Crítica de El comensal, un duro drama sobre la necesidad de enfrentarse al pasado para superarlo

El comensal

Crítica de El comensal, un drama inspirado en hechos reales que adapta la novela autobiográfica de Gabriela Ybarra sobre las secuelas del terrorismo de ETA. 

El comensal es la adaptación de la novela del mismo título de Gabriela Ybarra en la cual narraba sus propias vivencias familiares casi como una forma de exorcizar el pasado.

En concreto su abuelo, exalcalde de Bilbao y expresidente de la Diputación de Bizkaia, fue secuestrado por un comando de ETA en 1977 a sus 63 años para exigir después un rescate imposible de reunir: 1000 millones de pesetas.

Sin embargo, la película no muestra de forma morbosa el secuestro en sí ni trata sobre la banda terrorista, sino que aborda las consecuencias con las que tienen que lidiar los familiares del empresario, un hombre viudo y profundamente creyente que solo pudo llevarse consigo un misal y un rosario como único consuelo a su brutal encierro.

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Tráiler El comensal, dirigida por Ángeles González-Sinde

Se trata por tanto de una historia bastante íntima y sosegada. Ángeles González-Sinde, exministra de Cultura, dirige con mucho tacto la película de cuyo libreto se encarga de versionar en colaboración con la novelista.

Protagonizan la historia Susana Abaitua (Patria), Ginés García Millán (El Cid) y Fernando Oyagüez (Reinas).

Ellos dan vida a Iciar y Fernando, nieta e hijo del secuestrado. Ambos tienen una relación algo distante, pero comienzan a sintonizar el uno con el otro cuando se dan cuenta de que ambos lidian con un dolor similar: él por haber perdido a su padre de forma inesperada y sentir un enorme sentimiento de culpa e impotencia y ella por no conseguir hallarle en sus omisiones y silencios.

Viendo que la vida de su madre se le escapa entre los dedos por un cáncer fulminante y que su padre es una roca, Iciar se empeñará en reconstruir los sucesos que tuvieron lugar cuarenta años atrás, tratando así de superar las barreras de la memoria familiar y tendiendo puentes con su progenitor.

Lo que ella busca en hemerotecas, lo tiene su padre grabado a fuego en su mente y le persigue todos los días. Juntos necesitarán encontrar la vía para afrontar el pasado... no dejándolo caer en el olvido y pretendiendo haberlo dejado atrás, sino asimilándolo y recuperando sus vivencias.

En el fondo, el poso de esta película y del libro en que se basa es el mismo que dejan ETA: el fin del silencio o la película Maixabel, desde géneros distintos. Hemos tardado lo nuestro, pero parece que por fin somos capaces de mirar atrás, como los protagonistas de esta historia, para reconstruir los hechos y abordarlos emocionalmente, nos lleve eso a donde nos lleve.

Sinde se preocupa mucho de que no se filtren ideologías políticas que perturben el resultado de la ecuación, que no es otra que la catarsis que deviene de dejar de atormentarse por lo que no se puede cambiar y hace un gran esfuerzo por mostrar las diferencias entre dos generaciones que por fuerza están llamadas a chocar: una viviendo el convulso posfranquismo, la otra en la cómoda democracia.

Ha tardado 14 años en volver a dirigir pero Ángeles González-Sinde demuestra seguir teniendo buen pulso. A pesar de las limitaciones de la película (es una producción modesta), transmite muy bien su mensaje principal y tiene la capacidad de conmover a la audiencia.

En eso tiene mucho que ver la banda sonora de Antonio Garamendi y la capacidad interpretativa de Susana Abaitua, que se mueve con la misma serenidad en los diálogos y los silencios.

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En general, El comensal funciona mejor cuando la narración discurre en 2011, contando el momento en el que la banda anunció el cese de violencia, que cuando se transporta al 77. Los intérpretes principales funcionan bien en sus roles mientras que los secundarios y algunos aspectos de la ambientación chirrían un poco.

Los elementos dramáticos parecen más impostados en ese pasado en el que la tragedia se abría paso no solo en el seno de una familia que quedaba rota, sino para toda una sociedad española que asistía atónita a un acto de barbarie que perpetuaba a la banda en su modus operandi. Supondría un antes y un después: ETA iba a seguir matando y amedrentando durante más de tres décadas más.

Pero, como hemos venido expresando desde el comienzo, esta película habla de personajes y de heridas íntimas, no tanto de las consecuencias a gran nivel general... para eso tendría que llegar la perspectiva impuesta por el paso del tiempo.

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VALORACIÓN:

Pausada y conmovedora, esta historia nos lleva a revivir uno de los secuestros más decisivos y perturbadores del panorama político posfranquista, si bien se centra en mostrar las repercusiones de la violencia en las vidas de los familiares y su necesidad de recordar para afrontar el duelo.
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LO MEJOR:

El tacto con el que se aborda la historia dejando respirar a los personajes y permitiéndonos comprender su punto de vista.
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LO PEOR:

Hay secundarios que trabajan realmente mal: aunque tienen poco tiempo en pantalla desentonan muchísimo.
Hobby

75

Bueno

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