God of War Laufey es un acierto porque Kratos necesitaba un descanso y Atreus no estaba preparado: Faye llevará la saga a un nuevo horizonte

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
El anuncio de God of War Laufey arroja luz sobre el futuro de la saga. Kratos necesitaba un descanso y Atreus no era el relevo perfecto. Faye puede ser la llave a una nueva era.
God of War Laufey ha sido el gran anuncio del State of Play, un evento que no calificaría como sobresaliente por las grandes ausencias y por los escasos juegos para PS5 verdaderamente nuevos.
Sin embargo, God of War es God of War. Uno de los símbolos de PlayStation está de vuelta y no de una manera testimonial como fue God of War Sons of Sparta. El anuncio del nuevo juego es un bombazo.
Y lo es por varias razones. La primera es que Kratos cede el testigo a Faye, algo que altera los cimientos de la saga, pero sin obligar a que Santa Monica Studio renuncie a las señas de identidad y el espectáculo.
Faye es la elegida para relevar a Kratos
De primeras diré que estoy muy a favor de este relevo. Ya en tiempos de God of War Ragnarok se habló mucho de un posible adiós de Kratos. Valhalla cerró un arco que, curiosamente, se reiniciará con God of War Trilogy Remake, así que, tenemos Kratos para rato. Déjenle descansar.
Así que, no me supone ningún problema lanzarme a esta aventura con Faye, un personaje fascinante que quedó intencionalmente oculto bajo un emocional velo de misterio durante la saga nórdica, en la que el pilar narrativo fue la paternidad, con Atreus como canalizador.
Sin embargo, "el heredero" dejó sentimientos encontrados. Santa Monica tonteó con la posibilidad de entregarle las llaves de la saga en un futuro, pero que el chaval se independice no depende solo de papá. Mamá también tiene mucho que decir... ¡Y menos mal!

Sinceramente, creo que un relevo generacional es algo que pasará, pero Atreus no está preparado como personaje. Necesita más desarrollo, más cocción para ganarse a quienes, como un servidor, no están del todo convencidos con lo visto hasta ahora.
Quien tenía todo en su mano para crecer dentro de este universo era Faye. Se acabó eso de "mujer en la nevera" como ya pasó con Lisandra en la saga griega y como se vio en el comienzo del reboot de 2018. Otra mujer fallecida, otra vez Kratos con su duelo. Pues mira tú por dónde, Faye no estaba muerta, estaba de parranda en un nuevo reino.
Y es fantástico que Santa Monica Studio no se haya decantado por una precuela (aunque desearía haber presenciado las somantas que se dieron Faye y Thor). En su lugar tenemos una historia que transcurre en paralelo al dueto que forman God of War y Ragnarok.
Mientras Kratos y Atreus andan tratando de entenderse, Faye está en otro mundo, rodeada de dioses con malas pulgas y liándose a palos con todos ellos. Es un enfoque sumamente alentador, que encima se explota a través de un gameplay hack and slash más movido y que, por un momento, me ha dado algunas vibras del estilo de la saga griega, con combos aéreos y ejecuciones más rápidas y frenéticas.
Ya sabíamos que Faye era una guerrera gigante, una Jötnar valerosa que lideró a su pueblo. Así que, quien diga que no se ha ganado un respeto es que no ha jugado a los recientes juegos. Además, funciona mejor como protagonista que Atreus porque ella tiene más motivaciones (reencontrarse con su familia), más habilidades, un pasado y un conocimiento ideal para afrontar lo que puede ser un capítulo absolutamente determinante para el futuro de la franquicia.

God of War arranca una nueva era mitológica sin precedentes
Y aquí va el segundo motivo por el que este juego me parece un pelotazo. Se había dicho que iba a ser un spin-off y en cierta medida lo es, pero los temas narrativos que va a abordar dejan claro que aquí hay muchísimas y ambiciosas intenciones por parte de Santa Monica.
Odín nunca conocerá la respuesta a la pregunta que nos acaban de resolver. ¿Qué pasa cuando un dios muere? Ahora lo sabemos. Resulta que renacen en un extraño lugar, un reino paradisiaco y onírico que, por momentos, se vuelve tan letal como perturbador.
Este lugar lo cambia todo. El motivo es la presencia de dos personajes, Sekhmet y Begtse, dos deidades de dos nuevos panteones. Ni griegos, ni nórdicos... ¡Por fin llegan esas mitologías que llevan protagonizando rumores y especulaciones años y años!

Sekhmet es la diosa egipcia de la guerra, la venganza y, curiosamente, también de la sanación. Su brutal compañero, Begtse, es el señor de la guerra en el budismo tibetano y mongol. Dos dioses de la guerra más... Para que luego se quejen de que God of War Laufey no debería llamarse así porque no hay un dios de la guerra... Solo nos falta Tyr.
Y más allá de esa mezcolanza de culturas fascinantes que conoceremos con Faye (todo bajo el mismo e imponente estilo de representación mitológica de la saga) se nos lanzan una ingente cantidad de teorías a la cara al haberse destapado el tarro de las esencias. Las posibilidades son ilimitadas al haber introducido tantos elementos.
¿Puede volver Faye de la muerte? ¿Qué pasa con los innumerables dioses que Kratos ha ido matando? ¿Están en ese lugar? ¿Estarán Zeus, Ares y compañía allí? ¿Y Baldur? ¿Qué relación guardaba la máscara de Odín con este nuevo reino? Muchas preguntas y muy pocas respuestas.
Así que, como ya ha pasado en otras ocasiones, volvemos a comer de la mano de Santa Monica. El estudio vuelve a jugar magistralmente bien con las incógnitas para desarrollar grandes expectativas entre quienes nos encanta la mitología y la historia.
Y sí, aún queda mucho por ver y mejor no vender la piel del oso antes de cazarla, pero el mes de junio siempre desprende algo de magia gracias a este tipo de juegos. Además, God of War Laufey tiene una importante misión... ¡Aclarar, de una santa vez, quién tocó el dichoso cuerno!
