Concrete Genie
Análisis

Análisis de Concrete Genie, la aventura artística para PS4

Por Daniel Quesada

Versión comentada: PS4

La lista de juegos con un toque más artísticos para PS4 sigue creciendo gracias a este Concrete Genie, la nueva aventura de los chicos de Pixel Opus, responsables de Entwined. Pero mientras que aquel juego era excesivamente irregular en su planteamiento y forma de juego, aquí encontramos una propuesta mucho más sólida, pero igualmente original.

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Concrete Genie nos lleva al pueblo ficticio de Denska, que poco a poco se ha ido despoblando y deprimiendo por culpa de unos vertidos de crudo y una extraña oscuridad que lo invaden todo. Entre los pocos habitantes que quedan está Ash, un chico que se refugia de la depresión del pueblo pintando toda clase de criaturas fantásticas en su cuaderno. Un día, los matones del barrio le rompen el cuaderno y desperdigan sus diseños por todo el pueblo. Al llegar al faro, consigue un pincel mágico que le permite no solo dibujar monstruos (esos genios que aparecen en el título), sino darles y vida e interactuar con ellos... Aunque estén restringidos a las paredes de la ciudad. Con su ayuda, intentará llenar de color y borrar la oscuridad de Denska.

Así arranca el desarrollo de una aventura en tercera persona que nos invita a explorar poco a poco el pueblo. Siempre que veamos zonas con bombillas apagadas, hemos de usar el pincel para pintar en la pared próxima el diseño que prefiramos, lo que hará que las bombillas se enciendan. Cuando todas las de un tramo estén encendidas, podremos usar la llamada super pintura para borrar las zonas contaminadas por la oscuridad. ¿Y cómo llenamos nuestro medidor de super pintura? Para ello, primero tenemos que dar vida a nuevos genios y alegrarlos para que nos manden su energía.

En ciertos puntos del mapa podemos crear a esos genios: elegimos un diseño base y lo plasmamos en la pared; después, podemos añadirle matices como cuernos, colas y cualquier otra decoración. Cuando queramos, podemos dotarlo de vida y él comenzará a moverse por la pared. Los genios no hablan, pero sí hacen muecas que nos dan pistas de sus emociones y, en ciertos momentos, nos pedirán con un bocadillo que pintemos algo concreto en la pared (para lo que debemos haber encontrado previamente el diseño adecuado en una hoja de la ciudad).

Una vez satisfacemos su deseo, el genio nos da esa energía, pero también puede ayudarnos a acceder a nuevas zonas del escenario en función de su naturaleza: los genios de fuego pueden quemar telas rojas que abran otras rutas, los eléctricos pueden activar ciertas máquinas y los de viento desplazan objetos marcados en azul.

A medida que avanzamos en la historia de Concrete Genie, vamos acumulando una pequeña "pandilla" de genios que nos siguen siempre que haya paredes o techos conectados en su camino, pues solo pueden desplazarse por ahí. Si necesitamos que acudan a algún punto exacto, podemos llamarlos con L1. Todo esto da pie a algunos puzzles consistentes en buscar la forma de acercar a los genios a zonas clave donde puedan interactuar para abrirnos el paso.

Concrete Genie

Pero también hemos de tener cuidado con los malotes que quieren darnos una paliza. Ellos siempre están en alguna zona cercana y, si nos ven, nos perseguirán para meternos en un contenedor, así que hemos de buscar la forma de distraerlos para que nos persigan, escabullirnos hasta donde estaban originalmente y pintar lo que sea necesario allí.

A la hora de explorar los escenarios, solo podemos desplazarnos o saltar para colgarnos de salientes y otras plataformas, pero no podemos atacar a los malotes. Cuando nos toca pintar, pulsamos un gatillo y se despliegue un menú con los diseños disponibles. Lo seleccionamos y usamos el sensor de movimiento del DualShock 4 para dirigir el pincel sobre la pared. Al principio, esto despista un poco, porque pasamos de un control muy clásico a ese tipo de jugabilidad por captura de movimiento, pero al final resulta muy cómodo para dibujar los trazos justo como queramos. Aún así, si nos convence, podemos activar la opción de usar el stick para esa tarea.

