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Mi primera Hobby Consolas: Sonia Herranz
Reportaje

Mi primera Hobby Consolas: Sonia Herranz

Ahora que estamos celebrando el 30 aniversario de Hobby Consolas, es buen momento para recordar cómo llegó el primer ejemplar a mis manos… El primero de más de 350, un dato que se escribe en tres caracteres, pero ha costado tres décadas.

Dada la edad que tengo, no creo que a ninguno os sorprenda que mi primera Hobby Consolas fuera, al mismo tiempo, LA primera Hobby Consolas. Eso sí, a diferencia de David Martínez, que la tenía controlada, yo no me enteré de que existía hasta que la tuve en mis manos. 

Todos los artículos del Especial 30 aniversario de Hobby Consolas

En esa época estaba casi descolgada de los videojuegos. Tras la muerte de mi Spectrum, me consolaba con algunas partidas en casa de una amiga a uno de los primeros PC, en el que su padre nos dejaba jugar a aventuras conversacionales. 

También apuraba la vidilla a una vetusta Atari y me paseaba, sin la ilusión de antes, por los salones recreativos, donde seguían llamando mi atención los matamarcianos estilo Phoenix, Scramble o 1942. Y me salió una ampolla en el dedo del gatillo de tanto jugar a Operation Wolf (los arcades de pistola siempre han sido mi debilidad). Sin hacerle ascos a Golden Axe, Double Dragon o Final Fight.

Operation Wolf

Pese a todo, no le prestaba la misma atención… hasta que una NES cayó en mis manos. Mi novio de entonces (y actual marido) se compró una con su primer sueldo (casi la mitad). La compró con Castlevania, porque le gustaba la carátula. Así se compraban juegos entonces. Luego llegaría Super Mario Bros, más tarde Track and Field… y volvió mi pasión por eso de jueguitos. 

Con mis escasos recursos (daba clases particulares, repartía publi, entrenaba a un equipo de basket de un colegio…), yo no podía permitirme la máquina, pero sí ayudarle a completar la colección. Cayó The Legend of Zelda (dibujamos un mapa a mano para saber dónde habíamos puesto ya bombas y dónde no) y un genial Battle of Olympus, que nos encandiló. Aunque estuvimos a punto de devolverlo: no nos habíamos dado cuenta de que se podía entrar por las puertas que no estaban al final de escenario, de scroll lateral, por supuesto. ¡Menuda innovación!

Fue él el que se fijó en el anuncio de televisión de una revista que hablaba de videojuegos para consolas, porque la verdad es que ir al Toys“R”us a por videojuegos (nos pillaba cerca) y tener que fiarte solo de las fotos de la caja y de la carátula para saber lo que comprabas, era un infierno. 

Así, apareció un buen día con la revista en sus manos. Ya sé que era octubre, pero debía hacer muy buen tiempo, ya que en mi memoria era verano. Nos sentamos en una plaza (que ya no existe, por cierto) y empezamos a hojearla, sin más. 

Reconozco que a lo primero que se me fueron los ojos fue a la publicidad de Game Boy. Llevar la consola en el bolsillo me parecía mágico. Casi ciencia ficción. Para los curiosos, no, no participé en el concurso (nunca me toca nada, así que ni lo intento), pero la maquinita esa me encantaba. 

Publicidad de Game Boy en la Hobby Consolas número 1
Esta es la publicidad que te asaltaba nada más abrir la revista

Luego se me empezaron a ir los ojos detrás de cada imagen de la sección “En Pantalla” y babeaba con las de Sonic para Mega Drive. ¿Para Mega Drive? Ni la tenía ni la esperaba a corto plazo. Me llevé tal chasco (y otro después con el After Burner) que desde ese momento solo me tiraba con avidez sobre las páginas con el logito de NES

Soy un poquito obsesiva a veces, y no tenía necesidad de hacerme mala sangre con lo que me gustaba y (todavía) no podía tener, así que me saltaba todo lo que estuviera lejos de mi alcance.

En la revista había trucos, flipante. Y se anunciaba, en tres páginas consecutivas, el juego que iba a ser mi siguiente objetivo: Super Mario Bros 3. Odié el aquí llamado Super Mario Bros 2 desde el momento en que empezamos a jugarlo. Casi tanto, como a The Legend of Zelda 2… 

La sección de trucos de la primera Hobby Consolas
La sección de trucos tenía el críptico nombre de Lasers & Phasers, idea de su primer director, Amalio Gómez

Seguí pasando páginas sin saber muy bien qué leía y tuve que pararme dos veces en los nuevo modelos de Game Boy hasta darme cuenta de que era una coña. Me bebí las listas (aunque renegué al ver el Super Mario II), pasé de puntillas por el Teléfono Rojo… y volví a empezar. Me la leía picoteando de aquí y allá.

Sección Qué Locura del número 1 de Hobby Consolas
José Luis Sanz se curraba esos montajes tan cachondos

No es que la revista encajara mucho conmigo y con mis veinte años (era lectora compulsiva de Gigantes del Basket, más ordenada y formal y también de Hobby Press en aquellos momentos), pero me bastaba poder informarme de lo que me gustaba. 

No faltamos ni un mes a la cita. De hecho, conservo los primero números como oro en paño. Y las portadas cada vez me gustaban más. Además, pronto se volvió un poco más ordenada y fácil de leer. El primer número era un poco caótico (supongo que por afán de meter lo mejor de lo que llevaba año ya en el mercado). 

Todos los meses, religiosamente (aunque sin agobiar al quiosquero), íbamos a por nuestro ejemplar para dejarnos ilustrar por esos tíos tan majos que sabían tanto y que firmaban con nombres de lo más gracioso y luego con unas simpatiquísimas caricaturas... 

Teléfono Rojo en el primer número de Hobby Consolas
Aquí, la primera aparición estelar del celebérrimo Yen

Compramos, a sabiendas, uno de los juegos que los expertos de Hobby Consolas consideraban de los peores de NES, Top Gun (ya sabíamos a lo que íbamos). Y me sirvió para descubrir algunas joyitas, como Norte y Sur. Uno de mis juegos preferido de siempre, fue recomendación de Hobby Consolas: Solstice

Además, nos puso los dientes largos con las consolas más potentes y esos juegos alucinantes llenos de colores. Yo seguía soñando con Game Boy, aunque Game Gear fuera en colores. El Tetris siempre ha sido una de mis obsesiones… 

NES y Hobby Consolas son las responsables de que ahora esté aquí, escribiendo estas líneas. Me recuperaron para la causa cuando estaba a punto de abandonar (con leer y jugar al basket ya me sentía satisfecha). 

Muchas veces me he preguntado que habría sido de mi vida si Roberto no hubiera comprado esa revista… En el número 10 apareció un anuncio que decía “¿Te pasas el día jugando? ¿Se te da bien escribir y quieres hacer de ello tu profesión? ¡Llámanos!”. Y llamé, pero esa es otra historia que os contaré otro día.  

Mi madre siempre me decía “deja la maquinita, que eso no te va a dar de comer”. Pues todavía hay veces que se lo recuerdo… 

Y además