María Bescós

Colaboradora

¿Se equivoca Disney al apostar sobre todo por secuelas y remakes, o simplemente va a lo seguro?

Disney
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Disney es experta en realizar secuelas y remakes de todo lo que lleve su nombre, y te sorprendería la cantidad de producciones de este tipo que nos deparan los próximos años.

En el momento de escribir estas líneas, acabo de firmar un artículo que se publicará en los próximos días sobre los mayores fracasos en taquilla de Disney de los últimos años, algo que me ha permitido tener cierta perspectiva sobre lo que sí funciona y lo que no.

Aquí un pequeño spoiler para quien me lea: salvo la infeliz coincidencia de que el live action de Mulán se estrenara en plena época del COVID, los remakes en imagen real de Disney no suelen hundirse en taquilla. 

La compañía del ratón lleva experimentando con las versiones en live action de sus películas de animación desde la década de los 90, aunque es cierto que ha sido en los tiempos más recientes cuando de verdad le ha empezado a dar un impulso a este tipo de producciones.

En aquel momento, estaba más enfocada en realizar adaptaciones de sus parques temáticos en versión cinematográfica, que no terminaron por despuntar hasta que Piratas del Caribe entró en escena en el año 2003. 

Sin embargo, el éxito de estas películas se limita a la saga de Jack Sparrow, puesto que intentos posteriores de acercar sus parques a las masas a través de cintas como: Tomorrowland: El mundo del mañana (2015), Jungle Cruise (2021) o el remake de Mansión Encantada (2023) han sido fracasos más o menos notables. 

En cambio, con los remakes en live action de las películas de animación de Disney pasa un fenómeno diferente. Salvo en contadas ocasiones, como puede ser el caso de Alicia a través del espejo (2016), al público le gusta volver a ver esas historias que conoce con un cambio de look como en el caso de Aladdin (2019), o con un enfoque nuevo como le ocurrió a Maléfica (2014).

Secuelas y remakes de Disney para disfrutar sólo en casa

Mientras empezaba a explorar las infinitas posibilidades de las versiones en imagen real de sus películas y atracciones en el siglo pasado, Disney forjaba una sólida filmografía de secuelas que pasaron algo más desapercibidas entre el público porque iban destinadas al mercado doméstico.

Pero en ellas existía el gran atractivo de que continuaban ampliando los ricos universos que habían creado, en cintas como: El retorno de Jafar (1994), El rey león 2: El tesoro de Simba (1998) o La sirenita 2: Regreso al mar (2000). Una fiebre por las secuelas con altibajos que no se ha extinguido hasta el día de hoy. 

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Con el lanzamiento de la plataforma de streaming de Disney Plus hace ya un lustro, la compañía encontró la excusa perfecta para seguir creando remakes y secuelas en películas o series derivadas que vendrían a ser el equivalente a sus lanzamientos domésticos de entonces.

La diferencia es que a partir de ese momento se convertirían en productos exclusivos, en reclamos para conseguir suscripciones a Disney Plus en lugar de mirar sólo hacia los ingresos que generarían sus estrenos en la gran pantalla o las ventas posteriores de sus largometrajes.

Estamos ante un nuevo equilibrio, que le permite a Disney lanzar remakes menores en imagen real como Peter Pan & Wendy (2023) en Disney Plus para centrar sus esfuerzos en llevar a los cines revisiones de clásicos como Blancanieves o hasta cintas que van a un paso más allá, siendo secuelas de remakes como Mufasa: El Rey León

Seguridad frente a calidad en los refritos de Disney

Disney no se equivoca al seguir volcándose en la creación de contenidos que, en el fondo, son revisiones de las mismas ideas pasadas por un nuevo filtro, porque su historia le ha demostrado que funcionan en la mayoría de los casos y, por tanto, le sale rentable continuar por el mismo camino.

Con cada vez más frentes abiertos y públicos diferentes a los que contentar, Disney se puede permitir secuelas infinitas de auténticos pelotazos como Frozen II (2019), que ya promete hasta un total de cuatro entregas, o reorganizar sus calendarios para llevar Moana 2 a las salas. 

Está cubriendo una demanda real porque el público se está educando y acomodando conforme a la oferta que se le ofrece y, antes que pagar por ver una película que no sabe si le gustará, prefiere asegurarse la inversión en una historia familiar que le dé más confianza.

Da vértigo mirar el calendario de películas en live action que prepara Disney para los próximos años, ya sean basadas en cintas de animación o en atracciones de sus parques, porque la lista es casi tan larga como la de largometrajes que ya se han estrenado.  

El futuro nos depara películas que serán secuelas de remakes como la planeada sobre El libro de la selva (2016), live actions como el de la cinta de Bambi (1942) o de la atracción Big Thunder Mountain

Un futuro oscuro si pensamos en la reiteración, y en la posibilidad de que esta burbuja termine explotando por una saturación de la nostalgia. Aunque estará justificado si todas estas producciones de Disney no limitan la creación de nuevas ideas originales… Claro que… si son exitosas… corren el riesgo de empezar un nuevo ciclo

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