Crítica de Blancanieves, una de las películas más controvertidas de Disney

Disney

Crítica de Blancanieves (Snow White), la nueva versión del clásico en acción real con Rachel Zegler y Gal Gadot en los papeles protagonistas. Estreno el 21 de marzo en cines.

Poner en pie una nueva película en acción real de Blancanieves era, honestamente, meterse en un jardín sin ninguna necesidad. Después de haber tenido ya muchas y muy diversas versiones del personaje, ¿qué podría aportar una nueva en 2025?

La pregunta se ha contestado sola: nada, más allá de las polémicas derivadas de cómo llevar a la pantalla a los enanitos del cuento en el siglo XXI sin herir sensibilidades, reformular el rol de la princesa como instrumento de explotación doméstica y redibujar el rol de su salvador, mediante un beso de amor verdadero que en tiempos de debate en torno al consentimiento, trae cola.

En suma, el relato de los hermanos Grimm es difícil de actualizar por la idiosincrasia del momento en el que fue alumbrado que permea la historia de principio a fin. Sin embargo, aquí tenemos a Marc Webb, responsable de la bilogía The Amazing Spider-Man y de seriazas como Por qué matan las mujeres tratando de darle una forma coherente a esta historia escrita por Erin Cressida Wilson.

Hay cosas que funcionan de forma genuina en esta película. La primera de ellas, su protagonista. Rachel Zegler da el do de pecho, y nunca mejor dicho, rezumando el candor que requiere su papel, además de cantar como los ángeles, algo que ya había demostrado sobradamente en West Side Story.

Estamos ante un musical pero la guionista toma en cuenta el humor y la redefinición de roles de películas como La princesa prometida a la hora de desarrollar el romance entre Blancanieves y Jonathan, a quien da vida Andrew Burnap (WeCrashed) con acierto. 

Es de largo el personaje que más ha cambiado en esta adaptación y ¡sorpresa! ¡Funciona! Hay química entre los intérpretes y, aunque en un plano muy inocentón y sencillo, se encarrila bien esta trama que era difícil de hilvanar de forma políticamente correcta sin restarle romanticismo.

Los elementos que lastran la película son la puesta en escena, fea, torpe e incluso a veces tétrica y la interpretación de Gal Gadot de la malvada madrastra. 

Ni su registro vocal está a la altura de las circunstancias (¿por qué se empeña en forzar los tonos graves?, ¿por qué no llega a los agudos en las canciones?, ¿por qué trabaja tan mal?) ni el enfoque del personaje, a medio camino entre lo caricaturesco y lo ridículo, le hacen justicia a la gran antagonista de Blancanieves.

Es algo digno de estudio porque una de las cuestiones más criticadas antes del estreno era que eclipsaría a la protagonista, pero ha habido una confianza ciega tal en su aspecto físico (su belleza es innegable) que se ha pasado por alto la exigencia de la película en otras parcelas. Aquí Wicked dio un recital de buenas decisiones, así que se puede hacer, no es pedir peras al olmo.

A pesar de que nos encontramos en una edad dorada de los efectos especiales, que nos permite disfrutar de animaciones hiperrealistas de animales que resultan casi indistinguibles de la naturaleza cuando es necesario, en Blancanieves se ha optado por una decisión extraña: los animalitos que acompañan a Blancanieves se mueven como los reales pero su aspecto está modificado para ser más expresivo.

Así tienen los ojos más grandes, los colores más saturados o los rasgos faciales acentuados, creando una sensación de extrañeza que resulta tan desagradable como el aspecto de los enanitos, cuyos rostros se han animado mediante captura de movimiento.

Se pretende que sean amables, pero hay momentos en los que asustan y su aspecto es más desagradable y antiestético que otra cosa, haciendo que sea casi imposible empatizar con ellos. 

Tampoco es que sus personalidades estén marcadas en esa huida desaforada de los estereotipos estigmatizantes, lo que deja vía libre a Mudito para ser el que más destaca de todos ellos y tiene un arco de desarrollo emocional más amplio.

Blancanieves tiene un problema adicional con el que lidia de manera irregular a lo largo del metraje. Quiere reescribir tantas cosas para adecuarlas a los tiempos que corren que se mete en su propia trampa: al no querer ofender a nadie ha terminado ofendiendo a todo el mundo por los motivos más inverosímiles.

Y trata de arreglarlo de forma tan desesperada que el proyecto no tiene identidad propia ni alma. Es como una colección de recortes en la que hay un batiburrillo de referencias que no casan entre sí.

Disney, en suma, rubrica con esta película su aciago sino si se cumplen las expectativas de una pobre taquilla: no necesita hacer versiones en acción real de todos y cada uno de sus clásicos animados sino invertir en nuevos proyectos, pasar página y buscar el éxito en la innovación. Está drenando su catálogo del tal manera que va a terminar emborronando un grato pasado.

Valoración

Nota 50

No es tan terrible como vaticinaba el odiado tráiler, pero definitivamente tampoco es buena. Mientras que la protagonista y su parteneur masculino le aportan encanto a esta nueva versión, hay demasiados elementos que distorsionan su trabajo desde la puesta en escena hasta el diseño del resto de los personajes.

Lo mejor

Rachel Zegler le aporta su encanto y capacidad vocal al personaje: irradia candor y cumple con creces.

Lo peor

Gal Gadot firma el peor papel de su carrera. El diseño de producción de la película es feo, el montaje irregular y el diseño de los enanitos... ¡pf!

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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