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La opinión de
Rafa Dominguez

La resurrección de World of Warcraft: la oda nostálgica de la Classic

Blizzard World of Warcraft
Corre el año 33 desde la Primera Guerra. Sylvanas Brisaveloz guía a la Horda como Jefa de Guerra y el Rey Anduin Wrynn dirige a las fuerzas de la Alianza. Los tiempos han cambiado, pero la Batalla por Azeroth parece interminable. N'Zoth y los Dioses Antiguos han aprovechado el conflicto y los estragos producidos por Sargeras y su Legión Ardiente para convertir cualquier otra amenaza en una distracción fútil. Azeroth se desangra a golpe de segundero, aunque... en otro mundo, quizás en otra línea temporal, los adalides han decidido volver a enfrentarse a Onyxia, Ragnaros y Kel'thuzad en World of Warcraft Classic.

Si has estado encerrado en una caverna más profunda que las Cuevas de los Lamentos, la historia que encabeza estas líneas te habrá sonado a nerglish —"Rwlrwlrwlrwl", que significa que Google es tu amigo—. O no, porque en el último mes hemos vivido un hito histórico en la comunidad: Blizzard relanzaba los servidores de World of Warcraft Classic el 27 de agosto de 2019, 15 años después de su lanzamiento original, para reunir a más de un millón de espectadores alrededor de las retransmisiones de Twitch, mientras que la versión Retail se mantenía en una media en torno a los 15.000 usuarios.

Como jugador habitual de World of Warcraft, me confieso culpable. Sí, pertenecía al grupo de los escépticos con el lanzamiento de la Vanilla. La evolución de la saga de Blizzard ha tenido altibajos y, dada su ingente base absoluta de jugadores, una infinidad de críticas al respecto. Desde las mecánicas a los sistemas de habilidades, los contenidos y la dramática "casualización" que ha sufrido el propio género con el paso del tiempo.

World of Warcraft Classic

Me adentré en el mundo de Azeroth en su primera expansión, The Burning Crusade, allá por el 2007, y sería un hipócrita si no reconociese que, pese a la distorsión que ha sufrido parte de la esencia original en lo referido a la jugabilidad, agradezco aspectos de esa simplificación. Jugar al MMORPG por excelencia y querer explotar al máximo su contenido high-end significa un auténtico sacrificio, tanto de tiempo como de esfuerzo.

Consejos esenciales para empezar en WoW Classic

Hoy, ese sacrificio se ha visto infinitamente reducido y la experiencia del juego está más al alcance del jugador medio que del jugador dedicado. Y como toda decisión tiene sus consecuencias, ese usuario empedernido ha visto cómo la experiencia de clases y el componente más rolero de World of Warcraft han caído en picado expansión tras expansión hasta llegar a Battle for Azeroth, a pesar de que muchos sufrimos ese síndrome de "cualquier expansión pasada siempre fue mejor".

World of Warcraft Classic

Adonde quiero llegar es que, a pesar de la inherente pérdida de identidad de los cambios, World of Warcraft se ha adaptado a los tiempos del Fortnite para intentar llegar a un público más abierto, menos nicho, que les permita recuperar las cifras de récord que superaban los 12 millones de jugadores en activo. Y pensaba que con el lanzamiento de World of Warcraft Classic, más allá de los primeros días de su lanzamiento y teniendo en cuenta lo ortodoxo de la experiencia, sería como una tormenta de verano. Me equivoqué.

World of Warcraft aumentó en un 223% el número de suscripciones en el mes de agosto. Había colas para renovar la suscripción al buque insignia de Blizzard y sus acciones en bolsa se dispararon. Los servidores no daban a basto ante la ingente demanda de una comunidad que con la promesa cumplida ha apoyado en cuerpo y alma el lanzamiento de esta oda a la nostalgia. WoW Classic es, para muchos, volver al parque a jugar con los amigos. Es la merienda sentado en el suelo viendo la televisión, las porterías hechas con mochilas o las bicicletas con ruedines. Porque aquí, aunque tú hayas cambiado, puedes volver a ser el mismo Enano Guerrero de largas barbas que hacía grupo con su amigo el Gnomo Mago para coger el tren desde Forjaz hasta la capital de Ventormenta porque su diario de misiones así lo decretaba.

No hay preocupación por interrumpir al enemigo, por limpiar los perjuicios o por evitar un sinfín de habilidades, pero sí hay una dedicación más exhaustiva a construir tu árbol de talentos para ser lo más efectivo posible. Tampoco hay atajos, lo que nos obliga a patearnos Kalimdor y los Reinos del Este para llegar a nuestro destino, enfrentándonos a enemigos inimaginables y paisajes únicos por el camino.

World of Warcraft Classic

Los monstruos son duros, más duros que el corazón de Jaina Valiente, tienes que desarrollar tu habilidad con las distintas armas para manejarlas con destreza y más te vale contar con el apoyo de alguien para derrotar a los enemigos de mayor nivel, porque te barrerán si te atreves a desafiarlos tú solo. Y, créeme, tendrás un sinfín de aliados con los que formar grupo dispuestos a realizar la nimiedad de una misión menor, algo que potencia ese factor "rolero" que tanto echamos de menos en Retail.

Los niños de 2004 son los adultos que hoy, con el relanzamiento, hacen una fila ordenada en el juego para eliminar al objetivo de una misión y comparten sus vivencias de los viejos tiempos.

Blizzard

Durante muchos años, y estoy convencido de no ser el único, he buscado inagotable al desaliento ese juego que obtenga la etiqueta de "WoW Killer". Aquel que ofrezca una experiencia lo suficientemente desarrollada en el género como para desbancar a su líder histórico (con el permiso de Final Fantasy XIV y TES Online). Y lo hemos encontrado. Ha estado delante de nuestras narices todo el tiempo —en rincones de dudosa legalidad—: el mayor adversario de World of Warcraft es World of Warcraft. Esa es la gran baza con la que construir el futuro de la saga.

Si algo nos ha enseñado WoW Classic es que echar la vista atrás para volver a coger impulso es imprescindible, casi una exigencia a demandar para recuperar parte de la esencia que se ha perdido en el camino. Aunque el tiempo nos obligue a recordar que raidear durante cinco horas el Núcleo de Magma y grindear para ser capaces de superarlo no es una posibilidad en la nueva vida del adulto que se apartaba las responsabilidades como migas de pan de los hombros en 2004, y que la evolución natural del juego ha recompensado, precisamente, la caótica vida cotidiana; Blizzard tiene en sus manos una desproporcionada muestra de que todavía hay un término medio por conquistar.

Nadie se atreve a predecir el futuro, ni podemos afirmar que se trate de una moda pasajera o de un contenido que podría perdurar otros 15 años hasta alcanzar los acontecimientos en los que nos encontramos en la versión actual, pero los datos ya han emitido su juicio y la Classic se ha reafirmado como un vasto prado en el que encontrar el remanso de paz del que tanto se han alejado los multijugadores online. World of Warcraft ha resucitado en los corazones de la comunidad. La BlizzCon nos espera.

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