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Balan Wonderworld
Análisis

Análisis de Balan Wonderworld. ¿Descarrila tanto la aventura mágica de Yuji Naka?

Versión comentada: PS5

El nuevo juego de los creadores de Sonic, Yuji Naka y Naoto Ohshima, llega para presentar un mundo surrealista y mágico. La premisa inicial es muy bonita, pero... ¿Cumple como un plataformas 3D?

No todos los días puede uno descubrir un videojuego concebido a "pachas" por Yuji Naka y Naoto Ohshima, los creadores de Sonic the Hedgehog. Cada uno de ellos, programador del juego el primero y diseñador de personajes el segundo, ha seguido carreras muy diferentes, pero varios años después (su última cooperación tuvo lugar en Sonic Adventure), vuelven a colaborar dentro del nuevo grupo Balan Company, que pertenece a Square-Enix.

Naka dirige este Balan Wonderworld (y Ohshima diseña los personajes, como era de esperar), que acaba de llegar a todas las consolas actuales y PC. Es un juego que ha estado dando mucho de lo que hablar estos últimos días, como ahora veremos. A grandes rasgos, se trata de un juego de plataformas en 3D, organizado en turno a un hub desde el que accedemos a los 12 mundos, cada uno de ellos con sus correspondientes actos. Vamos, al estilo de clásicos como Super Mario 64, pero aportando varias ideas de su propia cosecha.

La historia de Balan Wonderworld gira en torno a dos niños, Leo y Emma, que parecen estar preocupados por algún motivo. ¿Han perdido su corazón? Cuando van por la calle, descubren el mundo mágico de Balan, un ser que quiere ayudar a las personas que ya no encuentran el rumbo de su felicidad. Al iniciar la partida, elegimos jugar con el chico o la chica (no afecta para nada al desarrollo) y viajamos a la Isla Tim, ese hub del que os hablábamos.

Balan Wonderworld

Desde ella, entramos en los diferentes mundos, cada uno de los cuales está ambientado en la historia de alguna persona frustrada: una amante de los pájaros que ve su bosque edificado, un niño que quiere crear una máquina para volar pero no lo consigue...

En un principio, cada uno de estos mundos tiene dos actos y al superarlos viajamos al duelo contra un jefe final, que es una manifestación de la frustración del protagonista de ese mundo. Al derrotarlo, la persona queda "purificada" y lo celebra con un baile junto a nuestro personaje.

Así, la ambientación de Balan Wonderworld tiene un tono infantil (en el mejor sentido posible), surrealista y muy buenrollero, que por supuesto se traslada a la gran aportación del juego: su ingente cantidad de disfraces. Y es que nuestro personaje es capaz de "transformarse" en un total de... ¡80 estados diferentes! Y cada uno con una habilidad propia. Por ejemplo, podemos ser un pingüino que se mueva mejor por el hielo, un conejo capaz de parar el tiempo en ciertos tramos o una pieza de ajedrez que dispare en 4 direcciones a la vez.

Algunos de estos disfraces serán obligatorios para superar los niveles en los que los encontramos, mientras que otros pueden servir solo de apoyo o para obtener ítems secundarios. Aquí llega uno de los grandes atractivos y, a la vez, un gran problema del juego: hay taaaantos disfraces que muchos acaban siendo excesivamente parecidos entre sí en cuanto a su utilidad (llegar a una plataforma lejana, por ejemplo), mientras que otros tienen usos tan, tan puntuales, que resulta complicado recordar en qué acto de qué mundo había una parte donde nos venían bien.

Balan Wonderworld

Y es que solo podemos llevar 3 disfraces a la vez (basta con pulsar un gatillo para pasar de uno a otro). Si encontramos un disfraz más, el último de nuestra lista desaparece. Para poder cambiar entre los que hubiéramos desbloqueado previamente, hemos de llegar a ciertos checkpoints del escenario que nos permiten acceder a nuestro vestuario. Allí, tendremos disponibles los trajes que hayamos cogido y se hayan "quedado en recámara". Pero ojo, si agotamos los usos de un disfraz, tenemos que volver a encontrar el icono correspondiente a ese disfraz en el acto que toque...

Vamos, que poder usar un disfraz concreto en un punto exacto puede suponer un jaleo realmente innecesario. Esto puede llegar a convertirse en un problema al avanzar más en el juego. Y es que, para desbloquear los nuevos mundos, necesitamos encontrar un número concreto de estatuillas de Balan, algo así como las estrellas de Super Mario 64. Cada acto esconde varias de ellas y también podemos obtener de 1 a 3 en función de lo bien que combatamos contra los jefes finales.

Balan Wonderworld

Pero en las fases más avanzadas, las estatuillas no solo estarán muy escondidas, sino que además requerirán el uso de disfraces muy concretos, algo que, como hemos visto, puede suponer un embrollo. El resultado de esto es que, cuando hayamos llegado al mundo 6 y queramos desbloquear los 3 siguientes, seguramente tendremos que revisitar una y otra vez los actos previos y escudriñarlos a fondo para intentar dar con las estatuillas de marras...

Es una pena, porque superar cada nivel en sí no suele ser muy complicado. Tanto el plataformeo como los pequeños puzzles para avanzar tienen un buen equilibrio para cualquier tipo de jugador, pero es al buscar esos items secundarios cuando la cosa se enrevesa de más.

