Laura Jou asegura que “no hay ninguna película” sobre gimnasia rítmica como Caída libre

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Entrevista con Laura Jou, la directora de Caída libre, que estrena este mes un drama deportivo con Belén Rueda encabezando el reparto, acompañada por Ilay Kurelovic e Irene Escolar
Después de su debut como directora de largometrajes con La vida sin Sara Amat (2019), Laura Jou estrena su segunda película, Caída libre, un drama protagonizado por Belén Rueda, que cuenta con J.A. Bayona como productor.
La cinta nos habla sobre una antigua estrella de gimnasia rítmica que ahora es entrenadora de las futuras promesas del deporte sin haberse sabido adaptar a los nuevos tiempos mientras atraviesa una ruptura.
Laura Jou: No. Hace nueve años de este proyecto. Cuando se me ocurrió la idea pensaba en una mujer que se acercara a los 60, pero todavía no le ponía cara. Un poco más adelante, los productores eran los productores de El Orfanato y habían trabajado con ella; yo también había trabajado con ella y la propusieron y me pareció muy buena idea.
Pues porque el cine funciona así, sí. Pues hemos dado muchas vueltas al guion... La financiación no ha sido fácil... Hasta que no hemos tenido una historia como la que tenemos, han pasado muchos años.
No fue gimnasta ni estuvo en un entorno de gimnasia rítmica hasta cuatro años después de empezar con la película... Primero fue bibliotecaria, luego fue wedding planner. O sea, ha pasado por muchos oficios esta protagonista.
Vi un documental sobre Irina Viner, que es una monstrua rusa que tiene un documental que se llama Over the Limit, donde se ve cómo maltrata a la gimnasta que está entrenando. Y proyecté Marisol en este personaje real y me funcionaba.
Entonces, cuando lo chequeé con los productores, les pareció muy buena idea porque no hay ninguna serie ni ninguna película que tenga el entorno de gimnasia rítmica, sí deportiva, pero no rítmica. Entonces me ofrecía también un mundo estético muy particular con el que podía jugar muy bien, y dijimos: "Venga, a por ello".

Pues fuimos al Centro de Alto Rendimiento de Barcelona, bueno, de Catalunya, que está en Sant Cugat, y convocamos a gimnastas de todo tipo. Bueno, convocamos a gimnastas de gimnasia rítmica, y se presentó a Maria, que era una refugiada de guerra de Ucrania. No hablaba español. Acababa de llegar. Y yo vi en ella un potencial como actriz increíble.
Necesitábamos gimnastas. No podía... Este personaje no lo puede hacer una actriz, tiene que ser una gimnasta. Entonces, claro, el reto un poco era que tuvieran capacidades de actriz para yo poder dirigirlas.
Es mi especialidad, la dirección de actores, y me atrevo con no actores, pero tenía que tener algo. Y el caso de Maria tenía no solo algo, tenía y tiene un ángel y una belleza y una elegancia natural que me flipó.
No, tuvimos una coreógrafa y una entrenadora y hay mucho trabajo detrás de cada una de las coreografías. De hecho, hay momentos que son míticos, de números históricos.
Sí, pasos que nos gustan, sobre todo pasos muy de los 70, pasos muy antiguos que ya no se hacen porque se valoran otras cosas. Y a mí me parecían muy bonitos, y los pusimos, sí.

