Las desgracias tecnológicas de ahora… y de hace 30 años

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Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

El martes se me murió el ordenador (así, como lo leéis) y casi me da un derrame cerebral (así, sin ánimo de exagerar). Y es que llevo un mesecito, que creo que necesito contarlo, aunque solo sea para desahogarme...

Estamos preparando el número para celebrar los 30 años de Hobby Consolas (no os lo perdáis) y, hace un par de semanas, me petó un archivo con un montón de datos que me había costado la vida recopilar. No hubo arreglo.

La semana pasada, se me fue al garete otro similar y todavía doy gracias por vivir en un bajo, y de que tirarme por la ventana no sirviera de mucho. Estaba claro que el ordenador, mi fiel compañero en los últimos seis años, me estaba dando avisos…

En medio, me quedé sin batería en el coche… Que, oye, dicho así no es muy grave, pero es que tengo un híbrido y cuando abrí el capó para ver dónde colocar las pinzas, casi se me saltan los plomos… No lo hagáis (lo de abrir el capó de un híbrido): son de otro planeta. Llamé a la asistencia en carretera.

Y, bueno, lo de la vitrocerámica que se me resetea, que se me actualice la bombilla del salón, que esa tele por la que tanto me costó decirme se empeñe en decirme qué canal ver, que el smartwatch se ponga alarmas él solito o lo de que Google Home haya decidido que mí no me hace caso, lo dejamos para otro día. 

Llevo como 15 días sin encender la consola (ninguna) y, además de mono, tengo miedo a las actualizaciones que me pueden estar esperando y que pueden tardar 15 días más… Ay, señor. 

Volviendo a mi ordenador, el pobre agonizó un par de horas (no cargaba ni p’atrás) y me dio tiempo a sacarle de las tripas algunas cosas que necesitaba (y mucho). 

Ni despedidas, ni cariñitos ni nada, a lo bestia. Aún quedaba demasiado dentro como para andar con sentimentalismos… 

Por suerte, nuestro técnico de sistemas (San José Ángel Bendito) consiguió salvar mi disco duro y meterlo en otro portátil igual que el mío, así que, técnicamente, he salido ganando. Tiene los mismos años, pero este se ha usado menos y no se le han borrado las letras… todavía (tengo que teclear con menos pasión).

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Y me he relajado un poco, aunque tampoco mucho. Estoy haciendo un curso de gestión del estrés, pero en lo único que puedo pensar es en “sí, para respirar estoy yo ahora” 

No sé, creo que no lo estoy aprovechando bien. Solo me ha servido para darme cuenta de que quizá, solo quizá, soy un poco demasiado intensita aunque disimule bien.

El caso es que me ha dado por pensar que ahora vivimos rodeados de cachivaches que han dejado de ser herramientas para convertirse en parte de nosotros. Seguro que más de uno prefiere que le corten un dedo a quedarse sin “su” móvil. 

Y digo “su”, porque no se trata de que tu teléfono sea caro, barato o te lo hayas encontrado por la calle, es que, al final, llevas ahí tu vida. Tus fotos, tus datos bancarios, tus contactos, tus compras, tus redes sociales, las conversaciones más interesantes que has tenido en años y hasta la receta de las albóndigas de tu abuela… 

Y no, no me habléis de la nube, que contenta me tiene, toda esponjosa, pero llena de agujeros por los que me han llovido algunas lágrimas de desesperación al comprobar que no me lo había salvado todo lo que yo esperaba… 

Y con las consolas pasa parecido, ojo. Que no se trata de tener una Switch, tiene que ser la tuya, con tus partidas, tus datos, tu cuenta, tu isla… Antes, se te jorobaba la Game Boy (conste que nunca me ha pasado, esa es otra) y sacabas el cartucho y a por otra. 

Y he dicho Switch, pero es aplicable a todas. Que si desvincula la cuenta desde un ordenador, que si a ver si has subido tus partidas a la nube, que si te has olvidado de la contraseña… Esto, con PlayStation (sin número), no pasaba.

Me he dedicado una pausa consciente (cosas del curso) mientras escribía esto y, lejos de limpiar mi red de pensamientos secundarios (o algo así), se me han venido a la cabeza otras veces en las que la tecnología me la ha jugado. Y todas relacionadas con el pasado de Hobby Consolas. ¿Por qué será? ;-)

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Una vez, el disquete donde tenía los textos de todo el mes petó justo cuando lo metía en el Mac para pasarlos a la red. No tenía los textos en el disco duro, porque mi PC no tenía ni disco duro… Casi me estalla la cabeza. No lo hizo (no sé por suerte o si por desgracia). 

Ahí vino a mi rescate el señor Norton que, milagrosamente (no sé de ninguna otra vez que haya funcionado), me recuperó el disquete y el Mac (con sus disqueteras tiquismitis, ni mi vilin tidis lis disquitis) se lo tragó y pude pasar un montón de textos de análisis sin tener que volver a escribirlos.

Otra vez, me petó el Data donde guardaba las capturas de pantalla de unos cuantos juegos (sacar pantallas no era nada fácil), pero, por suerte, el Mac donde estaba la capturadora sí tenía disco duro y se me había olvidado borrarlas (solo tenían 80 megas, así que había que borrar). 

Los cortes de luz eran frecuentes en nuestra oficina de hace 30 años, así que gritos desgarradores he emitido (y escuchado) unos pocos. 

Por suerte, ahí normalmente solo perdías el texto del momento. Bueno, menos aquella vez que llevaba no sé cuántas horas jugando a no sé qué RPG… Sin salvar la partida. Para matarme. 

En otra ocasión, esta sucesión de cortes de luz provocó que murieran la mayoría de las tarjetas capturadoras y que una placa de Neo Geo con la que intentábamos cargar directamente cartuchos de recreativa, nos abandonara definitivamente: se la llevó el técnico que me estaba ayudando a instalarla, porque no le pareció un entorno seguro… 

Fijo que mis compis os pueden contar 100 batallas como esta, pero a mí, la que más me dolió de todas tuvo que ver con un E3. Un E3 de esos pre-internet, en los que había que escanear docenas de diapositivas, catálogos y panfletos para sacar las pantallas… 

Cuando tenía todo, absolutamente todo (textos incluidos), subido al servidor, el muy @$%Ç!& se murió. Del todo, así sin avisar. A tres o cuatro días del cierre hubo que repetirlo todo y supongo que alguien me ayudaría, no recuerdo bien. 

Lo tengo todo brumoso. De esa acabé en el hospital. Fue por otra cosa, todo hay que decirlo, pero sigo pensando que tuvo algo que ver…

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Las cosas han cambiado mucho, y siempre para mejor. Ya no se nos va la luz, los servidores tiene copias de seguridad, los programas tienen autosalvado, los ordenadores son mil veces más fiables y sí, para los más avispados y menos confiados que yo, la nube funciona. 

Repasando la historia de Hobby Consolas, te das cuenta de todo lo que hemos ganado, pero también de todo lo que hemos perdido por el camino. No me quito de la cabeza que la tecnología cada vez nos tiene más cogidos por los… beneficios. 

Debo ser de las pocas personas que no se enteró de la caída de Facebook, Instagram y WhatsApp, porque a veces intento, aunque no siempre lo consigo, que Google no decida por mí qué publicidad me interesa o cuál es la mejor ruta para llegar a mi destino. 

A veces pienso que antes vivíamos más felices sin saberlo. Bueno, es que “antes todo esto era campo...”.

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