Rafael Aznar

Redactor jefe de la versión de papel de Hobby Consolas

Por qué Donkey Kong Bananza debería ser el juego del año: rumbo a The Game Awards 2025

Por qué Donkey Kong Bananza debería ser el GOTY en The Game Awards 2025
Por qué Donkey Kong Bananza debería ser el GOTY en The Game Awards 2025
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Donkey Kong Bananza es candidato al GOTY de The Game Awards 2025, e imprescindible de Switch2, y a continuación te explico todos los motivos por los que merece ganarlo.

El 11 de diciembre, se celebrará The Game Awards 2025, la gala en la que se premiará a los mejores juegos del año. Y, en Hobby Consolas, hemos preparado la mejor previa posible para explicar los pros y los contras de los seis candidatos a llevarse el galardón más deseado: el GOTY. 

Y yo, parafraseando a Francisco Umbral, he venido aquí a hablar de mi Donkey Kong Bananza, tras haber hecho lo propio con otro de los nominados, Kingdom Come Deliverance II.

Ciertamente, ha sido un año inusual y que quizá suponga un punto de inflexión para el medio y el largo plazo de la industria. No en vano, los tres candidatos que parten como favoritos no son las clásicas superproducciones de grandes compañías, sino proyectos más ajustados a cargo de estudios pequeños, como es el caso de Clair Obscur: Expedition 33, Hollow Knight: Silksong y Hades II.

Será interesante ver si, en el futuro, eso supone una mayor preponderancia de indies y AA frente a esos AAA tan caros de producir y difíciles de rentabilizar, como denotan los miles de despidos que se han producido en los últimos tiempos o la apuesta más o menos velada por la inteligencia artificial. 

Pero ya habrá otros momentos para lamentaciones y elucubraciones: aquí, hemos venido a disertar de lo más granado de 2025.

Switch 2, nuevo baluarte del exclusivo

Los saltos generacionales no son ya tan notorios como los de antes, y ahí están los ejemplos de PS5 y Xbox Series X|S, que tardaron un tiempo en arrancar e, incluso, han seguido teniendo exclusivos intergeneracionales hasta hace un par de años. Al fin y al cabo, el hardware ya no marca las diferencias técnicas de antaño y a las first parties no les interesa renunciar a las decenas de millones de usuarios de sus consolas previas.

Sin embargo, Nintendo ha vuelto a romper la baraja con Switch 2, una consola que se está vendiendo como pan caliente, con 10,36 millones de unidades en apenas seis meses. Indudablemente, es una sucesora continuista, de las menos arriesgadas de la trayectoria de la Gran N, como demuestra, directamente, su denominación numérica. 

Es más potente, es más grande y tiene más funciones (GameShare, Gamechat...), pero el concepto es el mismo que el de la primera Nintendo Switch: una máquina híbrida que llevarse a todas partes.

Ahora bien, desde el primer día, Nintendo la ha dotado de numerosos juegos exclusivos que han empezado a conformar un buen fondo de armario. En medio año, se han juntado Kirby Air Riders, Hyrule Warriors: La era del destierro o, sobre todo, Mario Kart World y Donkey Kong Bananza. Y eso sin olvidar los complementos intergeneracionales que han sido las versiones hipervitaminadas de Metroid Prime 4: Beyond y Leyendas Pokémon: Z-A.

Ese combo de cantidad y calidad contrasta con la deriva de Sony y Microsoft en los últimos años. La primera, perdida por momentos con una apuesta fallida por los juegos como servicio, ha reducido notablemente su volumen de lanzamientos exclusivos, a lo cual hay que añadir que algunos de ellos se acaban estrenando también en PC con el tiempo.

En cuanto a la segunda, ha cambiado de estrategia radicalmente y se ha convertido de facto en una third party. Partiendo de la premisa de que los usuarios de Xbox pueden acceder a esos juegos 'a coste reducido' mediante la suscripción a Game Pass Ultimate, casi todos sus juegos se lanzan ya también en PS5, para rentabilizarlos todo lo posible. ¿Y lo harán en Switch 2 en el futuro?

