Crítica de En fin, Amazon Prime Video nos recuerda a la pandemia en esta miniserie sobre el fin del mundo

Crítica de En fin, la nueva miniserie española de Amazon Prime Video sobre un planeta rojo que va a impactar contra la Tierra para traernos el fin del mundo.
En fin, la nueva miniserie española de Amazon Prime Video, arranca cuando la Tierra acaba de superar el apocalipsis de manera accidental, con un planeta rojo que iba a impactar sobre ella pasando de largo.
Desde hace nueve meses, el universo ficticio de En fin se estaba preparando para la fecha exacta del apocalipsis, para que todo terminara. Pero la vida siguió, en un mundo que había puesto a prueba sus límites.
La propuesta casi parece ciencia ficción, pero se construye sobre una base mucho más cercana. No hace falta imaginar un planeta rojo para visualizar el fin de la humanidad, porque hace cuatro años experimentamos una situación extrema con final incierto que ahora parece muy lejana.
La serie de Amazon Prime Video te devuelve a esos momentos recogiendo bien la influencia de la pandemia, a través de canciones virales que hacen remixes de las noticas, de marcas que se aprovechan de las circunstancias para venderte sus productos, o de momentos más cotidianos mediante las conversaciones de las personas que habitan su planeta.

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Pruébalo gratisA lo largo de su desarrollo te topas con ejemplos como el del negacionista del fin del mundo, que se resiste a creer la realidad pese a verle los cráteres al planeta rojo con asomarse a la ventana, como reflejo de quienes sostenían que el COVID fue un invento del gobierno.
O una curiosa asociación devastada porque se haya acabado esa amenaza que le inspiraba a experimentar cada día como si fuera el último, que recuerda a la desmotivación generalizada que hubo cuando acabó la cuarentena.
Aunque hay una diferencia notable entre ambos casos: nuestra realidad se vio afectada por una sombra invisible a simple vista, mientras que la de En fin es acechada por el creciente brillo del planeta rojo.
Un fin del mundo encarnado

El primer capítulo, en el que se alternan escenas del presente con flashbacks, es en el que se enseña de forma más evidente este contraste cromático, con un pasado que rehúye el carmesí y un ahora teñido de rojo, uno que se va disipando a medida que la serie avanza y el planeta se aleja.
El rojo elegido como color de cambio y de rebeldía, el que anima a sus personajes a que tomen control sobre su existencia, se subleven contra lo impuesto.
En fin abraza ese inconformismo para llevarlo hasta extremos que no esperas, porque en verdad no es sólo una serie que satirice sobre la pandemia, es una que intenta provocar con sus descabelladas ocurrencias, que toma prestadas de aquí y allá, aunque sin llegar al extremo de ser repulsiva. Y, quizá, le falte algo de valor para ir todavía un paso más lejos.
Mientras salpica la pantalla de rojo, llega un momento en el que te preguntas si será capaz de superarse a sí misma y ofrecerte una nueva idea sobre lo corrompido que podría acabar todo, con cada uno de sus capítulos explorando diferentes realidades, en un concepto que se aproxima al de cortometrajes independientes.

Aunque tropieza en su ejecución, por su estructura y ritmos irregulares. Sus episodios, de unos 42 minutos de duración media, no son demasiado largos, y aun así en todos ellos sus tiempos están mal medidos y nunca llegas a entrar del todo en la propuesta, con gags que se alargan más de la cuenta o eventos que aportan poco a la evolución del conflicto.
Lo mismo ocurre a lo largo de sus seis capítulos, que son pocos pero algunos logran tener más fuerza y enganche que otros por culpa de ese enfoque que los hace tan variables entre sí, provocando que su tono heterogéneo no siempre conecte contigo.
Por otro lado, el personaje de Malena Alterio, por más que esté bien defendido, es una buena demostración de la variable narrativa y sentido de la comedia que tiene la serie.
Julia es una mujer a la que en el primer episodio se le hace un símil con un mueble, que en el segundo ofrece sexualmente a su hija para librarse de un secuestrador, y que en el quinto protagoniza un monólogo en el que reflexiona sobre las decisiones que ha ido tomando a lo largo de los años para construir una familia.
La serie se tambalea entre un humor dudoso que insiste en repetir patrones innecesarios, uno pasado de vueltas que ataca con gore a poco que te descuides, e impecables actuaciones dramáticas a las que no terminas de dar valor por el contexto en que las ves.

Es interesante su interpretación de la pandemia vista en perspectiva, y también lo son algunas de sus reflexiones sobre las relaciones interpersonales, pero la ensombrecen su empeño en hacer chistes inconsistentes y su miedo al desfase absoluto. Quiere ser una locura inesperada y lo máximo que hace es reimaginar ¿Quién puede matar a un niño?
Los últimos compases de En fin, que abren la puerta a una posible segunda temporada si la primera funciona, apuntan de nuevo hacia una sátira de nuestro mundo, más cercana a la realidad que a la ciencia ficción. La miniserie llegará a Amazon Prime Video el próximo viernes 13 de septiembre.
Valoración
Nota 63
En fin resume desde una óptica rojiza muchas experiencias que vivimos con la pandemia, imaginando un mundo salvaje que podría haber sido mucho más descabellado si no se hubiera estancado en el humor habitual.
Lo mejor
Es una buena reinterpretación del fin del mundo que vivimos.
Lo peor
Su humor, estructura y ritmos irregulares.

