Crítica de El juego de las llaves, el remake de la serie mexicana que aporta poco y divierte menos

El juego de las llaves

Crítica de El juego de las llaves, la comedia protagonizada por Miren Ibarguren, Eva Ugarte y Tamar Novas. Estreno en cines el 13 de abril de 2022.

Contamos con un subgénero bien nutrido de títulos patrios que congracian comedia y erotismo... o que lo intentan, al menos.

Salieron airosas películas originales y desenfadadas como Kiki, el amor se hace o Sentimental y bastante más apaleadas Amor en polvo, Donde caben dos o Poliamor para principiantes. Y eso que esta última hacía ímprobos esfuerzos por comprender la complejidad de las relaciones humanas y hasta clarificaba términos de nuevo cuño en nuestro "lenguaje sexual".

Ahora le toca el turno a El juego de las llaves, la adaptación de una serie mexicana disponible en Prime Video que conserva el título, la trama principal y muchas situaciones, aunque varía los personajes y les da nuevos contextos para adecuar la historia a nuevas coordenadas espacio-temporales.

La serie consta de dos temporadas de diez y ocho episodios respectivamente y ha renovado por una tercera... del éxito de la película aún no podemos hablar, dependerá del juicio de la audiencia.

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Tráiler de El juego de las llaves, la película basada en la serie de Prime Video

El juego de las llaves nos presenta a tres amigas unidas por una misma situación: sus parejas no están a la altura para satisfacer sus expectativas.

Laura (Eva Ugarte), ha compartido toda su vida con Antonio (Ricard Farré), que se muestra apático y prefiere ver una serie a acostarse con ella. Nota cómo la pasión se ha esfumado de sus vidas y continúan juntos con el piloto automático activado.

El marido de Cris (María Castro) lleva meses sin ponerle una mano encima y solo se preocupa por su perro y sus ejercicios de musculación y Raquel (Miren Ibarguren) siempre tiene ganas de experimentar cosas nuevas con su pareja (Tamar Novas), que le sigue el ritmo en la cama pero no en las responsabilidades del hogar.

El encuentro fortuito de Laura con su amor platónico del instituto Sergio (Fernando Guallar) y su jovencísima novia Siena (Justina Bustos), con quien mantiene una relación abierta, será el detonante para que prueben "el juego de las llaves", un intercambio de parejas de consecuencias inesperadas que dará pie a grandes cambios en sus vidas.

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Amar

Lo primero que hay que decir de El juego de las llaves es que es una película que nace fallida de base porque no consigue en ningún momento ser divertida a pesar de que llegar a ser muy bruta. Hay más momentos sonrojantes por lo pasado de vueltas que está el guión que los de reír a carcajada limpia, así que por desprejuiciada que parezca ser, no consigue su primer y más obvio objetivo.

La delimitación de algunos de los personajes roza el patetismo en la medida en la que ven el sexo como la única alternativa para ser felices llenando con eso el vacío de su fracaso profesional, sentimental o familiar.

Tampoco es que su comportamiento sea demasiado adulto: toman decisiones de las que se retractan, engañan, manipulan y, en suma, es difícil empatizar con ellos porque son bastante antipáticos... y mucho más carcas y conservadores de lo que cabría esperar de personas dispuestas a tener relaciones abiertas, intercambios de parejas y hasta orgías.

Aparte de una única mención a los "globos que no pueden faltar en una fiesta", es decir, los preservativos, hay poca o ninguna preocupación por el sexo seguro entre los implicados, algo que resulta llamativo entre tanto intercambio de fluidos. 

Entonces, visto que el humor no funciona y que el didactismo no es lo suyo, lo esperable es que al menos la cinta manejara con tino el morbo... algo que tampoco se encuentra entre sus virtudes. El reparto defiende como puede sus personajes, pero los diálogos y situaciones en las que se meten no tienen salvación. 

La inclusión de un personaje homosexual entra con calzador en El juego de las llaves, que se mete también en el jardín de la inclusividad para patinar sin remedio. Y luego están los cameos: Lidia Torrent pasaba por allí y dice sus líneas mientras que Mikel Erentxun canta uno de sus temas más conocidos del mítico álbum "Canciones" de Duncan Dhu "No puedo evitar (pensar en ti)". ¡Toma nostalgia!

No es lo único bueno: se aprecia la voluntad, desde el diseño de producción, de hacer las cosas "bonitas" pero ya hemos tenido bastantes orgías de máscaras tipo Eyes Wide Shut en doscientos refritos distintos como en la serie Instinto o en películas como Cincuenta sombras de Grey. Huele a quemado y resulta ya hasta poco sexy por trillado.

El juego de las llaves va de estereotipo en estereotipo sin salirse demasiado de la fórmula para llegar a una conclusión que resulta igualmente insatisfactoria. Veredicto final: no es un visionado orgásmico. Le falta mordacidad, ambición y originalidad.

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VALORACIÓN:

Aunque a nivel técnico El juego de las llaves funciona, argumentalmente no: ni cumple como comedia descerebrada y morbosilla ni termina de ser tan moderna y subversiva como pretende a la hora de retratar las relaciones íntimas de un grupo de adultos que se comportan como niños.
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LO MEJOR:

¡Mikel Erentxun! Que concentra una serie de 10 episodios (¡y sorprendentemente varias temporadas!) en una película. Acorta el sufrimiento, vamos.
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LO PEOR:

Todo lo demás: no es divertida, tira de clichés insostenibles y es un "quiero y no puedo" con las escenas subidas de tono.
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50

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