Concrete Genie

Así pues, esta no es una aventura de acción, sino una de exploración, con bastantes toques de puzzles y algo de infiltración, que invita a moverse con calma, a experimentar con nuestras creaciones y dejarse contagiar de la estética del viaje. Consultar el mapa es necesario en bastantes ocasiones, pero los escenarios no son muy grandes y es complicado quedarse atascado mucho tiempo.

Sin embargo, la cosa toma un giro bastante drástico en el tramo final de la aventura y, sin entrar en spoilers, el ritmo y la forma de jugar suben en intensidad, lo que hace que pierda parte de ese discurso reflexivo y creativo que teníamos hasta entonces. Todo acaba de una forma bastante satisfactoria, pero está claro que la última hora de juego (completar la historia os llevará 5 ó 6 horas) pierde un poco de fuelle, justo cuando la dinámica de los puzzles y su complejidad se volvían realmente interesantes.

Concrete Genie

A pesar de ello, Concrete Genie es un juego muy especial por diferentes motivos. Por un lado, está su particular apuesta estética, que va desde los originales grafitis y monstruos que diseñamos (ojo a sus encantadoras animaciones y ruiditos, que os harán encariñaros con ellos enseguida) hasta los propios personajes protagonistas: en vez de ojos y bocas tridimensionales, tienen texturas que parecen animadas como en una película de stop-motion a lo Coraline o Pesadilla antes de Navidad, lo que les da un toque muy único en un videojuego. Todo ello, acompañado de una música suave e intimista, que acompaña de lujo nuestras sesiones de pintura y exploración. La única pega es que el frame rate es bastante bajo en todo momento, lo que hace que no disfrutemos de toda la fluidez que merece este desarrollo.

Por otro lado, está el mensaje que lanza el juego. En Pixel Opus siempre han tenido muy claro que no querían juzgar la forma en que pintara el jugador, sino que querían invitarle a que diera rienda suelta a su faceta creativa. Eso forma parte de la moraleja que quieren hacernos llegar: cómo nuestra creatividad y el amor por lo hermoso pueden ayudar a sobrellevar los momentos más oscuros. Lógicamente, también hay un alegato por el que dar fuerza a las víctimas del bullying, pero también para comprender que detrás de esos comportamientos abusivos también puede haber dramas personales que merecen ser tratados.

Concrete Genie
Hay algunas escenas de corte animadas de forma tradicional que nos muestran cómo no todo el mundo es malo y que la gente siempre es hostil por algo

Esa defensa del arte frente a la adversidad bebe de influencias (reconocidas por los propios desarrolladores) como Okami (con el que tiene muchas conexiones jugables) o Jet Set Radio.

Si queréis sumergiros en esa variante más artística, el juego presenta dos modos extra: Pintura Libre nos permite recorrer la ciudad sin preocuparnos por los matones, para pintar donde queramos. Por otro lado, la Experiencia VR requiere usar PlayStation VR y nos invita a jugar en perspectiva subjetiva (ojo, necesitáis los dos controladores Move) para pintar e interactuar con los genios en un entorno más controlado. Es solo interesante en sesiones cortas de juego, pero es una experiencia interesante para enseñar a los amigos o los más jovencitos que quieran sumergirse en un entorno así de fantástico.

Concrete Genie

En su conjunto, este juego para PlayStation 4 es una aventura agradable, cálida e inspiradora, que funciona mejor al principio que al final, pero que presenta unos valores que merece la pena explorar. Es corto, pero por los 29,99 euros que cuesta, seguramente convencerá al Banksy (o a la pintora del Ecce Homo) que todos llevamos dentro.

Valoración

Una aventura placentera y artística, que nos anima a reflexionar sobre muchas facetas humanas desde una perspectiva relajada, pero que pierde un poco el rumbo cerca del final.

Hobby

82

Muy bueno

Lo mejor

Su original y acertada apuesta estética. Los valores que promueve.

Lo peor

Cuando de verdad comienza a explotarse la dinámica de juego, se cambia bruscamente a una dinámica menos atractiva. Es demasiado corto.

Y además