Crítica de Splinter Cell Deathwatch, un despiadado homenaje al legado de Sam Fisher para Netflix

Crítica y valoración de Splinter Cell Deathwatch, la serie de Netflix en la que Sam Fisher vuelve al servicio como agente del Fourth Echelon.

Hubo un tiempo fugaz en el que, al igual que se enfrentaban FIFA y Pro, los amantes de la infiltración dudaban entre Metal Gear y Splinter Cell. Las aventuras de Sam Fisher no solo eran exigentes en lo jugable y lo técnico, sino que abordaban un argumento apasionante para fans del espionaje. Ahora, el legado continúa con Splinter Cell: Deathwatch, la serie que ya está en Netflix.

Son solo ocho episodios de menos de media hora cada uno, creados por FOST Studio (Wolfwalkers) y, por supuesto, apadrinada por la división audiovisual de Ubisoft, que busca un cierto resurgir de la saga. De hecho, para la ocasión, el juego Splinter Cell Pandora Tomorrow acaba de llegar por sorpresa a Steam.

Más de 10 años después de Blacklist, el último juego de la serie, la acción se sitúa en nuestro presente, siguiendo un nuevo orden mundial y... empresarial. 

El argumento conecta con los acontecimientos de los juegos y nos muestra tanto el legado del controvertido Douglas Shetland (que recordaréis en Chaos Theory) como el de Displace International o el Fourth Echelon. Veremos a varios viejos conocidos volver al ruedo.

Por supuesto, el propio Sam Fisher es el más importante. Siguiendo los tópicos de estas historias, Sam ya es casi un anciano que se ha retirado del espionaje, viviendo una vida tranquila en una granja. Sin embargo, cuando una agente más joven del Echelon, Zinnia McKenna, es atrapada en acción, el Fourth Echelon recurre a él como medida desesperada para dar con ella.

A partir de ahí, vamos conociendo una trama en la que Displace International tiene un marcha una sospechosa lucha por las energías renovables y sobre cómo Sam vive con el peso de sus acciones pasadas, a la par que hace de mentor "sabio" de McKenna.

La forma en la que la trama va evolucionando se basa en la dinámica de los juegos, pero más que en los originales, tira más por lo que se narraba a partir de Double Agent, tanto en lo argumental como en el tono: peleas a cara de perro, interrogatorios con tortura incluida, personajes atormentados por sus decisiones...

En ese sentido, nos parece que tanto la estética (cercana a la de producciones como Invencible, pero lógicamente con un tono más realista) como el ritmo están muy bien medidos y resulta muy satisfactorio ver la coreografías de CQC o cómo los guardias van perdiendo la compostura a medida que Sam los elimina desde las sombras.

De hecho, nos gustaría que la acción se centrara más en el propio Sam o vale, en Zinnia (el "relevo generacional"), en vez de ahondar tanto en intrigas empresariales y en otros personajes que cumplen con los arquetipos de las películas modernas de espionaje (el genio informático que pasa de todos, por ejemplo), pero que en realidad no hacen avanzar mucho la trama.

Como era de esperar, hay también algún flashback que nos retrotrae a principios de los 2000, cuando Sam estaba en su punto álgido como agente oculto, pero se centran en ciertos duelos y diálogos importantes para la trama. Hubiera sido interesante ver las acrobacias y los gadgets de esa época en acción.

En cualquier caso, sí que tenemos espionaje y algún momento de burlar defensas a lo Misión Imposible, con el imprescindible regreso de las gafas de visión nocturna.

El propio Sam Fisher (doblado en versión original por Liev Schreiber) es presentado aquí como alguien que, lógicamente, ya no tiene la agilidad de antes, pero que sigue conservando la técnica y el instinto, lo que lo convierte casi en un fantasma para el enemigo.

Eso hace que las peleas sean más instintivas que refinadas, lo que de verdad hace sentir que un movimiento en falso puede acabar con los héroes en la tumba. 

En ese sentido, esos momentos de peleas tensas (y rudas, en las que no faltan muertes muy, muy bestias y sangre sin complejos) son de lo mejor que aporta la serie.

La propia McKenna también supone un personaje interesante, un reflejo para Sam de los errores que cometió en el pasado... pero también un recordatorio de lo verdaderamente importante: la humanidad en sus misiones.

Para terminar, nos quitamos el sombrero ante un episodio final que presenta un clímax capaz de poner los pelos de punta por lo bestia y crudo de lo que se muestra. En general, la animación está a un nivel bastante alto.

Quitando eso, es cierto que los términos generales del argumento son bastante predecibles y que tampoco presenta nada que ponga nuestras concepciones patas arriba.

Es, en definitiva, una serie bastante formulaica, pensada para el jugador veterano o para los que simplemente quieran una historia de espionaje moderno sin mayores complicaciones. 

No llega a la excelencia de otras adaptaciones de videojuegos como la brutal Cyberpunk Edgerunners, pero supone un entretenimiento más que sólido.

Splinter Cell Deathwatch supone un regreso de Sam Fisher que quizá no es tan poderoso como alguno querría, pero que supone una buena oferta de serie animada en Netflix para adultos. Y oye... no seremos nosotros los que digamos que las canas no molan.

Valoración

Nota 77

Aunque quizá adopta menos riesgos de la cuenta, Splinter Cell Deathwatch aporta con efectividad un nuevo episodio al tono, la trama y todo lo que nos gusta de Splinter Cell. Una serie muy disfrutable para fans de la serie o del espionaje en general.

Lo mejor

Las coreografías y la estética general, crudos y efectistas. Ver de vuelta al viejo Sam.

Lo peor

La trama general es algo formulaica y predecible.

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Daniel Quesada

Coordinador de vídeo

Daniel Quesada es coordinador de vídeo y escribe en Hobby Consolas desde el año 2000. Especializado en juegos de actualidad y retro.

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