Las guerreras k-pop ha sido un tsunami en Netflix, pero este género no es nada nuevo para sus fans

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
K-Pop Demon Hunters sigue ocupando titulares un mes después de su estreno en Netflix: es la película que responde a la Ola Coreana y el furor por el k-pop.
Las guerreras k-pop ha llegado a Netflix pisando tan fuerte que ha logrado abrir las puertas del k-pop a un público que no estaba familiarizado con este género musical, pero su gran repercusión sobre las masas no es accidental, sino que se cimienta sobre las sólidas bases de una cultura que ya enamoraba a millones.
Como señalaba en mi anterior artículo al respecto, 3 películas de k-pop para entender bien este fenómeno mundial que sigue expandiéndose, el hallyu, conocido también como la Ola Coreana, ha sido el detonante para que K-Pop Demon Hunters acabara explotando.
Desde la década de los 90 la pasión por la cultura surcoreana se ha ido expandiendo a lo largo y ancho del mundo, entrando cada vez con más fuerza en occidente por todos los frentes: desde su moda y gastronomía hasta la música y el audiovisual.
En los últimos años han sido películas como la ganadora al Óscar Parásitos (2019) de Bong Joon-ho u otras producciones de Netflix como la serie El Juego del Calamar de Hwang Dong-hyuk, los ejemplos más claros que tenemos en el mainstream sobre cómo este fenómeno no es un caso aislado, al contrario.
El hallyu va contando cada vez con mayor influencia, y producciones como estas han ido generando una comunidad a su alrededor que, a su vez, incentivaron el lanzamiento de nuevas series y películas surcoreanas de alcance global.
Es más, en ellas suelen converger el universo del k-pop con el de la televisión. Sin alejarnos de El Juego del Calamar, este éxito de Netflix ha contado con la presencia de idols que habrán pasado desapercibidas para quienes no tengan familiaridad con el mundillo, pero que son un atractivo adicional en la serie para sus fans.
Choi Seung-hyun, más conocido como T.O.P del grupo BIGBANG, daba vida a un personaje tan relevante como Thanos en la segunda temporada de la serie, mientras que Jo Yu-ri formaba parte del grupo Iz*One y dio vida a Kim Jun-hee en las dos temporadas finales de El Juego del Calamar, acompañada por Im Si-wan, Siwan del grupo ZE:A, como su novio Lee Myung-gi.
Con este caso estamos viendo tan solo la punta del iceberg de una retroalimentación que se expande a muchas otras producciones, con especial mención a los k-dramas, o series coreanas. Pero volvamos a Las guerreras k-pop.
Las guerreras k-pop responde a un fenómeno ya existente
El buen hacer de Sony Pictures Animation no puede ser ignorado como responsable del atractivo de la película de Chris Appelhans y Maggie Kang. Después de todo, este es uno de los estudios que fueron responsables de cambiar el panorama animado actual tras el estreno de Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse) (2018).
A raíz de aquella película, cada vez han sido más las producciones que han querido explorar unas formas de animación tridimensionales que estuvieran menos cortadas bajo el mismo patrón de Disney y más enfocadas en buscar el dinamismo de sus personajes y retomar el acercamiento a la estética bidimensional sin perder las ventajas del digital.

Ya lo decía Álvaro Alonso para HobbyConsolas en sus reflexiones sobre K-Pop Demon Hunters: “No disfrutaba tanto de una película de animación desde Spider-Verso”.
Y eso es lo que habrá permeado en gran parte del público aunque no sea de forma consciente, a través de elementos como: el ritmo frenético de sus batallas, la reducción en el número de fotogramas para el movimiento de sus personajes o la exageración en el dibujo de sus expresiones faciales.
Sin embargo, todo eso no es lo más importante, no es lo que ha sorprendido a la audiencia. Lo que de verdad destaca de la producción es cómo a través de la música e iconografía coreanas se nos puede narrar una historia completa en la que por primera vez el k-pop sea protagonista y no un añadido más.
La cinta rezuma inspiración surcoreana en cada plano y todos sus elementos se conjugan para confeccionar algo que está al mismo tiempo cargado de referencias, pero resulta accesible para el público al ser añadidos para enriquecer su mundo sin necesidad de entrar en detalle sobre todos ellos.

De entre estos guiños de fondo, los que más destacan son os que se utilizan para representar a los dos grupos antagonistas de la cinta: el ángel de la muerte conocido como Jeoseung Saja para ataviar a los Saja Boys, y las chamanas coreanas o mudang, que lidian entre el mundo espiritual y el humano, para las HUNTR/X.
Con ello se enfatiza esta lucha entre el bien y el mal desde un prisma que pone en valor la cultura surcoreana y que viene reforzado por el uso de armas tradicionales del país por parte de sus personajes principales.
Las guerreras k-pop tenía todos los ingredientes para triunfar y ha llegado a Netflix aterrizando sobre un terreno que estaba esperando con los brazos abiertos una producción de este calibre, una que pudiera ser disfrutada por todo tipo de audiencias, respaldada por la atractiva tradición surcoreana, pero que a su vez le diera al k-pop el lugar que merece en el cine.