Sí. Nosotros, claro, estamos acostumbrados a ver una coreografía de gimnasia rítmica televisivamente, ¿no?, desde lejos, en un big picture, y lo que queríamos es sentir los elementos de la gimnasia desde dentro.
Para eso jugamos mucho con el sonido. O sea, el sonido está grabado desde el lugar de la gimnasta. Cómo se oye la cinta, cómo se oye el aro, cómo se oyen las mazas, porque a las gimnastas les pone mucho, les da mucha motivación, escuchar los elementos con los que juegan.
Es algo que el espectador aficionado a la gimnasia rítmica nunca oye. Y en cambio, a nosotros, nos parece muy buena idea. Y luego fue el gran reto: “¿Cómo rodamos esto?” Porque no teníamos referencias, no teníamos referencias de otras películas y fue un poco poner en común con el director de foto, y los productores, de qué manera podíamos sacarle el máximo provecho.
Bueno, el tipo de ópticas y el tipo de cámaras ya nos ayudaron mucho a sacarle partido a la gimnasia rítmica. Y luego ponernos muy cerca: hay un momento, el final... que... Bueno, si es que la cámara bailaba con ella, o sea. Y el steadicam, el steady, tenía que estar muy en forma para poder sacarle toda esta belleza desde lo más cercano.
No. Ni una, no.
Hubo trabajo de foley, sí, sí. Laia Casanovas, que es una sonidista buenísima, se fue ella con otra gimnasta a grabar respiraciones, caídas de mazas al suelo, cómo suena el aro cuando está cerca tuyo, cómo suena el aro cuando está lejos...
De hecho, hay un momento que el aro simula también la alianza de matrimonio y trabajamos todo el sonido desde la alianza, no desde el aro. Hay un juego en la película muy bestia sobre lo subliminal. Hay muchas cosas subliminales de sonido.

Sí. Mira, hay una imagen que sí que me vino mientras estábamos rodando y es: las cintas rojas que utilizamos. Estaba rodando y pensaba: "Este movimiento tan nervioso de la cinta roja..." Estaba ahí y pensaba: "Esto es las venas y arterias de Marisol".
Entonces me volví loca y quise que todas las cintas de aquella grabación fueran rojas. La puse a Marisol detrás, las cintas por delante, para intentar dar esta imagen de palpitación y de nervio que tiene el personaje en aquel momento.
Bueno, de hecho, en gran parte de la película el estado emocional y nervioso del personaje es muy, muy alto. Entonces esto me ayudaba, ¿no? Esto fue in situ, pero luego hay muchas imágenes trabajadas.
La torre, por ejemplo es una imagen muy trabajada. Es la torre del Tarot. Es un significado que está en toda la película. Significado que quiere decir que construimos un lugar seguro, ladrillo a ladrillo, como si fuera una torre de protección. Y cuando esta torre se cae, sales por los aires, te das cuenta que en lugar de vivir en un palacio, vivías en una cárcel.
Y esto está muy marcado también de forma metafórica, simbólica o subliminal en la película. Es un objetivo que yo tengo como cineasta, que me viene también un poco de este cine de Bigas Luna... Cine como muy español y en el que me siento muy apelada.
El personaje de Marisol es una persona hecha a sí misma, auto producida, que se maquilla, se enmascara, que tapa todo lo débil que tiene, que tapa la vulnerabilidad, que tapa su esencia para convertirse en un personaje incontestable.
Entonces el viaje de la película es cómo le van cayendo estas capas. Para que se rompa esta capa tiene que haber mucha dureza. Es como una costra de una herida. Es exactamente lo mismo. La herida está, se hace una costra, cada vez está más dura, y llega un momento que ya se cae y te has curado. Es un poco el mismo proceso de este personaje.

Construir el personaje con Belén fue un trabajo muy largo. Belén tiene muy buenos sentimientos, es una persona muy buena, y entrar en las oscuridades de personaje no fue fácil. Tenía cierta reticencia. Esto fue lo más laborioso, tal vez.
Hay algunas cosas, como las persecuciones en coche, hay cosas técnicamente complicadas... Pero bueno, no dejaba de ser un reto y tuvieron su dificultad. Pero yo diría que lo más difícil, más allá del guion, que fue muy difícil encontrar la versión buena, fue este trabajo.
Espero que el próximo proyecto no me lleve nueve años porque es que ya me cogerá la jubilación. No. Y se pueden hacer encargos mientras.
Han sido nueve años, pero he hecho tres series entre medio, ¿eh?, y una película para televisión. O sea, ha sido, bueno, pues mi acompañamiento durante nueve años, esta película. Pero se puede ir trabajando también de otras cosas. Sí, tengo algunos proyectos por delante.
Caída libre, la nueva película de Laura Jou y J.A. Bayona, se estrena en cines el día 17 de mayo.


