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La opinión de
Jesús Delgado Manzano

¿En qué han fallado Daredevil y las series de Netflix y Marvel?

¿En qué han fallado Daredevil y las series de Netflix y Marvel?

¿Por qué las series de Netflix de Marvel han ido fallado una tras otras? Analizamos en un blog de opinión las causas del fracaso de Daredevil, The Punisher y el resto de series de The Defenders y las continúas cancelaciones de programas.

La semana pasada, con vistas a la fecha de su estreno, me tragué enterita la segunda temporada de Marvel's The Punisher, la serie de Netflix y Marvel que se basa en el justiciero paramilitar creado por Gerry Conway y John Romita Sr. para las páginas de Spider-man. Imitando la estela de otras series de ABC Studios para Netflix sobre los héroes urbanos de Marvel, pasado el primer episodio (que empezaba por todo lo alto) el show iba haciendo aguas a medida que avanzaba, hasta perderse en si mismo. De ahí que no nos deba extrañar tampoco que Deborah Ann Woll (Karen Page) diera a entender su más que posible cancelación tras el fin de esta temporada 2.

Mientras se dilucida si The Punisher sigue o no el camino de Daredevil y las otras series de Marvel en Netflix y se cancela igualmente, finalizando así el ambicioso proyecto de Marvel en la plataforma VOD, me ha parecido que deberíamos analizar otra cuestión. Aunque sea de manera completamente subjetiva, creo que deberíamos hablar de los motivos detrás de este fracaso. Por lo menos, hasta que se cumpla la sospecha de muchos de que estos programas podrían haber sido cancelados tan solo para pasar a formar parte de la parrilla de Disney +, la plataforma de Video On Demand del gigante Disney. 

Hace un tiempo, la verdad, ya os hablé de algunos puntos que han podido ser la causa de la cancelación de Daredevil y de otras series. Ahora, con el círculo cerrado en la segunda temporada de The Punisher, aun pendiente de que se oficialice su cancelación, podemos hablar ya de los males que han plagado los seis shows del proyecto, los cuales creo que han acabado siendo la causa de su defunción y fracaso.

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Y es que, si habéis visto todas las series de Marvel y Netflix y a pesar de las muchas virtudes de cada uno de los proyectos, hay una serie de vicios comunes que explicarían el motivo por los que estos programas se han ido al traste. Empezando por...

1. Historias laberínticas

Quizá, la primera vez que nos enfrentamos cara a cara con este mal fue en la temporada 2 de Daredevil. Esta temporada empezó de manera explosiva, introduciendo al Punisher de Jon Bernthal, adaptando elementos de los cómics de Frank Miller y de Garth Ennis en los respectivos personajes, y haciendo que la serie nos pusiera los pelos de punta en sus primeros episodios. Sin embargo, pasado el hype inicial, la trama se diluyó para introducir a Elektra (Elodie Yung), al clan ninja de La Mano y comenzar a pavimentar el camino a The Defenders

Esta decisión fue tremendamente desacertada, ya que hizo que la serie se dividiera en dos grandes arcos argumentales, completamente distintos, con temáticas y tonos demasiado contrastados. De ahí que pareciera que teníamos dos temporadas dentro de una misma, con excesivas subtramas y una dilatación enorme del relato principal. O, dicho de otra manera, que lo que se podía haber resuelto en diez episodios, se hubiera de resolver en trece al final, haciendo que el ritmo decayera más allá del ecuador de la serie y con algunos momentos muy poco atractivos.

Esta tónica se mantuvo en Luke Cage temporada 1, que, pese a sus virtudes, sufrió en sus carnes la decisión de construir una historia con un esqueleto similar. La partida de Mahershala Ali, además, hizo que el programa perdiera atractivo poco después del quinto episodio. Por desgracia, al conseguir una historia más o menos sólida, el modelo continuó perpetuándose en las siguientes temporadas de los otros shows. 

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Esto nos lleva a las series post-Defenders, cuyas tramas se comenzaron a enrevesar cada vez más y más. En un fútil intento de dar mayor dimensión a los secundarios, las historias principales se dilataban y estiraban como chicles, dando vueltas en círculos, tomando callejones sin salida que se solventaban a las bravas o, sencillamente, creaban situaciones anticlimáticas, cuya resolución parecía (a veces) deberse a un Deus ex machina ("lo hizo un mago", vaya). Y eso, sin contar las subtramas de algunos personajes, cuyas reacciones carecían de sentido o se salían de la caracterización que se había planteado de ellos. Un dislate, en fin, destinado a a alargar innecesariamente el culebrón.

