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Dynasty Warriors
Análisis

Crítica de Dynasty Warriors: la disparatada adaptación del videojuego en Netflix

Crítica de Dynasty Warriors, dirigida por Roy Chow y escrita por To Chi-Long y Luo Guanzhong. La película de produccion china estrenada en Netflix está basada en el popular videojuego «hack and slash» de Koei, con Louis Koo, Suet Lam, Wang Kai, Ray Lui y Justin Cheung entre sus protagonistas. El estreno de Dynasty Warriors en Netflix España es el 1 de julio de 2021.

Uno de los eternos debates alrededor de los videojuegos y sus proyecciones narrativas más allá de su plataforma de origen vuelve a la palestra. Netflix acaba de estrenar Dynasty Warriors, una producción China-Hong Kong basada en el popular videojuego «hack and slash» de Koei Games, y es nuestro turno para ver a qué club de las adaptaciones de videojuegos al cine pertenece.

La película de Netflix está dirigida por Roy Chow, pero su lanzamiento oficial ha sido un camino lleno de obstáculos. Dynasty Warriors tenía previsto su estreno en 2017, pero no fue hasta mayo de 2021 cuando llegó a la taquilla de Hong Kong para alcanzar el primer puesto en el fin de semana, además de en China y Taiwán que en total le han reportado algo más de tres millones de dólares de recaudación.

Dynasty Warriors nos sitúa en los últimos coletazos de vida de la Dinastía Han y los Tres Reinos, que a su vez se inspira en la novela histórica de El Romance de los Tres Reinos. Dong Zhuo (Suet Lam), una suerte de dictador, se hace con el control de la corte y del pueblo, pero los héroes de todo el país se reunirán para hacerle frente.

Con los dedos de una mano tendríamos más que suficiente para intentar sumar éxitos en la gran pantalla del mundo de los videojuegos. Nunca a gusto de todos, la mayoría de las producciones han sucumbido ante la «maldición» que no es otra que la de reconvertir los resortes funcionales de la interacción del jugador en vínculos emocionales que los liguen a la pantalla.

Dynasty Warriors

En HobbyConsolas hemos analizado un abanico infinito de ellas que puedes repasar en nuestro reportaje Del juego al cine, aunque las más destacadas de los últimos años — cogidos con pinzas — han sido los lanzamientos de Warcraft: El origen, Detective Pikachu y Sonic.

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Entrar en el olimpo de los videojuegos que triunfaron en el cine es tan probable como ver a Arnold Schwarzenegger embarazado. ¿Ha pasado? Sí. ¿Todavía tenemos escalofríos? También. Y después del visionado de hoy parece que no van a ser los últimos.

El éxito de Dynasty Warriors llega basando su experiencia interactiva como videojuego en la acción desenfrenada, y su éxito ha propiciado que ya existan nueve lanzamientos de la línea principal, junto a otros tantos adicionales. La dinámica es simple: enfrentarte a cientos de personajes a la vez con un héroe tan poderoso con el que fueron los precursores del género conocido como «musou».

Trasladar esa épica tan grandilocuente al cine era un reto a la altura de grandes producciones asiáticas que, como ya nos ha pasado con lanzamientos como The Wandering Earth o El Maestro del Yin y el Yang, pueden llegar a sorprendernos en el apartado técnico. Pero este Dynasty Warriors es un despropósito en todos los apartados a los que se presenta.

Una gran producción con la locura absurda de la serie B

Empecemos por la secuencia de inicio. Con textos impresos en pantalla, nos resumen a una velocidad insoportable para la lectura la situación en la que se encuentra la Dinastía Han, con nombres y detalles tan concretos que hacen imposible su entendimiento para un neófito en la materia. 

Mientras tanto, nos muestran los paisajes neozelandeses donde se rodaron gran parte de estos exteriores con una fotografía que debe trasladarnos a su mundo de fantasía épica.

