María Bescós

Colaboradora

Las películas de videojuegos han ganado a cualquier prejuicio y ya son casi un seguro en la taquilla

Daisy en Super Mario Galaxy: la película
Daisy en Super Mario Galaxy: la película
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

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A lo largo de la historia, las adaptaciones cinematográficas de videojuegos han ido ganando prestigio hasta convertirse en una industria fuerte con dos claros objetivos.

Llevamos un año tremendo de adaptaciones de videojuegos para la gran pantalla y, a punto de cerrarlo, todavía no las hemos visto todas. Desde hace tiempo, esta es una tendencia que parece ir cogiendo fuerza, llenando la cartelera con estrenos que gran parte del público conoce.

Las versiones cinematográficas de videojuegos llevan existiendo desde hace décadas, y ya en los años 90 teníamos ahí a cintas como Super Mario Bros. (1993) o Mortal Kombat (1995) intentando abrirse paso en la industria con diferentes niveles de éxito y sin terminar de dejar claro si este era un buen camino a seguir.

John Leguizamo (izq.) como Luigi en Super Mario Bros (1993)
John Leguizamo (izq.) como Luigi en Super Mario Bros (1993)

Con el cambio de siglo vimos otros intentos de consolidar este mercado con películas como las de Tomb Raider protagonizadas por Angelina Jolie, o la saga de Resident Evil que contaba con Milla Jovovich a la cabeza del reparto.

No obstante, comenzó a ser alrededor de la década de 2020 cuando todo cambió. Pokémon: Detective Pikachu (2019) fue el gran éxito reciente que nos mostró el potencial de seguir trasladando los títulos interactivos a la pantalla grande, y a aquel estreno le siguieron otros tan potentes como: Sonic: La película (2020) o Uncharted (2022).

Super Mario Bros.: La películaNintendo

Sin embargo, fue Super Mario Bros.: La película (2023) el fenómeno que estableció un nuevo mercado. La cinta se convirtió en la primera adaptación de un videojuego en superar los mil millones de dólares, y logró resarcir a Nintendo del paupérrimo intento de hacer que cobraran vida sus icónicos personajes en los 90.

Así, cada vez han sido más los estudios que han apostado por seguir llevando a los cines largometrajes basados en títulos más o menos conocidos. Porque se han dado cuenta de que hay un público queriendo disfrutar en otro medio de las historias que ya ha jugado. Y yo soy la primera, con dispares aproximaciones a estas adaptaciones.

Las adaptaciones cinematográficas de videojuegos existen por 2 motivos

Este 2026 no pude faltar a la cita para reencontrarme con el fontanero del Reino Champiñón en Super Mario Galaxy: la película tras haber visto la primera entrega y haber jugado a varios títulos de Mario con anterioridad.

Entre ellos, de niña había catado los Super Mario Galaxy que inspiraban la cinta, y tenía cierta familiaridad con el universo y sus habitantes, por lo que el largometraje podía jugar un papel de reencuentro.

En cambio, con Exit 8 me pasó justo lo contrario. Me llamó tanto la atención el concepto de la propuesta, que coqueteaba con los espacios liminales de un modo similar a la cinta de la que todo el mundo estaba hablando, Backrooms, que no pude evitar verla.

Satisfecha con lo que me ofreció, quise ir un paso más allá y descubrir de dónde venía, por eso en cuanto terminé de la cinta me hice con el juego, y poco tiempo después sufrí atravesando sus pasillos de metro cambiantes hasta dar con la salida.

Resident Evil
Resident Evil

Lo que yo he vivido con Super Mario Galaxy: la película y Exit 8 sintetiza lo que buscan y consiguen todas las adaptaciones de videojuegos que llegan al mercado.

Por un lado, están atrayendo a un público fiel o familiarizado con el material original del que parten, por otro, quieren acercarse a nuevas audiencias y que la película se convierta en el puente para llevarlas a ese videojuego que la inspira.

Ambas partes funcionan, porque ambas despiertan la curiosidad por la otra, al tiempo que se benefician de la bien explotada fórmula en la industria cinematográfica de construir sobre seguro.

Más vale una secuela, un remake o una adaptación, que una nueva propiedad intelectual, porque en los primeros casos ya sabes que hay gente que regresaría, mientras que el último es el más arriesgado de todos.

Diría que no hay fallos en el modelo, en esa mentalidad, y que se ha conseguido dar con una fórmula lo suficientemente efectiva como para cumplir el propósito de retroalimentación en este ámbito, haciendo que, al final, todo el mundo esté pagando para ver esas películas y jugar a esos juegos.

El futuro del cine se llama... ¿videojuego?

Los exponentes más recientes en haberse sumado a esta causa han sido Resident Evil y Street Fighter. La última adaptación de la saga de zombies ha salido airosa al contar con un director de terror de renombre a la cabeza, así como una gran pasión por los títulos de Capcom, Zach Cregger.

También nacida de Capcom, la nueva adaptación de sus juegos de lucha acaba de entrar pisando fuerte en la cartelera, aunque todavía no le ha podido hacer sombra a su rival en el género: Mortal Kombat II, que es una redundancia es sí misma. No sólo se trata de una adaptación de un videojuego, también de una secuela. Warner Bros. es brillante.

La productora ha seguido el modelo del éxito al pie de la letra, al igual que este año están haciendo estrenos como el nuevo largometraje de Mario, que lidera la taquilla en quinta posición, o la inminente cinta animada de Angry Birds, que ya va por su tercera entrega.

El futuro del cine se vislumbra cada vez mejor como un conglomerado de regurgitaciones, en el que lo que tiene más posibilidades de triunfar es lo que más casillas de la falta de originalidad tenga marcadas. Llámalo adaptación de un videojuego, llámalo secuela o, mejor, llámalo todo a la vez.

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