María Bescós

Colaboradora

El fandom ha enviado un mensaje bien claro a Tim Burton: quiere lo mismo de siempre

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Tim Burton nos demuestra con su último éxito que el cine de autor es más interesante que los proyectos por encargo, sobre todo si se apela a la nostalgia.

Tim Burton llevaba varios años alejado de sí mismo, del cine que lo hizo ser reconocido por ese característico sello, pero el año pasado parece que recuperó su esencia al regresar a uno de sus clásicos más memorables.

Al poco de que salieran a la luz las primeras notas de la crítica tras haber visto Bitelchús Bitelchús (2024), se dejó claro que aquella era la mejor película del cineasta en mucho tiempo, con ninguna otra producción dirigida por él que hubiera estado a la altura de este largometraje desde los tiempos de Frankenweenie (2012), y hacía ya más de una década desde entonces.

Pero la prensa no fue la única en pensar de aquella manera. Es más, el público ha dejado claro que Bitelchús Bitelchús no sólo es mejor que Frankenweenie con su media del 79% en Rotten Tomatoes, sino que está pocos puntos por detrás de Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet (2007) y su 81%, y de eso hace incluso todavía más tiempo.

Tim Burton deja de ser Tim Burton

En su filmografía más reciente Tim Burton se ha estado vendiendo a Disney. Y no es algo malo, pero su marca se diluyó en algunas de esas películas. El live action de Dumbo (2019) fue tan catastrófico que ni siquiera recuerdo nada de él aunque hubiera ido a verlo al cine.

Mientras que de las dos versiones de Alicia se me han quedado grabados momentos específicos, como los llamativos vestuarios, peluquería y maquillaje de Johnny Depp como Sombrerero Loco o Helena Bonham Carter como Reina de Corazones.

Y es que estas películas sí lograron dejar una impronta algo mayor que el resto al seguir el imaginario de su cineasta, retorciendo un poco la adaptación animada de Disney del cuento de Lewis Carroll que ya conocíamos. 

Por eso tal vez fuera el único de sus proyectos más recientes que lograra colarse en la exposición inmersiva El Laberinto de Tim Burton, que estuvo hace un par de años de gira por nuestro país. En ella se recreaban algunos de sus trabajos más memorables, como: La novia cadáver (2005), Eduardo Manostijeras (1990) o Bitelchús (1988), por mencionar algunos ejemplos.

En una exposición de este tipo no puedes incluir cualquier película, necesitas alguna con la suficiente fuerza visual como para que seas capaz de llenar una habitación entera con sus formas, con personajes característicos que den el juego necesario como para recrearlos en una escultura a tamaño natural.

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (2016) estaba lejos de cumplir esos requisitos, pese al curioso origen de la novela en que se inspira, construida a partir de fotografías antiguas en las que se provocaban situaciones… peculiares.

Sombras tenebrosas (2012) era una comedia demasiado facilona, y Big Eyes (2014) fue una biografía que no logró impactar tanto como la del estrafalario cineasta Ed Wood (1994), aun con la fijación de su artista protagonista por los ojos grandes. 

Tim Burton vuelve a ser Tim Burton

Bitelchús Bitelchús es su único trabajo en los últimos años que ha logrado devolvernos al pasado, tanto al público como a Tim Burton. A un pasado de lo más remoto, al del primer largometraje de Tim Burton en el que podías reconocer su característico estilo.

La película original de Bitelchús era una cinta con una mezcla de personajes rocambolescos y situaciones absurdas que conectaban con otras realidades, otros mundos; hablaba de personajes marginados, se reía de la muerte y te colaba algunas criaturas extrañas.

La secuela de Bitelchús quería eso y más, algo que pudo demostrar tanto trayendo de vuelta al elenco del primer largometraje e incluyendo nuevos rostros, como llevándolos al Más Allá y dejándonos asomarnos a él más de cerca.

Entonces Tim Burton se podía permitir todo el despliegue visual que en su momento había estado más limitado por el presupuesto que contó para hacerla y por la tecnología, pero no por ello quiso renunciar a su esencia incluyendo cuantos efectos prácticos hubiera a su alcance para lograrlo.

El resultado fue una película que brillaba en lo visual con más fuerza si la comparabas con la primera, y que al público le encantó poder disfrutar en pantalla grande, situándose en el puesto número 13 de los estrenos que mayor recaudación consiguieron el año pasado en cines, cuadruplicando su inversión en ganancias. 

Bitelchús Bitelchús nos dice que se echa de menos al viejo Tim Burton, al que jugaba con el stop motion, y también que nos encantan las secuelas, los remakes, siempre que estén bien hechos y tengan algo interesante que aportar por muchos años que pasen. 

El próximo proyecto de Tim Burton parece que será el remake de la película de serie B y ciencia ficción El ataque de la mujer de 50 pies (1958), y ya sólo por eso me gustaría mantener la fe en que podría seguir ofreciéndonos un producto a la altura de Ed Wood o Mars Attacks! (1996).

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