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Presupuestos descomunales para películas que se pueden filmar por la mitad o menos: se te va de las manos, Hollywood

Películas con presupuestos exagerados
Foto del redactor Javier CazallasFoto del redactor Javier Cazallas

Hacer películas nunca ha sido barato, pero algunos cineastas se pasan veinte pueblos al poner el cazo para pedir más y más. Y lo peor es cuando no dan resultado.

Lo de los presupuestos de las grandes producciones de Hollywood lleva años oliendo bastante, y no en el buen sentido. El Séptimo Arte nunca ha sido un negocio económico, de ahí que se considere un hito que una película de bajo presupuesto se convierta en un éxito de taquilla.

Por no irme muy lejos en el tiempo, a la era del furor de Paranormal Activity o El proyecto de la bruja de Blair, tenemos más fresquito en la memoria Terrifier 2 con sus 250.000 dólares y más de 15 millones de recaudación.

Pero no quiero hablarte de películas que han logrado mucho con poco, aunque alguna más aludiré a lo largo de este artículo. Hoy toca hablar de esos cineastas que se piensan que "Ahorro" es el nombre de un detergente.

Tampoco me voy a ir muy lejos para el ejemplo más claro que me viene a la mente: los hermanos Russo, que se han hecho un nombre gracias al Universo Cinematográfico de Marvel, especialmente a Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame. El mérito no se lo pienso quitar, pues son dos producciones supertaquilleras.

Sin embargo, Joe y Anthony Russo han demostrado que no son James Cameron, el Rey Midas a la hora de gastar mucho pero rentabilizar aún más. Ahí están Titanic y las dos películas ya estrenadas de Avatar.

El de los hermanos Russo es un caso muy diferente, ya que sus proyectos han ido a parar a Netflix, y han encontrado una ubre que ordeñar de forma exagerada.

Netflix es el filón de los hermanos Russo

Los cineastas se han encontrado con una fuente "inagotable" de presupuesto para sus películas, y en Netflix lo de poner límites no lo deben llevar muy bien, salvo para cancelar series, ahí no veas la prisa que se dan.

En 2022, los hermanos Russo estrenaron la que entonces era la película más cara de Netflix, El agente invisible, con Ryan Gosling luciéndose en un papel plagado de acción.

Es una película entretenida, pero no una que cueste 200 millones de dólares, ni de lejos. Por muy cosmopolita que sea la acción, por muchos especialistas implicados y sus tres estrellas principales, no hay ningún motivo que lleve a Netflix a aflojar la chequera de esa manera. Son dos horas de película, a 100 millones la hora.

Vamos a compararla con una de las sagas de acción más exitosas de la última década, John Wick, cuyo presupuesto combinado para las cuatro películas que ha estrenado es de 245 millones. Según The Numbers, la más cara ha sido, como es normal, John Wick 4, con 100 millones

John Wick 4 dura casi 3 horas de pura acción, localizaciones alucinantes en Berlín, Tokio y París y un despliegue de acrobacias que te quitan el hipo. Pero es que cualquier película de la saga le da mil patadas a El agente invisible y tiene tiempo a tomarse algo en el bar del Continental.

Insisto, no digo esto con ánimos de desmerecer el grueso de El agente invisible, sino el descomunal presupuesto que ha necesitado Netflix, en concreto los hermanos Russo, para hacer algo que se ha logrado con muchísimo menos.

Se podría pensar que en Netflix han aprendido la lección, pero les van a dar a los cineastas 300 millones para hacer The Electric State. Total, pagas tú y los anunciantes.

La excusa de los efectos visuales, mi favorita

Ya me he metido mucho con los hermanos Russo, que va a parecer que tengo algo en su contra, y nada más lejos. Aunque podría darles también con el tema que toca, vamos a hacer un popurrí de palos a Marvel, Disney, DC y las grandes franquicias de aventuras y/o ciencia ficción en general.

Los presupuestos se han vuelto vertiginosos en los últimos años con la excusa de los "muchos trabajos de posproducción" que requieren los VFX.

La trilogía de las secuelas de Star Wars no baja de los 300 millones de presupuesto por película y, de hecho, Star Wars: Episodio VII - El despertar de la Fuerza es la película más cara de la historia en el momento en que escribo esto, con 447 millones de dólares. Barra libre para J.J. Abrams.

Sagas como Piratas del Caribe, Indiana Jones, Fast & Furious y Jurassic World o películas como Liga de la Justicia —incluso con los problemas por la salida de Zack Snyder— o Doctor Strange en el multiverso de la locura han sobrepasado la barrera de los 300 millones, y alguna la de los 400.

¿Visualmente son espectaculares? Sí. ¿Merecen que se inviertan esas salvajes millonadas en ellas? Pues claro que no. Son la prueba de una incapacidad flagrante de administrar los presupuestos.

¿Quieres un ejemplo? The Creator, de Gareth Edwards. 80 millones de dólares y tienes una película visualmente espectacular a la que le puedes sacar pegas por otro lado, pero no en el plano técnico. Claro, el cineasta británico ya está acostumbrado a exprimir cada dólar que le dan.

Hay ejemplos de este estilo a pares en Hollywood, pero no me voy a enrollar. Es comprensible que alguna producción haya visto inflado su presupuesto con la pandemia, por ejemplo, cuando muchos equipos siguieron cobrando para retenerlos aunque los rodajes se suspendieran. Obviamente, esos casos quedan fuera de mi crítica general a una tendencia que sigue al alza en Hollywood.

Es una pena el poco valor que se le da al dinero en las grandes producciones con bastante frecuencia, pero eso hace valorar más el trabajo artesanal y minucioso de otros cineastas que no necesitan un cheque en blanco para sacar adelante sus proyectos.

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