Mangas inclasificables en imagen real: cuando Europa y Hollywood adaptan el anime a su manera

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Desde la versión francesa de City Hunter hasta la infame Dragon Ball Evolution: así son las adaptaciones occidentales que transformaron mangas y animes.
La fidelidad de Street Fighter, la versión más reciente en cines, contrasta con adaptaciones cuyos responsables creen saber más que los creadores de los mangas y animes originales.
Para los ejecutivos en los despachos, Japón queda muy lejos: eligen pasar por el filtro occidental historias de ninjas, ladrones o guerreros espaciales, aunque eso implique dejarlas hechas unos zorros.
Vamos a conocer producciones televisivas, películas inclasificables y otras versiones en las que el respeto al material original no figura entre las prioridades del productor.
Cat's Eyes (2024)

El manga de Tsukasa Hojo convirtió a tres hermanas ladronas en iconos. Cuatro décadas después, Francia hizo una serie en imagen real de ocho episodios, que estrena ahora su segunda temporada.
Camille Lou, Constance Labbé y Claire Romain son Tamara, Sylia y Alexia, reunidas para robar una obra vinculada con su padre desaparecido, mientras la policía sigue sus pasos.
La Torre Eiffel, Versalles y otros escenarios son el mayor atractivo de una adaptación “afrancesada”, que prescinde del humor y de todo lo que hizo especial al anime original.
Mutronics (1991)

Tras un título tan psicotrónico se oculta la adaptación de The Guyver, el manga de Yoshiki Takaya, con un Mark Hamill más perdido que un pulpo en un garaje.
Sean (Jack Armstrong) encuentra un dispositivo alienígena que lo transforma en una máquina de combate. Mientras domina sus poderes, una organización secreta intenta recuperar el artefacto.
Los efectos prácticos y las criaturas son lo único salvable de esta adaptación 100% noventera. Llegó a tener una secuela en 1994, con David Hayter como protagonista y que se estrenó en Filipinas con el nombre de… ¡Predator 3!
El puño de la Estrella del Norte (1995)

El anime es el medio natural de Hokuto no Ken. Quedó patente en esta película, que llevó a la imagen real el apocalipsis creado por Buronson y Tetsuo Hara.
Gary Daniels interpreta a Kenshiro, un guerrero que busca a Shin, responsable del secuestro de su amada. Malcolm McDowell se pasea también como el coronel, mientras que Costas Mandylor es el antagonista.
Con un presupuesto que daba para dos cafés y un rollo de cinta aislante, la película hace aguas por todas partes. Eso sí, es perfecta para una noche de risas y cachondeo.
Kite (2014)

No se puede decir que la obra de Yasuomi Umetsu fuese para niños. Sawa, su protagonista, es una joven asesina que persigue a quienes mataron a su padre, dejando tras de sí un reguero de cadáveres.
La versión de acción real tuvo a India Eisley para el papel principal, con Samuel L. Jackson como secundario de lujo. También prometió ser fiel al anime., pero era mentira.
A base de alterar los elementos originales, lo que quedó fue un thriller convencional con pizcas de gore y picante. Apenas recaudó 500.000 dólares en todo el mundo.
Nicky Larson, el Cazador francés

Si alguien podía convertir Cazador en una comedia francesa, ese era Philippe Lacheau, que en City Hunter y el Perfume de Cupido también se reserva el papel de Ryo, conocido en Francia como Nicky Larson.
Aunque mantiene los rasgos del personaje, el humor regional está demasiado presente. Entretiene, pero a años luz de la obra original de Tsukasa Hojo.
A pesar de la enorme popularidad de Nicky en Francia y una buena taquilla, la secuela no salió adelante (a Dios gracias). Es muy superior la adaptación que Netflix estrenó en 2024.
Dragon Ball Evolution (2009)

