María Bescós

Colaboradora

Las sitcom han marcado nuestras vidas, pero su repercusión cada vez es menor

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Comedias de situación como Friends o Frasier fueron muy populares hace un par de décadas, pero ahora el género de las sitcoms está eclipsado por otro tipo de producciones.

Las comedias de situación son un género que lleva existiendo desde el nacimiento de la televisión, que experimentó su máximo apogeo durante la época de Friends y que ahora se ha quedado obsoleto. El propio concepto de las sitcoms estaba demasiado ligado a la forma de consumo de la era previa al streaming, provocando que las nuevas audiencias no se sientan tan atraídas por ellas. 

Es decir: capítulos cortos que no solían superar la media hora, historias autoconclusivas que se desarrollaban dentro de un marco más grande, y una limitada variedad de escenarios y de personajes principales. 

La producción de una comedia de situación era económica y ágil en términos generales. Lo habitual era grabar en estudio y en multicámara, con varias cámaras captando la acción sin florituras al mismo tiempo, sobre un decorado ya establecido, así que por cada toma grabada ya se tenían todos los planos necesarios para utilizar en el montaje final. 

Como su filosofía se basaba en la simpleza, tampoco había que gastar muchos recursos en la edición. Podía haber público en directo que aportara las risas o los llantos al instante -algo que también ayudaba a generar un vínculo previo con la audiencia-, o introducirse más adelante en postproducción.

Luego, este producto terminado se estrenaba en una televisión que ya no es que fuera anterior al streaming, sino a la TDT, por lo que tampoco existía demasiada oferta ni competencia. Las sitcoms, que trataban temas cotidianos y eran de consumo tan fácil como de realización, triunfaron en los 80, en los 90.

Las sitcoms han sido devoradas por las nuevas narrativas

No se llegaron a extinguir, pero sí a perder la repercusión que ostentaban entonces, al existir muchas más opciones en la parrilla posterior con producciones más elaboradas en las que se sustituyó en muchos casos la cantidad por la calidad.

Las sitcoms podían ser inabarcables si no las seguías al día, con decenas o cientos de episodios emitidos con una apresurada cadencia anual. No es que el público de ahora haya dejado de querer series largas, pero prefiere diversificar.

Eso se traduce en los universos cinematográficos, una moda que no es exclusiva de Marvel sino que se está adoptando en casi todas las producciones populares. “¿Te gusta esta serie? Bien, pues aquí te pongo otras tres”.

Imagina por ejemplo Juego de Tronos, un bombazo de Max, que tuvo sus ocho temporadas pero que tras su final ha lanzado una precuela -La Casa del Dragón-, a la que sumará otro spin-off -El caballero de los Siete Reinos: El caballero errante-, y unos cuantos más que ni siquiera sabemos si verán la luz algún día.

Así que no es una cuestión de cantidad, ni siquiera de que la gente prefiera ver dragones ahora -aunque eso siempre ayuda-. Para mí, el mayor problema al que se enfrentan las comedias de situación es al de la falta de originalidad. 

Ya no vale con tener cinco cámaras grabando desde diferentes ángulos en los repetitivos escenarios de siempre, el público demanda algo más, un ritmo narrativo y visual que no te lo puede dar la fórmula tradicional de una sitcom.

Creo que por eso Bruja Escarlata y Visión llamó tanto la atención en su momento y se llevó tan buenas críticas cuando se estrenó en Disney Plus, porque parodiaba a la perfección la evolución del género a lo largo de todas sus décadas, aunque añadiéndole un pequeño giro a sus dinámicas y humor para que tuviera sentido su visionado en nuestros tiempos. 

La comedia no ha muerto ni lo hará, pero sí ha mutado a otras formas de expresión que pueden recordar a esas clásicas sitcoms mientras se siguen esforzando por mantener un formato más dinámico, en casos como por ejemplo: Fleabag, Lo que hacemos en las sombras o Ted lasso, que rompen con el modelo sitcom manteniendo elementos familiares a él.

Y esa sensación que te producían de verosimilitud todavía la puedes ver en el auge de los realities, donde cada vez encuentras más variedad de temáticas, al tiempo que resultan aún más económicos de producir que una comedia de situación favoreciendo a su desarrollo en masa. 

La era de Friends, de Frasier, incluso de The Big Bang Theory y Modern Family ha terminado, pero no es un final definitivo para las sitcoms, aunque sí es momento de que se pongan las pilas. 

Este mismo año se estrenan comedias de situación como el spin-off Georgie and Mandy's First Marriage, y el reboot de Frasier sigue captando miradas, pero ahora tienen mucha más competencia, contra otras comedias, contra dragones, y necesitan estar a la altura.

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