Tiburón blanco

Crítica de Tiburón blanco (Great White), la película escrita por Michael Boughen y dirigida por Martin Wilson de los productores de A 47 metros.

Hay que esforzarse para hacer una película de tiburones insulsa a estas alturas de nuestras vidas: después de haber visto tiburones en la nieve, bestias de dos cabezas, tornados de escualos y de tener en ciernes hasta una película de selacios en un maizal (no es broma, llegará Sharks of the Corn, con la intención de hacernos consumir muchas palomitas, claro), la fórmula cómica que abraza el terror de serie B se antoja inagotable, pero está claro que la que se toma el tema en serio sí que sufre dificultades para introducir novedades.

Tiburón blanco es una película muy consciente del cine al que quiere remitirse y hasta cuela un par de guiños a la cinta de Spielberg de 1975, infinitamente más aterradora y mejor articulada que ésta, por cierto. Pero tiene en su contra varios aspectos esenciales para conseguir su objetivo: un guión infame plagado de personajes que toman malas decisiones y una presencia casi exigua de la amenaza principal. 

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Tráiler de Great White con un tiburón blanco asesino

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Si el título os ha llevado a pensar que vais a ver un duelo entre el ser humano y el tiburón, os vais a quedar con ganas de más de forma indefectible, porque la presencia de la criatura marina rondará el 5% del metraje y, para ser justos, no resulta demasiado creíble. No nos referimos solo a su aspecto (un tremendo borrón de CGI en primer lugar y un par de evidentes animatronics en el clímax final) sino a su propio comportamiento: desde su cercanía a la playa hasta su instinto asesino.

La sensación general es que estamos ante una producción barata que ha centrado su interés en crear una película bonita (los paisajes son espectaculares y los planos submarinos están muy mimados) pero en la que hay una carencia total de pulso narrativo.

La trama es simplona y el diseño de los personajes apunta en la misma dirección. Dada la evidente dificultad para mostrar al tiburón, el guión tendría que haber conseguido crear una historia de trasfondo de los personajes que le permitiera a los espectadores empatizar con ellos, pero tampoco es eficiente creando un drama solvente en este sentido al punto de que las bajas no causan ningún impacto emocional. Son previsibles y rozan incluso lo ridículo. 

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Tiburón blanco arranca presentándonos a una pareja que es fulminada por un enorme tiburón que les ataca de forma inesperada. Lo sucedido no trasciende hasta que Kaz y Charlie, que regentan juntos un negocio de vuelos en hidroavión, llevan hasta el lugar a los excursionistas Jo y Michelle, quienes tienen un motivo personal para ir hasta allí.

Cuando se topan con el cadáver de uno de ellos, deciden sobrevolar la zona por si el otro sigue con vida y pueden socorrerlo. Así, encuentran la embarcación a la deriva y bajan a inspeccionar la zona. Un ataque repentino hace que el hidroavión se hunda y que tengan que emprender un largo viaje de regreso en una lancha de emergencia flanqueados en todo momento por la amenaza que les acecha bajo el agua.

Y, en realidad, por más que lo anterior no sea ninguna maravilla, es a partir de ese momento cuando la película se desmorona de forma sonora: muchos planos de agua, mucha aleta y mucho dron pero pocos giros de guión y prácticamente ni una sola sorpresa. Se le puede perdonar a una película la falta de medios (somos conscientes de lo caro que es rodar una cinta de estas características) pero no que esté tan vacía como para no contar nada en realidad: ni siquiera la lucha por la supervivencia en condiciones extremas tiene la más mínima epicidad. 

Resumiendo, si estáis al acecho de las mejores películas de tiburones asesinos, casi mejor echadle un ojo a nuestro reportaje: Tiburón blanco os dejará bastante fríos.

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VALORACIÓN:

En un subgénero tan saturado como el que nos ocupa, solo puedes jugártela a dos cartas: hacer algo divertido o algo serio que intimide y Tiburón blanco no consigue ni una cosa ni la otra. Muy insatisfactoria y formularia, despierta vergüenza ajena en ciertos momentos.
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LO MEJOR:

Los paisajes son preciosos y la película está rodada con gusto... Lástima que no sea un spot de una agencia de viajes.
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LO PEOR:

Es soporífera: naufraga, y nunca mejor dicho, a la hora de presentar una historia de por sí bastante insulsa.
Hobby

45

Malo

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