Élite 2
Análisis

Crítica de Élite temporada 2: más descontrol en Las Encinas

Por Raquel Hernández Luján

¡Arranca un nuevo curso en Las Encinas! Crítica de la temporada 2 de la serie Élite, disponible en Neftlix a partir del 6 de septiembre de 2019.

La segunda temporada de Élite ha desembarcado hoy mismo en Netflix con ocho nuevos episodios solo aptos para quienes sean muy fans de lo que empezó siendo un thriller y ha acabado convirtiéndose en un culebrón adolescente de alto presupuesto. Es decir, que esta producción española para la plataforma digital peca de lo mismo que Las chicas del cable, aunque dirigiéndose a un sector de la audiencia más joven.

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Y eso que pretende seguir aderezando la fórmula con nuevos misterios policiales: en esta ocasión, tenemos sobre la mesa nuevos intereses por ocultar la verdad, grandes sumas de dinero y la desaparición de uno de los personajes principales. Toda la temporada se articula sobre este eje, dado que cada episodio lleva por título las horas que lleva en paradero desconocido.

Además, la muerte de Marina seguirá siendo una de las líneas argumentales preferenciales para desarrollar a varios personajes, sobre todo a su hermano, al que le corroe la pena y la búsqueda de justicia, aunque termine por refugiarse en quien menos debe. 

Recordemos que la primera temporada dejó un final abierto: tras ser acusado por Samuel (Itzan Escamilla), Nano (Jaime Lorente, que encarnará próximamente al Cid en la serie que prepara Amazon Prime Video) era detenido por el asesinato de Marina (María Pedraza), mientras que Polo (Álvaro Rico), el verdadero criminal, quedaba en libertad con Carla (Ester Expósito) y Christian (Miguel Herrán) como únicos conocedores de la realidad.

Al elenco ya conocido, agregamos tres nuevos intérpretes: Cayetana, a la que da vida Georgina Amorós, a quien pudisteis ver en Vis a vis; Valerio, rol del que se encarga Jorge López, un actor chileno popular en Latinoamérica por la serie Soy Luna y Rebeca es Claudia Salas, actriz de La peste.

Aunque en el horizonte de Élite parece estar siempre la reivindicación, la verdad es que el show solo se mueve por el morbo, lo que genera que se banalicen cuestiones que demandarían un enfoque algo más serio como, por supuesto, la sexualidad pero también las diferencias de clase social que generan tantos choques entre los alumnos o el peso de sus creencias en su modo de vida.

A la vista está que todo da igual, que la verosimilitud o la profundidad más allá del "aparentoneo" quedan lejos de los objetivos del equipo de guionistas, que parecen haber decidido algunas de las líneas maestras de la temporada estando ellos mismos de resaca... el caso es que se nos emplaza a una fiesta de Halloween para que toda la trama (si es que hay alguna) explosione y mientras tanto se puede ir de hito en hito pasando por escenas de sexo más o menos explícitas pero siempre inesperadas. Algunas de ellas, van completamente en contra de la lógica que heredamos de los personajes de la primera temporada, pero como la tónica es la exageración y el morbo gratuito, tampoco vamos a decir que nos sorprenda este "todos contra todos" al más puro estilo Melrose Place de instituto.

Por supuesto, Élite no deja de ser un producto muy definido y busca la complicidad con el público al que ya se metió en el bolsillo el año pasado, que seguramente acepte de buen grado la premisa de "más y más loco todo". Así que en ese sentido, es bastante probable que se convierta en una de esas series de consumo rápido vía maratón acaparando un par de trending topics este fin de semana en Twitter.

Ya desde el casting y con el peso en la trama del personaje de Valerio, se pone el foco en el mercado latinoamericano, donde la serie arrasa, así que nuestros vecinos al otro lado del Atlántico verán compensada su espera con multitud de guiños y un empaquetado casi a medida. Y llegados a este punto, hay que señalar la labor de Danna Paola, la actriz mexicana que da vida a Lu y que hace un papelón en el que no falta un variado registro de emociones: es capaz de enternecernos, enervarnos o hacernos reír con su spanglish desarrollando un rol bastante impredecible pero sobre todo, muy humano.

Hay un fuerte eco de series adolescentes similares en la segunda temporada de Élite: parte del tratamiento de la fotografía recuerda a Euphoria, buscando imágenes muy teñidas en baños de color, neones, luces estroboscópicas y planos ultrasaturados además de fuertes contraluces mientras que se intentan introducir matices argumentales que quieren recordar a Por trece razones, aunque siempre quedándose en un plano bastante superficial.

En suma, Élite no es la serie que va a cambiar el rumbo de la producción propia española de Netflix: es más (pero mucho más) de lo mismo, aunque hay que reconocer que a nivel de realización está por encima de muchas otras series que para sí quisieran contar con los medios y el talento que hay detrás de las cámaras comenzando por la labor de Dani de la Orden y Roberto Salazar: la citada fiesta por ejemplo cuenta con un despliegue visual de lo más resultón sacándole partido a la luz negra y consiguiendo una puesta en escena muy original (mola el guiño a La casa de papelpor cierto).

Ojalá pudiéramos ser tan aduladores con el contenido como con el continente, pero por desgracia en ese plano tiene poco que ofrecer además de que buena parte del elenco tendría que trabajar duro para parecer algo más creíble.

El último episodio, como siempre, desvela todas las trampitas que el guión ha ido sembrando, las alianzas y traiciones de última hora. Y el final, abierto de nuevo, nos emplaza a una temporada 3 de Élite, ya confirmada por Netflix antes del estreno de la segunda. Así que si te ha enganchado, el año que viene, tendrás otra dosis con flash-backs para aclarar lo sucedido en estos últimos impases. 

Valoración

La segunda temporada de Élite supone una mejora en casi todos los apartados técnicos pero no tiene una historia que merezca la pena ni conflictos con la más mínima trascendencia: sexo, morbo y postureo son la tónica de la serie.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

La fotografía, los encuadres y en general, la planificación de rodaje... lástima que no esté al servicio de un contenido más digno.

Lo peor

La banalidad del argumento y lo pretenciosas y forzadas que resultan todas las reivindicaciones sociales en las que se escuda. Perezote.

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