Balan Wonderworld

Aparte de las estatuillas que, como hemos dicho, acaban siendo necesarias, los escenarios están llenos de cristales de color que hemos de usar para alimentar a los Tims, unos pajarillos (que recuerdan claramente a los Chaos de Sonic Adventure) encargados de restaurar un reloj de su Isla. Cuando ese reloj y su mecanismo estén arreglados, desbloqueamos nuevos desafíos en cada mundo.

Los escenarios también esconden huevos para aumentar nuestra "colección" de Tims y unos sombreros que nos llevan a una fase de bonus especial, en la que hemos de superar un sencillo quick time event mientras Balan se enfrenta a las fuerzas que atormentan a los protagonistas. Para rematar, hay algunos puntos que desbloquean minijuegos deportivos (tiros de penalty, bolos...) para ganar unos cristales extra.

Balan Wonderworld

Vamos, que hay una enorme cantidad de desafíos, lo que da mucha variedad a la aventura, si bien estos desafíos están explicados de forma muy irregular (al principio, no sabemos para qué sirven los diferentes elementos de la isla Tim o cuál es el propósito real de los cristales, por ejemplo) y eso hace que no todos los objetivos secundarios sean interesantes al principio: si no sé lo que voy a conseguir con ello, ¿por qué dedicar minutos y minutos a esa tarea?

Balan Wonderworld

El último gran inconveniente de Balan Wonderworld es su cámara. Esta tiende a recolocarse sola detrás del personaje, lo cual entorpece el avance en muchas ocasiones. Por suerte, podemos cambiar la cámara a modalidad manual desde las opciones, pero eso no evita que a veces se atasque en ciertos puntos del mapa donde apenas tenemos visibilidad. Y en juego como este, en el que hay que buscar a fondo y saltar en las tres dimensiones, puede ser una traba importante.

Entonces, si hay tantos problemas, ¿por qué no hemos bajado más la nota de este juego? Porque, por otro lado, tiene algunas facetas que consiguen calar de verdad. Para empezar, el apartado gráfico tiene diseños de personajes muy sencillos, pero entrañables, con disfraces que pueden parecer naïf, pero que guardan mucho encanto.

Balan Wonderworld

Los escenarios, que son representaciones de los sueños frustrados, ofrecen momentos surrealistas muy potentes: los protagonistas de tamaño gigantesco observándonos, ballenas voladoras sobre las que saltar para caminar sobre su lomo, ríos suspendidos en el aire por los que buceamos...

Ese tono onírico es realmente embriagador por momentos y apela a un público objetivo que no debemos olvidar: los niños. A título personal, os puedo comentar que preparé la review mientras mi hijo de 5 años me observaba jugar. Y él se quedaba embelesado al ver cómo un niño disfrazado de locomotora surcaba los cielos o una persona convertida en araña descubría caminos secretos por el tronco de un árbol.

Por tanto, este plataformas 3D no consigue cuajar del todo en muchos aspectos, pero triunfa en otro que no muchos alcanzan: estimular y hacer volar nuestra imaginación. Y eso es algo a tener en cuenta. En cierto modo, recuerda a ese Nights: Into Dreams que el propio Naoto Ohshima dirigió y Yuji Naka produjo.

Balan Wonderworld

Por eso, el modo multijugador (para dos y solo en local) puede ser una buena opción para que unos padres jugones disfruten con sus hijos: hay que colaborar y combinar las habilidades de los respectivos disfraces para llegar al final del nivel.

No queremos terminar sin hablar de la música, obra de Ryo Yamazaki (que ha participado en varios Final Fantasy), una preciosa mezcla de estilos, desde el music hall hasta los tonos tribales o las melodias celtas, que ayudan a potenciar ese estilo onírico del conjunto. Sin duda, esta es una de las mejores piezas del producto.

En definitiva, Balan Wonderworld nos ha dejado un sabor agridulce. Hay muy buenas ideas sobre la mesa, mucha imaginación y una "puesta en escena" que ofrece numerosos destellos de brillantez, pero a la vez da la sensación de que no ha habido filtro a la hora de presentar las habilidades de los jugadores y los desafíos. Hay demasiados poderes redundantes, demasiado desequilibrio en los retos de los escenarios y la cámara y, a veces, una información demasiado escueta sobre lo que se espera de nosotros al ponernos al mando.

Balan Wonderworld

El juego ha recibido críticas feroces de algunos medios y usuarios y, aunque desde cierta perspectiva es fácil estar estar de acuerdo (sobre todo, teniendo en cuenta que la "broma" sale por 60 euros), también es cierto que el juego reproduce ese cierto encanto infantil en el que se inspira, como si fuera el dibujo de un niño: los trazos son muy irregulares, pero su alegría llega a ser contagiosa por momentos.

Valoración

Sentimientos encontrados: en lo puramente audiovisual, es una experiencia surrealista que consigue calar. En lo jugable, los problemas de cámara y de diseño de niveles pueden llegar a frustrar. Puede gustar al niño que hay en ti... Si ese niño es paciente.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

La alegría e ingenuidad en la ambientación. La variedad de disfraces y escenarios.

Lo peor

El diseño de los desafíos es muy irregular, por culpa de la gestión de los disfraces. La cámara puede ser un verdadero incordio.

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