4 películas de animación españolas que me parecen esenciales y no todo el mundo conoce

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Vengo con dos propuestas de terror y dos biográficas: un cine de animación español más enfocado al público adulto y que emplea diferentes técnicas.
Hay varios largometrajes de animación españoles que se han colado por méritos propios en mi lista de películas favoritas o de películas raras, ¡y no cualquiera tiene el privilegio de acabar en alguna de ellas!
Pero, para que la categoría de “películas de animación española que no todo el mundo conoce” tenga algo más de sentido, me voy a centrar sobre todo en cuatro títulos que no podrás ver de una manera accesible, puesto que no están disponibles en el catálogo ni para alquilar de ninguna plataforma de streaming.
Stop-motion y terror en el cine español

Descubrí El apóstol (O Apóstolo) (2012) por casualidad hace un par de años, gracias a una proyección organizada por la SGAE con motivo de una exposición temporal sobre el cine de animación en España, a la que su director, Fernando Cortizo, acudió para una sesión de preguntas y respuestas posterior.
Lo que más me sorprendió de la película no es que contara con Luis Tosar o Geraldine Chaplin en su reparto, sino que no hubiera sabido de su existencia hasta aquel momento, ¡con lo buena que era!
No estoy hablando tan solo desde mi debilidad por la animación en stop-motion, en este caso estaba ante una cinta muy bien ejecutada pero que además aportaba algo más allá de la técnica: contaba con una historia atractiva que nos acercaba a la mitología Gallega, con especial presencia de la Santa Compaña.
Por eso me da pena ver que Fernando Cortizo no haya llevado a cabo ningún otro largometraje desde entonces y que la película no tenga más visibilidad a través de plataformas como podrían ser Filmin o Movistar Plus+, que sí recogen en su catálogo propuestas como Pos eso (2014) de Samuel Ortí Martí.
Ese es otro buen ejemplo de animación en stop-motion española con componentes de terror -aunque ahí también mezclado con la comedia- que tampoco le permitió a su cineasta seguir explorando la técnica mediante nuevos largometrajes.

Raúl García, por el contrario, sí ha contado con una trayectoria algo más larga que los anteriores cineastas, aunque tampoco ha dado señales de vida en la última década. Después de estrenar El lince perdido (2008), abandonó la ambientación española para recurrir a los relatos de Edgar Allan Poe con Extraordinary Tales (2015), en el que de nuevo nos mantenemos en el género del terror.
Su largometraje era una antología en la que se recogían varios relatos del autor gótico con la peculiaridad de que cada uno de ellos estaba realizado en una técnica diferente.
Esto hace que, aunque tan solo sea por eso, merezca la pena verlo para disfrutar de sus diferentes estilos artísticos que probaban antes que Spider-Man: Un nuevo universo (2018) las posibilidades de la animación por CGI, jugando con estilos que imitaban a las páginas de un cómic, papeles recortados o apostaban por el realismo.

Biografías de animación española
Luis Buñuel me hace mucha gracia desde que mi antiguo profesor de montaje nos puso en clase un fragmento del documental Las Hurdes, tierra sin pan (1933) en el que se narraba cómo el pueblo era tan miserable que hasta las cabras montesas se caían de los riscos en busca de comida.
Una voz que venía acompañada por la imagen de una cabra despeñándose mientras, casualmente, asomaba por un lado de la pantalla el humo provocado por el disparo del cineasta al animal.

Buñuel en el laberinto de las tortugas (2018) de Salvador Simó Busom se ganó mi corazón al momento cuando logré ver en pantalla grande la recreación de esa escena tan memorable que tan solo había podido imaginar hasta aquel día.
Tomando como base el cómic homónimo de Fermín Solís, en la película se utiliza una animación tradicional que no es bonita, por sus bordes afilados y sus colores planos, pero que rezuma una veracidad reforzada por la inclusión en ella de fragmentos de metraje reales.
Para mi desgracia, lo último que hizo este director fue Guardiana de dragones (Dragonkeeper), que sí se puede ver en Movistar Plus+, mientras que la película de Buñuel vuelve a encontrarse desaparecida del mapa.
Siguiendo con las biografías y mi amor por los estilos animados que se salen algo de la norma quiero destacar otra película de ese mismo año: Un día más con vida (2018) de Raúl de la Fuente y Damian Nenow.
Fue una cinta que no me gustó tanto como las anteriores -en la que se narraba la historia real del periodista polaco Ryszard Kapuściński atravesando la guerra civil de Angola-, pero que me parecía atractiva a nivel visual.

Tras un rodaje en imagen real con captura de movimiento, las actuaciones fueron trasladadas al formato digital, en el que se utilizó un estilo de cel-shading para el acabado final, dando como resultado un largometraje en el que, de un modo diferente al de Buñuel pero logrando los mismos resultados, ofrecía una peculiar mezcla entre realidad y ficción.
Todavía podría hablar de varios ejemplos más, pero algunos de ellos son más populares o más accesibles y me apetecía dedicar este espacio a las películas de animación española que, a día de hoy, se han quedado fuera de las plataformas de streaming más famosas, aunque existan otras vías para verlas, como por ejemplo RTVE Play para Un día más con vida.