En otras palabras, Nintendo es la única first party que sigue fiel a la filosofía de toda la vida de que, si una compañía saca una consola, es para dotarla de juegos específicos que inviten a su adquisición, a sabiendas de que no estarán ni en PC ni tampoco en consolas que, en principio, deberían ser competencia.

El King Kong del videojuego

He de reconocer que, pese a que ha sido un éxito absoluto, con 9,57 millones de copias vendidas (casi a copia por consola), a mí Mario Kart World no me ha vuelto loco. Soy un entusiasta de los juegos de carreras, y el concepto de mundo abierto con todos los circuitos integrados en él me gusta, pero la nueva jugabilidad apoyada en los turbos en forma de brincos no me ha convencido. Por momentos, parece un juego de skate.

Sin embargo, esa relativa decepción contrasta con lo mucho que me ha gustado Donkey Kong Bananza, un juego repleto de bondades intrínsecas y extrínsecas. Independientemente de las cifras comerciales (va por los 3,49 millones de copias), nadie puede poner en duda que es el mejor juego de la hornada inicial de lanzamientos de Switch 2, como demuestra, simple y llanamente, el hecho de que esté nominado al GOTY 2025.

Curiosamente, en 2024, el galardón se lo llevó un plataformas tridimensional de gran carga nostálgica como Astro Bot. Y, un año después, repite otro juego muy parecido. No creo que logre imponerse a Clair Obscur: Expedition 33 y Hollow Knight: Silksong, la verdad, pero es un juego maravilloso.

Para empezar, Bananza pone en valor una saga decana del videojuego, como es Donkey Kong, con la que Nintendo inició su andadura en la industria del videojuego, con la recreativa y con una de las primeras Game & Watch, varios años antes de la creación de NES. Aquel álter ego de King Kong supuso un cambio radical respecto a toda la etapa inicial de Nintendo como fabricante de cartas hanafuda.

Luego Jumpman se cambiaría el nombre a Mario y éste se convertiría en la mascota de Nintendo, dejando al simio en un rol secundario. El gorila tendría sus propios juegos, pero, al compartir el género de las plataformas con el fontanero, no es que se haya prodigado especialmente. De hecho, en vez de ocuparse ella directamente, Nintendo lo puso en manos de equipos occidentales como Rare (en SNES, Game Boy y N64) y Retro Studios (en Wii y Wii U).

En ese sentido, DK llevaba sin protagonizar un juego inédito desde 2014, cuando se lanzó Donkey Kong Country: Tropical Freeze. Pero peor aún era el ostracismo de la vertiente tridimensional, limitada a un único juego, Donkey Kong 64, lanzado en 1999 junto con el Expansion Pak de N64, que solucionaba un bug crítico.

Una odisea platanera

Pero nunca es tarde si la dicha es buena y, veintiséis años después, el equipo que firmó Super Mario Odyssey ha creado un nuevo plataformas 3D del gorila, cuyo look ha sido actualizado para la ocasión. Y lo mejor es que amalgama a la perfección la 'brutalidad' del personaje con la filosofía abierta y de experimentación de la aventura del fontanero de 2017.

A lo Julio Verne, Donkey Kong Bananza propone un viaje hacia el centro de la tierra, con el protagonista a la caza de unos ladrones de plátanos: la Void Co. Así, los sucesivos mundos del juego, conocidos como sustratos, están conectados a través de unos túneles verticales. Y, por supuesto, cada sustrato es único en cuanto a su ambientación, con montañas, bosques, glaciares, volcanes...

Como en Super Mario Odyssey, los escenarios están plagados de coleccionables, especialmente las 777 gemas de banandio que hay que recuperar. Igual que sucedía con las energilunas, cada una de ellas es un pequeño reto, lo que se traduce en un desarrollo que es pura diversión a los mandos.

