Piensa bien lo que haces, que seguro que lo haces mal

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

No sé si os pasa a vosotros, pero yo cada vez me encuentro con más gente (sobre todo en redes sociales, pero también en el día a día) que se empeña en explicarme cómo debo jugar, a qué jugar o de qué modo y manera debo guardar mis juegos. 

Las mujeres estamos acostumbradas a que siempre llegue alguien que te corrija. “Si en vez de poner los platos así, los pones asá, te van a caber más”. “¿No ves que así el agua chorrea? ¿Por qué no friegas tú?”

A mí me han llegado a decir que no cojo bien el mando… ¿No será que si llevo toda la vida jugando así, es que es así como a mí me va bien? (y conste que lo cojo como todo el mundo).

Pero esto de imponer tu manera de ver las cosas a los demás ya ha trascendido al machismo e incluso a las personas metijonas, que toda la vida las ha habido. 

Ahora parece que cualquiera se siente en el derecho de decirte cómo debes vivir tu vida y, si hablamos de videojuegos, no te cuento… 

De la polémica de la dificultad ya habló mi compañero David aquí. Y no necesitó mojarse para demostrar que cada uno puede jugar como le dé la gana… O sacar partido a su burro como quiera. 

Ahora me mojo yo. Yo empiezo las partidas de cualquier juego en la dificultad por defecto. Siempre he pensado que esa es la dificultad que seguramente más se haya testeado, cuidado y equilibrado. Quizá sea una creencia de esas chorras que tenemos a veces y no sabemos de dónde nos llegan. 

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Un compañero tenía la costumbre de pedir siempre, en cadenas de comida rápida, una hamburguesa “con truco”, sin pepinillo, por ejemplo. Decía que así se aseguraba de que se la hicieran nueva, de que no le dieran una que llevara media hora en la cocina. 

Creo que le hice dudar al preguntarle “¿Y no crees que manosean de más una hecha para quitarle pepinillo?”. Las siguió pidiendo igual, porque cada uno cree lo que quiere creer. 

Volviendo al hilo (perdonad, ya sabéis que a cierta edad no puedes evitar acordarte de batallitas), si esa dificultad por defecto me resulta incómoda, miro a ver qué opciones tengo. 

Y, ojo, que me puede resultar incómoda por fácil o por difícil. Que yo soy así de rara: si es un paseo, como que me aburro; pero si es un viaje al infierno, me frustro

Y nadie tiene más derecho que yo a decidir lo que para mí es difícil o lo que no lo es. Es más, influyen un millón de cosas, como tu experiencia en el género, lo atractivo de la historia, que la mecánica te sorprende o hasta tus gustos. 

Me habréis oído decir que soy manca para los shooters subjetivos. Qué le voy a hacer, me desoriento, me pongo nerviosa y acabo disparando a las nubes… 

Dicho esto, hay juegos superfáciles que me gustan, porque la historia me atrapa, porque el desarrollo me relaja… Y juegos muy difíciles con los que he vencido mis ganas de mandarlos al infierno del que han salido, porque, pese a todo, me estaban divirtiendo. Vamos, que no me aclaro ni yo.

Y es que, al final, detrás de todas capas que querías ponerle a un juego, de su diseño, de su historia, de sus texturas, de sus animaciones, de sus efectos, de su dificultad, de su música, de los fps o de los puntitos de resolución, lo importante es que mole. O, mejor dicho, que te mole a ti. Suena noventero, pero me entendéis.

Y lo mismo pasa con el tema del retro. A mí me encanta el enorme interés que se ha despertado por disfrutar y descubrir los orígenes del videojuego. 

Y no solo hablamos de ejercicios de nostalgia de los más viejunos que quieren viajar a su infancia a través de los juegos, también hablamos de nuevas generaciones, ansiosas por probar esos juegos de los que tanto han oído hablar. 

Pero es que ni con esto nos dejan en paz. Para los talibanes del retro, tienes que jugar en la plataforma original, con el soporte original y tener guardado el juego en su caja original

¿Qué es eso de jugar en consolas mini, en recopilaciones revisadas para las consolas actuales, con una consola que se traga todo, con una máquina que emula con licencia como Evercade o tirando de, por ejemplo, Nintendo Switch Online? Mal, eso no es amor por los clásicos y así no se entiende la verdadera experiencia. 

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A veces, lo que hay detrás son los intereses de los especuladores de lo retro, que piensan que si, por ejemplo, juegas a Super Mario 64 en el Super Mario All-Star 3D ya no vas a pagar una pasta por el cartucho original de Nintendo 64. Como si ese fuera el problema.

Otras veces, simplemente, como en el tema de la dificultad, es que hay gente a la que le gusta sentirse superior a los demás y su manera de demostrarlo es pisotear la forma de disfrutar de los otros. No les vale con ser felices con lo suyo, tienen que tirar por tierra la felicidad de los demás.

Y luego están los que están en posesión de la verdad absoluta y se creen en el derecho de exigir que se cambien los finales de juegos o finales de series, que se añada más o menos dificultad, que se hagan más adultos… Que encajen con su manera de ver la vida. Como lo vean los demás (especialmente los creadores), es lo de menos. 

Ya dije una vez que si yo repartiera carnés de Gamer habría menos tontería, porque lo que importa es que juegas, no a qué, ni dónde, ni en qué dificultad. 

Pero qué voy a saber yo, que friego mal los platos, agarro mal el mando y no me da la casa para montarme una habitación con una tele de tubo (imposible jugar a algo retro en una tele 4K) y tener todos mis dispositivos retro listos para ser usados… 

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