Daybreak
Análisis

Crítica de Daybreak temporada 1, la serie zombi adolescente de Netflix

Por Daniel Quesada

El género zombi es como los monstruos que representa: cuando creías que ya estaba muerto, vuelve a la carga. La propia Netflix tiene su batería personal de series y películas, con representantes muy distinguidos, como Black Summer. El último en llegar ha sido esta serie llamada Daybreak, que pretende dar un cómico giro al asunto: en su mundo, un ataque biológico ha acabado con todos los adultos, de tal forma que solo los adolescentes siguen con vida y con su cordura intactos. Los pocos humanos que no se desintegraron se han convertido en ghoulies, unos seres capaces de destripar a todo el que pillen, pero con el cerebro muy tocado: solo son capaces de repetir el último pensamiento que tuvieron antes de morir.

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El protagonista de la historia, Josh Wheeler (Colin Ford, al que recordaréis por Sobrenatural o La cúpula), ve en este post-apocalipsis una oportunidad para vivir como le dé la gana, sin reglas y sin ataduras. Aún así, no pierde la esperanza de encontrar a Sam (Sophie Simnett), su gran amor del instituto, de la que no sabe nada desde la explosión que acabó con todo. Por el camino, se va a cruzar con toda clase de tribus creadas en este nuevo entorno: como los pijos y pánfilos jugadores de golf o las animazonas, un híbrido de animadoras y amazonas letales.

Precisamente, uno de los encantos de la temporada 1 de Daybreak es esa variedad de facciones y personajes alocados que nos presenta, muchos de los cuales están inspirados en clásicos como Mad Max. No faltan las parodias y referencias a The Walking Dead o incluso a Scarface, además de inspiraciones en toda clase de ambientaciones de acción. El mejor ejemplo es Wesley (Austin Crute), que en este nuevo mundo ha decidido convertirse en un samurái pacifista. Por tanto, tiene una katana... ¡Pero no puede matar a nadie!

Los golpes de humor también se basan mucho en referencias culturales clásicas, desde Street Fighter II hasta los Masters del Universo, lo cual puede resultar algo chocante, pues si el enfoque de la serie va hacia un público adolescente, posiblemente muchos de ellos no pillen (o no les interesen) esas referencias. Aun así, los espectadores más veteranos lo agradecemos.

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En cualquier caso, la fórmula que más se usa para buscar comicidad es la ruptura de la cuarta pared: Josh no para de hablar al espectador y de explicarle lo que está pasando (sí, al estilo de Deadpool), algo que incluso traslada a los numerosos flashbacks, en los cuales a veces se pausa la acción mientras él habla, entran otros personajes a aportar su punto de vista... Para rematar, la pantalla a veces se ve invadida por notas de texto que explican con mucho cachondeo lo que está sucediendo. Desde luego, ninguna de estas fórmulas es nueva (pensad en una mezcla de Parker Lewis y Zombieland y os llevaréis una idea muy aproximada), lo cual hace que a veces parezca un poco artificial, pero a medida que avanza esta serie de Netflix, nos vamos acostumbrando y disfrutando más de los recursos.

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También vamos cogiendo el gusto a los personajes. El propio Josh puede parecer algo cargante en los primeros minutos, pero su capacidad para meter la pata hace que vaya pareciendo más y más entrañable. Lo mismo sucede con el cliché de la "niña demonio sabelotodo" que representa Angelica (Alyvia Alyn Lind) o el pedante de Eli (Gregory Kasyan), cuyos gags van calando poco a poco. También hay un par de personajes adultos, que vemos principalmente en flashbacks: Ms Crumble (Krysta Rodríguez) y el director Burr, al que da vida un Matthew Broderick que, precisamente, fue un icono adolescente en su momento con Juegos de guerra.

Todos hacen un papel más que digno, pero donde Daybreak falla es al intentar dignificar la historia de todos ellos con numerosas revelaciones que sacan el lado más sentimental de la trama. Ahí es cuando el ritmo se vuelve más denso (el episodio 8, de los 10 de esta temporada, es directamente soporífero), pero por suerte todo vuelve a coger ritmo de cara a la recta final. Cuando esta serie de Daybreak saca su lado más loco y canalla (sí, hay algo de gore, aunque siempre al servicio del humor) funciona bastante bien, pero el ritmo irregular hace que la experiencia no sea tan redonda como debería.

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El final es bastante abierto y hay muchas preguntas que no se han aclarado, bien por lo que podría ser un error (¿qué pasa con los niños? ¿cómo es posible que siga habiendo suministro eléctrico y servidores funcionando?) o bien porque se están guardando ases en la manga. Veremos si el apocalipsis de Glendale continúa. Por ahora, merece la pena dar una oportunidad a este mundo donde cada uno puede hacer lo que quiera... Si no te clavan un hacha por la espalda.

Valoración

El enésimo giro sobre la fórmula zombi no puede evitar sentirse algo "reciclado", pero aún así ofrece momentos muy locos y personajes interesantes para el público con alma "teen".

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

Personajes como Eli, Angelica o Wesley tienen muchos momentos divertidos. La ruptura de la cuarta pared a veces da bastante juego.

Lo peor

El excesivo esfuerzo por dignificar a los personajes hace que el ritmo caiga en picado. A veces, la fórmula parece quemada.

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