En relación con eso, la piedra angular del juego es un sistema de destrucción total de los escenarios, cortesía de la potencia de Switch 2. DK puede abrir túneles a puñetazos en casi cualquier dirección, tanto en vertical como en horizontal, como si fuera un arqueólogo o un albañil sin control, sólo que, contradiciendo a Juan Cuesta (presidente de aquella nuestra comunidad), sin pico ni mazo.

Paralelamente, otro elemento clave son las bananzas que dan nombre al juego. Se trata de transformaciones animalescas que convierten al protagonista en cebra, avestruz o elefante, con sus consiguientes habilidades especiales. A su vez, eso entronca con los propios orígenes de la saga. Porque las bananzas están asociadas a Pauline, la muchacha a la que DK tenía secuestrada en el arcade de 1981, que, aquí, es una niña que le acompaña y le ayuda.

Y los guiños se extienden también a los juegos consoleros del gorila, con algunas secciones de avance lateral que remiten a los Donkey Kong Country, sin que falten tampoco elementos clásicos en forma de barriles, vagonetas, rinocerontes... La aventura es una fusión perfecta entre modernidad y antigüedad, con un diseño de niveles de toda la vida que, a la vez, se siente muy fresco.

Por último, hay que destacar que es un juego que no entiende de edades. Lo puede disfrutar igual un niño pequeño que un adulto que ya jugara en su día al Donkey Kong original de recreativas. De hecho, cuenta con un modo cooperativo para que alguien sin excesiva habilidad pueda controlar a Pauline e interactuar con los entornos, lanzando 'piedras' con las que contribuir a la destrucción de los escenarios.

Es verdad que puede llegar a ser un juego muy fácil, algo que se nota, especialmente, en los jefes, que se sienten un poco desaprovechados. Pero esa diversión inmediata y sin complicaciones es un pequeño oasis en esta era de soulslikes y roguelikes punitivos que, a menudo, suponen una barrera imposible de superar para muchos jugadores. Nintendo sigue fiel a su tradición de hacer juegos para todos los públicos.

Razones a favor de que Donkey Kong Bananza sea el GOTY 2025

  • Ha traído de vuelta la saga Donkey Kong, que llevaba aparcada desde 2014. Además, lo ha hecho con una propuesta tridimensional, algo por lo que sólo se había apostado... en Nintendo 64 en 1999.
  • Recuerda la importancia que pueden y deben tener los juegos exclusivos para justificar la adquisición de una nueva consola (en este caso, Switch 2).
  • Es un festival de diversión inmediata y sin complicaciones, con infinidad de retos en forma de 777 gemas de banandio que encontrar.
  • El diseño de niveles y sustratos apoyado en la destrucción casi total de los escenarios es espectacular.
  • Está plagado de guiños al pasado: en especial, a la recreativa original de 1981 (con Pauline como coprotagonista) y a los juegos de Rare de los años 90.
  • Puede disfrutarlo cualquier usuario, independientemente de su edad y su habilidad.

Razones en contra de que Donkey Kong Bananza sea el GOTY 2025

  • Carece de una historia o una narrativa que le dé empaque.
  • La dificultad es particularmente baja, en la línea de los juegos de plataformas contemporáneos de Nintendo.
  • Sólo dos meses después de lanzarse, recibió Isla de DK + Caza de esmeraldas, un DLC bastante caro (20 euros) para su escasa enjundia.
  • Aunque se apoya en la potencia de Switch 2, la escala de la destrucción propicia algunas ralentizaciones de cuando en cuando.
  • No le ayuda el hecho de que el GOTY de 2024 fuera ya un juego de plataformas 3D como Astro Bot, por aquello del 'cansancio del votante'.

Siendo sincero y realista, creo que el GOTY 2025 se lo llevará Clair Obscur: Expedition 33 o, en su defecto, Hollow Knight: Silksong, pero Donkey Kong Bananza se encuentra merecidamente en la conversación. Es el mejor juego de la hornada inicial de Switch 2 con diferencia, una mezcla perfecta entre pasado y presente y un recordatorio de lo divertidos que pueden llegar a ser los videojuegos.

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