él, creando unas barreras invisibles que te van a impedir disfrutar de algo que podría conectar contigo, por el mero hecho de ser de “dibujos animados”.

Cada vez con mayor frecuencia encontramos animes que exploran nuevas técnicas de animación, pero en muchos casos sigue perdurando la animación tradicional que nos hace conectarlo tan rápido con esas animaciones para menores.

De forma personal, valoro mucho cuando el resultado está pulido a nivel estético y me llaman la atención aquellas propuestas que quieren romper con lo establecido aportando un toque único en este ámbito. 

Uzumaki tenía todos los ingredientes para convertirse en este tipo de animación, al acercarse a los colores del manga original de Junji Ito mediante la técnica de la rotoscopia, pero la ilusión se desvanecía tras su primer episodio. 

Pese a la falta de calidad en los capítulos posteriores, es un ejemplo que nos sirve para reflejar cómo no hay un único tipo de narrativas en el anime, siendo Uzumaki una serie que combina elementos como el surrealismo o el horror corporal. 

Puede dar la impresión de que el corte tan japonés de algunas de las propuestas suponga otra barrera de entrada, cuando en realidad hay un abanico muy amplio de posibilidades, siendo muchos los animes que recurren a ambientaciones europeas u otros períodos históricos diferentes.

Con series como Vinland Saga llevándonos hasta la Inglaterra del siglo XI, La rosa de Versalles trasladándonos hasta la Francia del s.XVI, o Jóvenes en órbita que nos enviaba hasta una estación espacial en el año 2045.

La variedad es tan amplia que si te pones a investigar encontrarás un anime que se ajuste a ti, ya sea por acabado artístico o por narrativa, pudiendo encontrar desde historias íntimas hasta grandes epopeyas. 

El anime en la cultura actual

Como apuntaba al principio, el anime está en auge, no sólo para traernos nuevas series y películas todos los meses, así como reestrenos de grandes exponentes del cine de anime como Ponyo en el acantilado (2008) -que podremos volver a disfrutar en las salas a partir del próximo 1 de agosto-. 

El anime se ha vuelto tan querido que sigue siendo el medio utilizado en la actualidad, al igual que ocurría con Pokémon, para conectarlo con otro universo que también está dejando de ser de nicho: el de los videojuegos. 

Con series como Cyberpunk: Edgerunners o NieR: Automata Ver1.1a., y cintas como Ni no Kuni (2019) o Dragon Quest: Your Story (2019) siendo consumidas por un público más amplio. Pero el anime no se ha quedado solo en los videojuegos.

Grandes franquicias cinematográficas como El señor de los anillos o Star Wars han querido apostar también por él para traernos nuevas historias ambientadas en los universos de J.R.R. Tolkien y George Lucas, como demuestran la película La guerra de los Rohirrim (2024) y la serie Star Wars: Visions.

Cada uno de los ejemplos que he nombrado en este artículo señalan cómo el anime no es un formato que se pueda encasillar, puesto que abarca múltiples géneros, estéticas y narrativas, yendo desde apuestas originales hasta adaptaciones o cruces con otros medios que han surgido para demostrar que la demanda es real. 

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