2. La imitiación del UCM

Uno de los valores de las series de Marvel y Netflix fue su intento de imitar Los Vengadores de Joss Whedon y las dinámicas del Universo Cinematográfico de Marvel, en el que todo estaba conectado. Esto brindó la posibilidad de que diversos personajes de las distintas series como Foggy Nelson, Karen Page, Turk o el Sargento Mahoney hicieran cameos entre serie y serie. 

Sin embargo, la fórmula flaqueó en el ambicioso intento de preparar el escenario para The Defenders. Desde Daredevil temporada 2, el rumbo de las series dependió enormemente del imperativo de plantear una base sobre la que desarrollar el crossover. Esto significó que Iron Fist no fuera una serie independiente per se, sino un preludio a la historia destinada a reunir a Daredevil, Luke Cage, Jessica Jones y Daniel Rand

Que, además, tras esta historia, las aventuras de cada uno de los héroes (por separado) dependieran de los sucesos de dicho cruce, hizo que cada programa perdiera mucha independencia. En este sentido, la fórmula de Marvel Studios en cine juega mucho mejor con esta convención propia de los cómics Marvel. En el cine se utiliza con más cuidado, midiendo de forma más ecuánime las cantidades necesarias de "referencias" con el propio peso independiente de cada película. Desgraciadamente, Jeph Loeb (máximo responsable de Marvel Television) y los responsables de las series, no supieron encontrar el equilibrio adecuado para llevar a buen puerto estos relatos. 

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3. La avaricia rompe el saco

En este punto me permito especular, pero el mismo año que se estrenó Iron Fist temporada 1 tuvimos tres series a la vez. La citada, protagonizada por Puño de Hierro, The Defenders y la primera temporada de The Punisher. Como resultado, razono que el presupuesto se tuvo que estirar, habiendo de apretar el cinturón en las distintas producciones y, además, obligando a directores y editores a apresurarse para sacar "el bollo del horno" a tiempo, con vista a las fechas de estreno establecidas.

Esto se percibe en una cualitativa pérdida de frescura y calidad, en que salvo honrosas excepciones, la mayor parte de las secuencias son pobres o carecen del ingenio y de la dirección de las primeras temporadas, en donde el uso de la luz y del color era una impronta determinante e identificativa de cada serie. 

Dicho de otro modo, con las prisas y con la necesidad de cumplir las exigencias del fandom, los productores quisieron apresurarse y apuntar demasiado alto y el producto no pasó todos los filtros de control de calidad que debería haber pasado.

4. ¡Los complejitos!

En la industria del entretenimiento sigue existiendo un complejo con el concepto de superhéroe. Esto es, un miedo y un temor a que todo lo que se salga de la trilogía del planteamiento "adulto, serio y oscuro" sea tenido por un producto espúreo, risible y de baja calidad. Este miedo, como he señalado muchas veces, bebe de los lodos de Batman Forever y los palos de ciego que la industria dio hasta que Christopher Nolan y Bryan Singer dieron con la tecla para que los más reacios con el género de superhéroes comenzaran a dar su aprobación a este tipo de historias. Esto fue gracias, principalmente, al realismo de presentación de sus películas, que volvían "realistas" a los superhéroes.

En cierta manera, Daredevil es el héroe de Marvel que (junto a Caballero Luna) más se equipara a Batman y se presta a planteamientos similares. No en vano, Frank Miller aplicó fórmulas parecidas a uno y a otro para relanzarlos en momentos bajos de sus respectivas carreras. Estaba, eso sí, alejado de este realismo de presentación que os refiero. De ahí que plantear un Daredevil bajo un espectro equiparable al Batman de Nolan tenga sentido, hasta cierto punto.

El problema viene cuando el héroe de cada show tiene su propia identidad e idiosincrasia, pero los showrrunners deciden aplicar el mismo tipo de estilo a todas ellas, eludiendo todo aspecto fantástico o vistoso de su mitología. El más afectado, en este sentido, fue Puño de Hierro, al que se le arrebató el punto místico y sobrenatural, sugiriendo tan solo estos elementos, en lugar de mostrarlos explícitamente.

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Esto se traduce en un vestuario más bien pobre, poco fiel respecto al cómic, que pasa por una solución tibia, para no soliviantar al público acomplejado, que sigue empecinado en que un señor que lucha contra el crimen en mallas no es un planteamiento adulto, bajo cualquier luz. Dicho de otro modo y con un ejemplo muy claro; Que el "Iron Fist" canalize su chi a través del puño, es adulto y aceptable. Que se cubra el rostro con una máscara amarilla y luzca un kimono verde, negro o blanco, no lo es. 

