Crítica de Prisioneros de Ghostland, una decepcionante locura de estilo battle royale

Prisioneros de Ghostland

Crítica de Prisioneros de Ghostland, la película que Nicolas Cage califica como "la más salvaje que ha hecho", pero que se atraganta bastante. Estreno en cines el 28 de enero de 2022.

Parece mentira, pero han pasado ya ocho años desde que le dedicamos a Nicolas Cage dos reportajes en los que mostrábamos sus contradicciones: uno sobre por qué mola y otro sobre por qué no mola.

En este tiempo hemos tenido incluso ocasión de asistir a una clase magistral en la que le hemos visto exponer sus motivaciones para escoger sus proyectos pero, a día de hoy, sigue siendo un misterio insondable comprender sus resortes y su implicación en determinadas películas en las que su presencia, ya nos hace echarnos a temblar.

Prisioneros de Ghostland es una decepción doble: por una parte es una película de indudable mala calidad se mire por donde se mire (guión, diseño de producción, interpretaciones...) pero es que además es un chasco si tenemos en cuenta la implicación de XYZ Films, productora que trajo bizarradas a celebrar como The Raid, Vivarium o Mandy, que sí han tenido un recorrido comercial.

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Tráiler de Prisoners of the Ghostland, película de acción japonesa con Nicolas Cage

¿De qué trata este esperpento? Os lo contamos, pero no tratéis de comprender la trama, que no tiene ni pies ni cabeza... esto lo hacemos por aquello de tener una base sobre la que hacer la valoración, más que otra cosa.

Un ladrón de bancos sin escrúpulos (Nicolas Cage) es liberado de la cárcel por un pudiente señor de la guerra conocido como el Gobernador (Bill Moseley) para que encuentre a Bernice (Sofia Boutella), su nieta adoptiva, que ha desaparecido sin dejar rastro.

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Para garantizar que cumpla su palabra, el ladrón es obligado a llevar puesto un traje de cuero que se autodestruirá en un periodo de cinco días dado que está sembrado de bombas... incluso en las zonas íntimas (¡qué chistaco!).

En su aventura buscará no sólo cumplir su misión por causa de fuerza mayor, sino también redimirse de sus pecados que son muchos, como se revela desde el comienzo de la película puesto que en la presentación vemos sus brutales actos.

Prisioneros de Ghostland es el bautismo de fuego de Sion Sono (Antiporno, El bosque sangriento) en el cine americano, pero el cineasta japonés parece haber perdido totalmente el norte en esta producción que tan poco tiene que aportar. Si normalmente su cine tiene un toque provocador y poco convencional, aquí se entrega a tumba abierta a un desmadre sin motivo ni razón que lo justifique.

De alguna forma, como espectador, te hace sentir como un intruso en una fiesta en la que no te han dado el código de vestimenta: no comprendes una jota y el prisionero, al final, eres tú.

Es particularmente doloroso por el hecho de que hay talento implicado que sí tiene cosas que aportar. Por ejemplo, la fotografía del colaborador habitual de Sono, Souhei Tanigawa, o la banda sonora de Joseph Trapanese que tiene a sus espaldas trabajos tan interesantes como El gran showman, The Witcher o Sombra y hueso. Un desperdicio, a todas luces, en un proyecto fallido.

Prisioneros de Ghostland

Habrá quien se pregunte si, tomándosela un poco a guasa, la película es tragable... pero es que precisamente el desmadre que plantea pretende ser gracioso y entretenido sin conseguirlo. Vamos, que no alcanza ni un mínimo como para tener una razón de ser. Es un patinazo brutal cuyo único reclamo comercial es Cage, convertido aquí en un cebo traicionero.

¿Le ha pasado factura a Sono trabajar con un guión externo? Puede ser, en esta ocasión se encargan de la historia Aaron Hendry y Reza Sixo Safai y es con mucho lo peor de una película que sí que hace algún que otro esfuerzo por poner en pie una puesta en escena sugerente y curiosona. Lástima que no esté al servicio de una buena historia o al menos, de un buen pasatiempo.

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VALORACIÓN:

Hacía tiempo que no comentábamos una película tan decepcionante. No encontró calor ni en Sitges, donde se entiende que habría estado su caladero de espectadores principal. Es una película que se hace eterna, es aburrida, no divierte ni entretiene ni aporta valor alguno. Es más que prescincible, una contrarrecomendación: mejor evitarla.
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LO MEJOR:

Se puede salvar la banda sonora de Joseph Trapanese, la fotografía de Souhei Tanigawa y poco más. Da hasta pena ver aquí a Sofia Boutella.
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LO PEOR:

No funciona en ningún sentido: ni como comedia, ni como drama ni tiene tono narrativo que la sustente. Un despropósito absoluto.
Hobby

30

Malo

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