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La opinión de
Sonia Herranz

Cualquier tiempo pasado… fue anterior

Mandos de consolas retro

Ahora que ya tenemos (algunos, pocos, como siempre) las consolas next-gen, no he podido evitar recordar otros relevos generacionales. Bueno, eso y que como estamos inmersos en el 30 aniversario de Hobby Consolas lo de echar la vista atrás se me hace inevitable.

No soy yo mucho de regodearme en el pasado, porque las cosas tienen siempre un momento y un lugar, y tratar de comparar lo que tenemos ahora, sea bueno o malo, con lo que teníamos hace 30 años no es más engañarnos a nosotros mismos…

El caso es que, pese a todo, jugando con las consolas next-gen no he podido evitar sentirme un poco como en los tiempos del Spectrum: atrapada esperando. 

No esperando para pasar de fase, cruzar una puerta o iniciar una misión nueva. Los discos SSD son la caña. Esperando para que el juego se descargue, se instale, se actualice y se peine los ray-tracing

Con los años no he ganado en paciencia (y se la pido todos los años a los Reyes). A veces, con tanta parafernalia, se me quitan hasta las ganas de jugar. No sería la primera vez que después de siglos esperando a tener el juego listo, he pasado olímpicamente de arrancarlo. En venganza. Hasta los teraflops de las esperas. Y aquí es cuando miro atrás y me acuerdo de mi NES. Tan apañadita, tan ligerita y tan pequeñita. 

Como ya he dicho alguna vez, a mí lo que me trajo al mundo del videojuego fue un Spectrum de segunda mano que hizo que los ojos me bailaran como los de Marujita Díaz (estamos mirando al pasado, así que buscad las chiribitas de Marujita). Pero era cansino, muy cansino. 

Cuando conseguía cargar un juego sin que la cinta diera error, me encogía toa esperando el grito de mi madre “¡a comer!”. La engañaba apagando la tele (una Telefunken en blanco y negro), porque no quería apagar “el gomas” y tener que volver a empezar… 

Cuando mi Spectrum murió (por cuarta vez y sin opción a resucitación), sólo los salones recreativos me mantuvieron unida al videojuegos. Los ordenadores eran muy caros y muy grandes y en mi casa no se podía… 

Ya me iba para siempre cuando apareció una NES en mi vida y todo cambió. Cuando levanté la tapita, metí el cartucho, le di al power y aquello empezó a funcionar, sin esperas, sin pitiditos, sin cassettes, fue como magia. De la de verdad, sin trampa ni cartón. 

Nintedos NES

En ese momento decidí que los videojuegos volvían a ser lo “más mejor” del mundo y tuve claro que nunca más metería un ordenador en mi vida… Al menos, para jugar. ¡No había instalaciones, ni configuraciones, ni había que guardar “Kas” de la RAM para cargar un controlador! Bueno, mira, el paraíso en la tierra. ¡Consolas forever!

Y así ha sido desde entonces. He jugado con el PC, claro, hay cosas que solo podía jugar ahí, pero nunca he estado cómoda con las instalaciones y esas zarandajas (os recuerdo que soy una cagaprisas). Y es mutuo: los PC se cuelgan en cuanto me acerco. Lo saben… 

He ido pasando por todas las consolas, siempre con una enorme satisfacción. Generación tras generación, las he disfrutado todas. Incluso me compensaron las cargas de las primeras máquinas con CD-ROM a cambio de disfrutar de la magia de los entornos 3D… 

Cuando llegamos a PS2, me asusté. Y mucho. Se me cambió la cara cuando se anunció el disco duro que era necesario para jugar a Final Fantasy XI Online… ¿Un disco duro en una consola? ¿Íbamos a tener que instalar los juegos? Sudores fríos, oye. Además de cagaprisas, tiendo a ver los posibles problemas antes de tiempo… ¿Pesimista o realista?

Disco duro de PS2

Con PS2 capeamos el temporal, pero los discos duros habían llegado para quedarse y la generación de PS3 y Xbox 360 los generalizó y los adoptó sin remilgos. Y estaba bien, oye. Ya no necesitabas tarjetas de memoria para salvar tus partidas, entraba en juego el mercado digital, que abría enormes posibilidades para los desarrolladores pequeños, y permitía que el juego online cobrara el protagonismo que ya tenía en PC. 