Este complejo de inmadurez toma su forma más bochornosa en la temporada 3 de Daredevil, donde el propio discurso de la historia reniega de la idea del disfraz, para volver al concepto primitivo de héroe con chandal y media en la cabeza. No solo iconográficamente resulta cuestionable e inconsistente, sino que, además, se trata de justificar con diálogos manidos y con una trama inocua, que viene a renegar de la evolución del personaje, en tanto comete la tropelía de perderse en subtramas vacuas, cuyo fin es el de distraer al espectador de este sucio número de ilusionismo barato.

5. Fotocopia de temas

Desde The Defenders, todas las series han pecado de plagiarse las unas a las otras en distintas cuestiones. La primera de ellas, las motivaciones de los personajes y su renuencia a aceptar su propia identidad. Iron Fist abjurando del Puño de Hierro, Jessica Jones mandando al cuerno a sus allegados, Luke Cage cediendo al "lado oscuro", Punisher enfrentado a su uniforme, Matt Murdock renegando de su identidad como Daredevil... las coincidiencias son muchas como para pasarlas por alto.

Por otro lado, el éxito del Kingpin de Vincent D'Onofrio hizo que los guionistas apostaran masivamente por un perfil de antagonista que se manoseó y sobó hasta el abuso: el de villano traumatizado. Se presentaban personajes que, en otras circunstancias, podrían haber sido héroes. El retrato de la mayor parte de los antagonistas pasaba por justificar sus acciones, aduciendo su comportamiento errático, sádico o criminal a traumas infantiles, enfermedades mentales o una causa justa pero mal orientada.

Como resultado, la series muchas veces venían a justificar a los antagonistas, bajo la excusa de humanizarlos, en un intento de que el público sintiera lástima por ellos, en lugar de aceptar que (como ocurre en los cómics y en la vida real), hay gente que sencillamente está tarada y sus acciones no obedecen al suceso de ningún tipo de tragedia griega en sus vidas.

Por supuesto, habrá quien defienda que esto era un recurso para dar mayor dimensión humana o de "ser realista" respecto al planteamiento. Pero cuando este proceso de automatiza de manera sistemática, no hemos de hablar de un tratamiento de profundidad argumental, sino de pereza narrativa. 

En tercer lugar, como ya hemos aventurado antes, la estructura de cada serie, llegado un punto, parecía plagiarse de una a otra, con giros argumentales y "sorpresas" que parecían únicamente alargar cada temporada. Esto hacía bastante predecible el siguiente paso a seguir, ya que el espectador podía intuir, sin romperse los cuernos, por donde iban a ir los tiros a continuación. Incluso, para su disgusto, podía esperar el golpe de efecto de un final completamente anticlimático, de los de cortar la nata, a sabiendas de por dónde querían tirar los productores.

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Conclusión: Una oportunidad desperdiciada

Con planteamientos tan errados, hemos de recurrir a la manida etiqueta de "oportunidad perdida" para definir el proyecto de ABC Studios, responsables de las series de Marvel para Netflix. En conjunto, encontramos unos planteamientos erráticos y anacrónicos, que no se ajustan a las capacidades y limitaciones del público actual, optando por no ser excesivamente ambiciosos y tratando de justificar sus carencias con recursos gratuitos como sexo o violencia en pantalla, en un intento de compensar carencias argumentales.

Como experimento, la cosa no ha estado mal. Ha sido, a grades rasgos, un viaje entretenido. Pero si tras el final de Punisher temporada 2 volveremos a saber algo más de El Hombre Sin Miedo y de los otros personajes que han protagonizado estas series, es algo que todavía está por verse. Aparentemente, da la impresión que tendremos que aceptar que hasta aquí hemos llegado en esta parcela del UCM y que la historia se ha acabado. 

En cualquier caso, como colofón, os advierto: No caigáis en el simplismo de culpar de estas cancelaciones únicamente a Disney, como si fuera el diablo con orejas de ratón. De hecho, desde que el proceso de cancelación de series de Marvel se dio a conocer, tanto Marvel Studios, como Marvel Televisión, Netflix y Disney se han estado pasando la patata caliente los unos a los otros. El último en culpar a alguien de las cancelaciones ha sido el propio Jeph Loeb, que ha señalado que Netflix podría ser la responsable última de decidir sobre estas cancelaciones.

Esto último no es tan descabellado si atendemos a que la plataforma parece estar cerrando acuerdos con Warner, para suplir su oferta de series sobre superhéroes. Primero fue Black Lightning, hace un tiempo, y ahora parece que Netflix distribuirá las series de DC Universe (la plataforma VOD dedicada a DC Comics de Warner), encabezadas por Titanes y Doom Patrol. A partir de ahí podéis pensar que, al margen de lo que quieran los fans, es posible que Disney, Netflix y Warner estén jugando su propia partida, sin tener en cuenta la gente que "les llore" en Change.org.