Hollywood vio a Goku y decidió que había que matricularlo en un instituto estadounidense. Así nació esta adaptación de James Wong, con Justin Chatwin como protagonista.
El joven héroe se enfrenta a Piccolo, mientras vive aventuras junto a Bulma y otros aliados. Chow Yun-fat es el maestro Roshi, muy lejos del viejo verde que todos recordamos.
Como era de esperar, este desastre tuvo una acogida pésima, que se reprodujo en taquilla. Ni siquiera las Bolas de Dragón permitieron que hubiese secuela.
Ghost in the Shell (2017)
Pocas adaptaciones generaron tanta discusión como esta, versión en imagen real del manga de Masamune Shirow. ¿Su primer tropiezo? Blanquear el personaje de Motoko Kusanagi al elegir a Scarlett Johansson.
La película sigue la trama original, con Kusanagi buceando en sus recuerdos mientras busca a un terrorista; pero esa fidelidad era solo apariencia.
Aunque tiene alguna escena potente, la historia ignora las preguntas filosóficas de la película de Mamoru Oshii. Un ritmo letárgico y personajes desdibujados la sentenciaron al olvido.
Los Caballeros del Zodiaco: El inicio (2023)
Con Mackenyu en el papel de Seiya, esta película nació destinada a fracasar. Llevar este manga a la imagen real exigía hacerse en Japón, no en Occidente y con armaduras de plasticucho.
Aquí Seiya es un joven buscavidas que descubre sus poderes para proteger a Sienna, la reencarnación de Atenea. Y de “El inicio”, nada: primera vez y más que merecido final.
Sobre todo, tras mutilar personajes, relaciones y todo lo que hizo único Saint Seiya, para quedarse en una aventura de serie Z. Ni para echar unas risas valió la pena.
Blood: El último vampiro (2009)

Una cazadora de vampiros con katana, una base militar y criaturas escondidas entre los humanos: el anime Blood: The Last Vampire parecía hecho para la acción real, pero fue una mala idea.
Jun Ji-hyun interpreta a Saya, cazadora de monstruos que busca destruir a la poderosa Onigen. Es la trama original, aunque esta versión se lanza a los brazos de la “Occidentalitis”.
El problema es que la adaptación animada era casi un mediometraje, con un ritmo que no daba tregua. Aquí se metió paja para alargar la duración, y el resto de cambios estropeó el resultado.
Cowboy Bebop (2021)

Con todo su estilazo, el anime de Shinichirō Watanabe mezclaba jazz, cine negro, western y ciencia ficción. Netflix decidió trasladar aquella combinación a imagen real: craso error, que diría Schwarzenegger.
Spike, Jet Black y Faye Valentine son tres cazarrecompensas que persiguen criminales mientras sus respectivos pasados les pisan los talones… Tanto como la desgana de los actores.
Además de ampliar las tramas sin ton ni son, la serie alteró todo lo que pudo. Ni siquiera contar de nuevo con la música de Yoko Kanno impidió unas críticas atroces y su inmediata cancelación.
Sailor Moon (1994)

Alguien con tirantes tuvo claro que Sailor Moon necesitaba ser como Salvados con la campana, en un extraño potingue de actrices reales, dibujos y estética de anuncio de cereales.
Toon Makers y Renaissance-Atlantic prepararon un piloto con Victoria y sus amigas, unas heroínas que alternaban escenas de imagen real con secuencias animadas. Pobre Naoko Takeuchi...
Nadie quiso convertir semejante experimento en una serie, que por suerte acabó en un cajón. El piloto reapareció en 2022 y era tan malo como cabía esperar.
Death Note (2017)
Netflix cogió el duelo intelectual entre Yagami y L, lo mudó a Seattle y rebautizó al protagonista como Light Turner, interpretado por un insípido Nat Wolff.
El adolescente con la libreta asesina se las vio con un hábil investigador, en la piel de Lakeith Stanfield. Dos personajes tan “typical anime” que chirriaban por completo en un entorno occidental.
¿Y qué le faltaba al experimento? Romance adolescente, por supuesto. Un desastre que quedó incluso por debajo de las versiones japonesas de imagen real.
¿Qué te han parecido estas adaptaciones que llevan demasiado lejos el estilo occidental? No te pierdas el mejor anime live action, las mejores adaptaciones del videojuego al manganime y los animes que piden a gritos una continuación.
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