Y digo debe, porque no lo consigue. La composición tiene un pase, pero el vago uso del color no ayuda a dar forma a lo que está a punto de acontecer: una batalla de magnitudes bíblicas. Dos ejércitos colosales se enfrentan en campo abierto con dos líderes en ambos bandos cuyos vestuarios son una caricatura de su posición de poder.

El CGI, como decíamos en anteriores líneas y con sus casi 40 millones de dólares de presupuesto, invita a convertirse en el vehículo que traslade la épica fantástica de la saga de videojuegos. O, en su defecto, a suplir una parte de las carencias de la fotografía. Pues ni uno ni lo otro; la delgada línea que separa los efectos visuales funcionales del esperpento de la serie B es muy fina, lo que termina de dinamitar que podamos afrontar la película con mayor seriedad.

Dynasty Warriors

Esto no tiene por qué ser malo. Hemos disfrutado con producciones colosales tan absurdas que el palomitero que llevamos en nuestro interior celebraría con un puñado de maíz por los aires. El problema de ese estigma es la autoconsciencia, y, aunque no estamos ante tal caso, al minuto de metraje ya sabemos que podemos levantar las manos y disfrutar del aire en la cara.

Las interpretaciones están permanentemente sobreactuadas y, en muchas ocasiones, reaccionan de formas tan espontáneas que rompen cualquier intento del espectador occidental tradicional por sumergirse en la trama. Y es que tampoco la trama lo pone fácil; su estructura narrativa es el reflejo del caos que se cierne sobre el resto de sus elementos.

La banda sonora es absolutamente olvidable y la mezcla de sonido nos ofrece diálogos tan despegados de sus caras que no podremos evitar tener una mueca de extrañeza en cada diálogo disparatado del guion.

Quién dijo «fan service»

Turno para la pregunta del millón: ¿qué pasa con los fans de la saga de Dynasty Warriors? El casting, al margen de sus estrambóticas actuaciones, encaja con los patrones físicos originales y sus desmedidos poderes son tan absurdos que, desprendidos de algunos prejuicios no podrán quitarse la sonrisa de la cara.

La película disponible en Netflix es prácticamente un gag de proporciones inimaginables con los que hacer un guiño a los jugadores que llevan años siendo fieles a la saga. Los ataques de cada uno de los guerreros y sus efectos, los atuendos e incluso sus estilos de combate siguen milimétricamente hasta el ridículo a los originales del videojuego.

Como en el propio «hack and slash», cada héroe tiene su set de movimientos y habilidades especiales con los que encadenan combos para derrotar a cientos de enemigos de una tacada. Son semidioses que la propia cámara refleja con innumerables planos aéreos que pretenden realzar su altura y su poder.

Live Action Dynasty Warriors

Sin la perspectiva de los videojuegos, el espectador medio occidental se encontrará con una película sin pies ni cabeza y con resortes narrativos y visuales que romperan sus esquemas en un sentido poco disfrutable. El fan empedernido, seguramente, encontrará ausencias insoportables, licencias y pretensiones que le decepcionen.

Los ganadores serán, cómo no, aquellos que hayan podido o no disfrutar de la saga y se adentren en este vasto y ridículo mundo de fantasía como el que va a compartir unas risas entre cervezas con los amigos. Viendo la factura y el presupuesto, no parecía la intención de sus creadores, pero es lo máximo que puede ofrecer a sus espectadores: diversión disparatada a su costa.

Valoración

La película de Dynasty Warriors es un absoluto caos, tan demencial como la acción de sus videojuegos, pero enmarcado en un despropósito en el que ni las interpretaciones, ni los escenarios, ni el CGI o la música pueden hacer de ella más que un disparate del que reír ante el absurdo.

Hobby

40

Malo

Lo mejor

Es un disparate tan absurdo que te lo puedes pasar a lo grande a su costa.

Lo peor

En un conjunto con tan poca cordura, sus pretensiones empeoran aún más sus posibilidades.

Y además