Control Z
Análisis

Crítica de Control Z, el nuevo drama adolescente de Netflix

Por Raquel Hernández Luján

¡Vamos, güey! Netflix ha estrenado hoy su nueva serie mexicana dirigida al público adolescente: Control Z. De ella te hablamos en nuestra crítica sin spoilers. ¡No mames!

Los ocho episodios que componen Control Z ya han visto la luz hoy mismo en Netflix, de modo que esta serie se une al catálogo de la plataforma de streaming junto a otras producciones mexicanas como Monarca, La casa de las flores o El club, por nombrar algunas de las más conocidas.

En el caso que nos ocupa, estamos ante un producto a medio camino entre Élite y Sé lo que hicisteis el último verano en plan light. De la primera toma no solo el escenario, un instituto de secundaria lleno de hormonas, sino también muchos elementos de la ambientación como la iluminación y ciertos conflictos (el consumo de drogas, los "líos" sentimentales...) y de la segunda una figura misteriosa que parece conocer los secretos de todos los alumnos y profesores. Bueno, aquí no los va matando uno a uno, pero sí aniquilando su reputación.

El primer episodio de Control Z trata de ponernos en situación haciéndonos adoptar el punto de vista de la protagonista: ella es Sofía, una joven solitaria que ha pasado una temporada en una institución mental tras sufrir una crisis desencadenada por algo relacionado con su pasado.

Ella tiene una capacidad de observación inusual y es capaz de percatarse del más mínimo detalle, de modo que nada se le escapa: aplicando el método deductivo puede hacerse una idea de lo que sucede a su alrededor. Uno de los aspectos que más le preocupa de la convivencia en el centro es el conflicto que hay entre sus compañeros Gerry y Luis. El primero acosa y hostiga al segundo degradándolo y manteniéndolo atemorizado. Esto hace que Sofía intervenga en repetidas ocasiones para salvarle el pellejo.

Al caldo de cultivo físico, esa sopa inflamable de testosterona y estrógenos que inunda los pasillos de su instituto, se le suma una chispa que hace que prenda el caos cuando un hacker que parece haberse hecho con las claves de la WIFI del instituto y haber entrado en todos los dispositivos móviles registrados, empieza a airear algunos de sus más íntimos secretos.

Como es evidente para cualquiera que a día hoy tenga acceso a la tecnología, las personas tenemos todo un ecosistema virtual que Control Z explora mediante superposiciones en las que vemos cómo la reputación digital, las reacciones en redes sociales o condicionan por completo las relaciones humanas.

Control Z deja abiertos muchos interrogantes y se despide con un impactante final, con la clarísima intención de regresar con una segunda temporada con la que ir rematando los flecos. El caso es que, en comparativa con otras series de este calibre como podrían ser la ya nombrada Élite, Por trece razones o incluso Euphoria, tiene claramente menos que ofrecer tanto desde el guión como desde la apuesta estética y la narrativa. Apenas le saca jugo a esa versión de Sherlock 2.0 que se intenta plasmar en Sofía y se mete en terrenos realmente dramáticos de una forma muy superficial como puede ser el bullying, la identidad sexual o el derecho a la privacidad y la autoimagen.

Al final, lo importante de verdad, debería ser un mensaje de que hay que aceptarse y no actuar a escondidas. Es decir, que los personajes deberían madurar y aprender que los secretos son los que les atan pero la serie es demasiado banal como para llegar a ese punto. En lugar de mirar a la cara a los adolescentes y decirles: "no os avergoncéis de ser como sois y hacer lo que hacéis" juega con el morbo y se preocupa demasiado por sobreexplicar quién es el hacker y por qué actúa así. Y encima, cuadra todo un poco a la fuerza.

En fin, como entretenimiento pasajero Control Z no es insufrible, pero no esperéis sacar demasiado en claro, más allá de saciar vuestra curiosidad, al menos en parte.

Reto para el visionado: si te bebes un chupito cada vez que escuchas "güey", "pendejo", "neta" o "carajo", puedes acabar con más alcohol en las venas que una destilería. Vale, es parte de su encanto, pero algo de contención no vendría mal: ya sabemos que durante la adolescencia no estamos en nuestras condiciones óptimas de expandir nuestro vocabulario, aquí nos pasa lo mismo con "tía", "coño", "joder" o "ya estaría", pero es tal el abuso que se pierde la cuenta de las veces que salen estas coletillas de las bocas de los protagonistas.

Valoración

Poco original y bastante desfasada, esta serie se mueve al son de un culebrón adolescente con todos los conflictos que se ven de forma recurrente en este tipo de productos con la curiosidad de que los adultos también se comportan como si tuvieran 16 años.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Siendo una serie bien sencilla, sabe enganchar, aunque sea bastante superficial y extremadamente morbosa. Tendrá su público.

Lo peor

Muchos de los conflictos que se abordan están muy obsoletos y el 90% está relacionado con temas sexuales, como si no hubiera nada más en el mundo.

Y además