Pero con ello empezaron los problemas. Ya no era meter el juego y jugar. Ya había opciones que trastear, ya había alguna que otra instalación y, lo peor, llegaron las actualizaciones. ¡Hasta tuve que actualizar el lector de Blu-ray la primera vez que fui a ver una peli! (¿o eso fue con PS4?).

Sobre el papel, las actualizaciones estaban de lujo, porque permitían arreglar bugs con el juego lanzado. Que antes, si el juego petaba en la penúltima fase, te lo comías con patatas… Pero esa herramienta tan noble se empezaban a convertir en un recurso más de desarrollo: si no da tiempo, déjalo, que ya lo arreglaremos después… 

Y la cosa no mejoró con PS4 y Xbox One. Qué os voy a contar que no sepáis de los parches del Día de 1, de juegos rotos, muy rotos, pero puestos a la venta en la fecha prevista; de parches que arreglan lo que han estropeado otros, de juegos a medias que ya, si eso, le meteremos otro mapa o algo… Y hablamos de parches de 20 gigas, de 30 gigas, de 90 gigas… De actualizaciones que ocupan más que el propio juego y que hacen que nuestros discos duros se queden tiritando a las primeras de cambio… 

Y llegamos a esta nueva generación, esa que solo unos pocos hemos podido estrenar, y vemos que no es que vaya por el mismo camino, es que es aún peor.  

Esos maravillosos SSD que nos ahorran interminables esperas son pequeños, muy pequeños, para albergar la ingente cantidad de gigas que traen detrás los desarrollos en Ultra HD 4K con reflejos hiperrealistas, sonidos 3D y rayos trazando el espacio-tiempo. 

Al final, lo que no esperas para saltar de un mundo a otro, lo esperas desinstalando e instalado de nuevo. Y ampliar la memoria de las consolas next-gen no va a ser cosa de broma, que barajamos unos precios que hacen que las máquinas en sí mismas parezcan baratas…

SSD PS5

De los parches y las actualizaciones hablamos otro día. Os adelanto que en muchos casos me parecen una tomadura de pelo. Una idea estupenda, pervertida por su mal uso. Igual que esta retrocompatibilidad tan deseada por todos, que ha servido para lanzar en "old-gen" juegos inalcanzables para PS4/One, pero que, como se podrán actualizar, ahí los tienes en las tiendas, para cuando te actualices tú. 

Vamos, que me he pasado la vida huyendo de los PC, mientras los PC se han pasado la vida tratando de alcanzarme y quitarme la razón. Han evolucionado tanto en los últimos 30 años que cada vez parecen más consolas. O las consolas se parecen cada vez más a los PC, que hay de las dos cosas. 

cyberpunk 2077 bug

Me revienta tener que trastear en la configuración de los juegos para ver si me conviene más un modo rendimiento o un modo visualización; me carcome estar dudando continuamente de si la versión que estoy jugando es la de PS4 o la de PS5; me crispa desinstalar juegos que me he descargado “para luego”, porque sino, no me cabe el que quiero jugar ahora… Pero lo peor es pillarme a mí misma pensando que eso es algo que había superado hace años. 

Tengo una sensación de involución que me resulta de lo más desagradable, que me quiero sacudir como sea, porque lo que de verdad, de verdad, me revienta, es decir “esto es mis tiempos no pasaba”. 

Lo cierto es que cuando veo las texturas en HD como la next-gen manda, cuando escucho las BSO actuales y los efectos de sonido y el doblaje, cuando alucino con los efectos de luz y salto de un juego a otro en un pispás, se me baja el globo y se me endulza la mala leche. 

No sé si ahora mismo, a mediados de enero, la nueva generación merece la pena (tranquis los que no hayáis saltado aún), pero estoy segura de que la merecerá. Más adelante, cuando los juegos empiecen a mostrar el potencial de la tecnología, cuando se optimicen mejor los “tamaños”, cuando cambiemos (una vez más) nuestra manera de jugar. Merecerá la pena. Como la ha merecido siempre. 

Al final, toda evolución supone un cambio y no siempre es fácil acostumbrarse a los cambios y, menos aún, sacudirse los prejuicios. Yo lo intento: ya no les pongo malos ojos a los PC (y se me cuelgan menos). 

Como corresponde a los que cargamos con una edad, no puedo evitar pensar a veces que cualquier tiempo pasado fue mejor… Aunque, realmente, como dice la genial Nieves Concostrina, simplemente, fue anterior. 

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